Matar para vivir, sacrificar para convivir

0

Existe fascinación por los sacrificios en las sociedades, sobre todo en las que se viven crisis constantes (de cualquier tipo). Después de todo, es la muerte la única que puede elevar a la víctima a dios, mártir o a una monstruosidad. De hecho, las religiones descansan en lógicas sacrificiales para el buen funcionamiento de su institucionalidad. ¡Y vaya si no ha sido efectivo!

Pero este interés particular de las sociedades por los sacrificios radica en la existencia de un Estado débil, incapaz de cumplir un contrato social que brinde seguridad (alimentaria, de salud, de protección a la vida, etc.), dejando a sus ciudadanos expuestos a un Estado natural; un territorio convertido en una zona de guerra donde todos luchan contra todos, donde cada quien se salva como puede… si es que puede.

Viene la mezcla entre miedo y paranoia. Nadie está a salvo en la jungla de concreto y la ley del más fuerte es la regla. Matar para vivir es la consigna. Entonces, hay una inclinación por la tenencia de armas, por cerrar las calles y convertirlas en colonias, por buscar espacios de recreación solo en lugares privados, por alarmas en los carros y candados en las puertas de casa. Si la seguridad me la brindo yo, ¿por qué no habría también de impartir justicia por mi propia cuenta? He ahí el dilema del ciudadano promedio.

Seguido de ello, viene la exaltación a funcionarios que lideran ejecuciones extrajudiciales realizadas en preventivos; vienen las súplicas para restaurar la pena de muerte y el regocijo de ver a un ladrón o marero morir en manos de algún ciudadano “de bien”. Pero de igual forma se manifiesta una fuerte protección a la vida y el rechazo a un bote que pretende realizar abortos. ¡Es que la vida sí es apreciada! y solo se tiene derecho a eliminarla cuando se sabe que tan bajo es su valor social, antes de ello es impensable.

Hoy mueren calcinadas más de 40 niñas que estaban bajo la protección del Estado. ¿Por qué? Porque el Estado es débil y puede prescindir de la legalidad para aplicar la misma lógica que el ciudadano en sociedad.

¿Por qué no se aplaude que el Estado mate a niñas bajo su cargo pero sí se aplaude que el mismo Estado mate a personas dentro de un preventivo? Sencillo. Porque en aquellas niñas el proceso de alienación aún no había sido completado. Por lo tanto, no estaba claro aún el valor social que les correspondía.

#FueElEstado el responsable de este crimen atroz.  Y sí, es cierto que el Estado somos todos pero hay culpables directos que deben pagar por ello. Hoy nos toca utilizar los canales formales (institucionales) para garantizar castigo, por una tragedia imperdonable que utilizó un ritual de sacrificios como proceso de purga, sin más.

Es necesario distanciarnos del sacrificio como medio para el buen convivir. Hoy nos toca empezar a ser más civiles que fieras, porque los sacrificios en forma de fuego, linchamientos o pena de muerte no solo siguen debilitando al Estado sino a una lógica que nos hace cada día menos humanos.

Share.

About Author

Stephanie López

A veces odio al mundo aunque siempre termino reconciliándome con él. Soy feminista porque no encuentro otra manera de luchar por la equidad. La naturaleza y sus volcanes han sido los mejores aliados de mi vida y creo que escribir también es una manera de contribuir con la sociedad.

Leave A Reply