Matemos al soldadito

0

Dentro de cada guatemalteco vive agazapado un soldadito raso. El condicionamiento de más de 500 años de opresión ha hecho que se instale con comodidad y que desalojarlo requiera un gran esfuerzo.

Ese soldadito está acostumbrado a obedecer sin cuestionar, a vivir bajo la ley del más fuerte y no de la razón ni menos de la humanidad.  Las jerarquías le dan un sentido de seguridad que no encuentra dentro de sí y es perfectamente funcional en el statu quo.

Nuestro inquilino interior no confronta, jamás va de frente. Calla, pero por detrás murmura, se queja e intriga. Tiene una relación de amor-odio con la autoridad; no sabe ser independiente, le tiene miedo a la libertad, al amor, a la responsabilidad. Prefiere órdenes muy claras, pero a la vez detesta recibirlas.

El soldadito sueña con subir de rango, no para servir, sino para ejercer poder –que  para él quiere decir opresión– sobre otros iguales a él. Cuanto más iguales, peor los tratará porque aspira a ser lo que no será nunca, y reniega de lo que es, porque ha comprado la idea de que es inferior.

El soldadito es servil, falso y adulador con quienes considera superiores; con los que considera iguales es egoísta y desconsiderado. Con los que percibe como inferiores es cruel y humillante. Siente que ponerle la bota encima al prójimo lo hace mejor.

Hoy, día en que se vive la fantasía publicitaria llamada Independencia, es buena oportunidad para reflexionar al respecto, para ver con ojo crítico la manera como “celebramos” una mentira y cuánto hemos normalizado la opresión.

Hoy es un buen día para matar al soldadito que todos llevamos dentro.

Share.

About Author

Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

Leave A Reply