Memorias del sur de España y Zacualpa

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niix-mendezPor Niix Méndez

Siempre desde el Sur de España. Hace poco conocí Almería, una de las provincias de Andalucía. Tuve la oportunidad de visitar los refugios de la guerra civil (1936-1939), al parecer es uno de los refugios de guerra más grande de Europa, abierto al público desde 2006. Fue interesante ver los esfuerzos de los almerienses con ayuda de algunos profesionales como del arquitecto Guillermo Langle y otros colaboradores, Carlos Fernández y José Fornielles. Es impresionante la obra. Se calcula que mide 4.5 km de longitud subterráneas y 9 metros de profundidad. Actualmente se tiene acceso a sólo 1km. Su construcción duró alrededor de 18 meses entre febrero de 1937 y todo 1938. Sus entradas principales estuvieron conectadas a lugares estratégicos, templos religiosos y el teatro nacional. El refugio contaba con 67 accesos y salidas, que luego fueron cerradas con la ubicación de quioscos que hoy forman parte de la ciudad.

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En ese proceso de recreación, algunas personas han ido donando objetos que formaron parte de esa historia vivida: la sala de quirófano con aparatos propios de la época, allí se asistía a los heridos y a las mujeres parturientas, un pequeño dispensario y un espacio para los juguetes, como caballitos de madera, propios de los niños. Hay intentos de reconstruir la memoria. Según testimonios, el refugio acogió alrededor de 37 mil personas. Entre el esfuerzo de huir de los bombardeos aéreos, hubo gente que no logró llegar a tiempo, también hubo tropiezos a las entradas del refugio. Varias personas murieron asfixiadas. Según cuentan, había dos toques de sirenas, esas sirenas, antes de la guerra, funcionaban como indicadores –entrada y salida– para las jornadas laborales, en dos áreas específicas. La primera sirena convocaba a los pescadores y la segunda a los recolectores de fresas. Para la organización del refugio, esas mismas sirenas funcionaron como señales de aviso. El primer toque, según recuerdan, era señal de aviso para correr hacia los refugios, el segundo toque, el más largo y dulce, indicaba la señal de salida de los refugios, es decir, marcaba la ausencia de peligro. De no contar con esos refugios hubiesen muerto muchísimas más personas.

foto2Mientras recorría el refugio en compañía de otros visitantes, me recordé de las cuevas o lugares de refugio que también elaboraron las personas en la aldea Las Joyas y en San Antonio Sinaché, Zacualpa, Quiché. No con los mismos detalles, tampoco de la misma magnitud, pero ambas consideraron los espacios o huecos para facilitar la circulación de aire. El refugio de la aldea Las Joyas, durante el conflicto armado interno, fue delatado al ejército, y estos fusilaron a 37 personas (Mayo de 1982), incluyendo a niños. Al final, los soldados lanzaron a todos los muertos en la misma cueva. De estas dos experiencias, Almería y Zacualpa, rescato la búsqueda y defensa de la vida por parte de los habitantes, sea de los bombardeos aéreos o de los disparos, es decir, de todo aquello que atentaba contra sus vidas. No con la misma suerte. En momentos de peligro, en ambas áreas surgió la creatividad, la capacidad de organización, los acuerdos, el uso de los recursos disponibles como el refugiarse en la tierra. Estos espacios y acercamientos a lugares dan pautas para caminos futuros en relación a la memoria histórica. Conforme nos acerquemos a la cultura material e interactuemos con ella, se irán alimentando nuestras memorias, irrumpiendo y cuestionando el “aquí no pasó nada”. De ahí la importancia de una memoria integral, que incluya lo material, las experiencias, todo.

 

Aquí no pasó nada

foto3Los contenidos del que nadie quiere hablar a pleno luz del día o a viva voz chocan con las mismas evidencias que están ahí sumergidas en la ciudad, en el arte y en otras voces: «¿Qué dices? ¿Guerra aquí? Pues no sé nada. Yo no soy de aquí. Yo no estaba cuando fue esa guerra». O de las otras voces que intentan acentuarse:

«Aquí hubo de todo y todos se aprovecharon de todo. Hasta algunas monjas tuvieron que ver en eso. Se pusieron así [alianza]con los ricos, hicieron negocio con los niños. Esto pasó cuando nacían dos, (gemelos) y decían a la madre: “que el segundo había muerto” y no, lo habían vendido. Lo hicieron por dinero. Son unas sinvergüenzas. Eso pasó aquí y en todo lugar, así que hubo de todo». (Mujer granadina. 50 años de edad[1]. Nov.2016).

La memoria en torno a la guerra civil tiene varios matices, de ahí su complejidad.  ¿Por qué intentan borrar las señales, las huellas de la guerra civil?

«Si usted le pregunta a la gente, [la respuesta es]aquí no hubo nada, y sabe por qué, porque es nuestra propia vergüenza, es la propia vergüenza de España de la que nadie quiere hablar. Aquí la gente le dice que no hubo nada». (Mujer almeriense. 55 años de edad. Nov.2016).

La reconstrucción de los hechos, exige un esfuerzo más allá de las voluntades. Por suerte no existen indicadores o modelos que señalen los pasos el por dónde empezar, cada lugar los irá construyendo. Sin embargo, se necesitan ojos valientes, corazones decididos, oídos pacientes y mentes abiertas sin ocultar ni negar el pasado. ¿Por qué nadie quiere hablar de esa realidad que pasó?

«La pregunta es por qué nadie quiere hablar de algo tan evidente: posiblemente la vergüenza, de la que hablan muchos se deba a que los mismos legionarios instruidos para llevar a cabo la guerra en Marruecos [desde 1860], militares entrenados para cometer grandes barbaridades contra los marroquíes, iban a ser los mismísimos que se iban a rebelar y ocasionar el golpe de Estado e iniciar la guerra civil en su propia tierra, España. Como tenían la carta blanca de cometer cualquier barbaridad. De lo que no estábamos percatados era que iban a cometer las mismísimas barbaridades aquí en España. Y era gente no preparada, no formada. Entre ellos estaba Franco. Una persona sin estudios, sin preparación. En el peor de los casos un individuo que aún sigue presente en la memoria y en las formas de gobierno. Seguimos anclados e inclinados hacia la realeza y sumisos a la autoridad militar. Es una vergüenza». (Hombre almeriense. 60 años de edad. Dic.2016).

Estas contrariedades crudas, resuenan con otras posturas pero más en relación a las “potencias” de Europa: «Lo que hubo fue una guerra fratricida. No vale la pena hablar. Ya pasó. Ahora hay que ver el futuro. Estas generaciones no saben nada de lo que pasó. Te voy a ser sincera, España fue un área de experimento de todas las potencias, fueron esos ensayos antes de la Segunda Guerra Mundial». Entre ese conflicto de que si hubo pero no hubo, la voz de alguna manera concretiza la metáfora de poder vista en escalas, que a la larga hiere y mata a los de abajo.

Para el día de difuntos, 1 de noviembre, fui con un grupo de personas al cementerio, yo era la más joven entre ellos. Hablaron de sus familiares difuntos y de las cosas que pasan desapercibidas en Granada. La memoria siguió brotando como uno de los señores de casi 90 años aproximadamente:

«Aquí en el patio San José mataron a muchos hombres [durante la guerra civil], pero antes que llegara la ley de la memoria [Ley de la Memoria 2006], alguien en funciones y sin decir, mandó camiones y sacaron como basura todos huesos, [y usted lo vio, le pregunté]. No. Me dijeron. Dicen que los tiraron por un vertedero de basura. Y sabe por qué, pues para decir que aquí no pasó nada». (Hombre granadino. 90 años de edad. Nov.2016)foto4

Federico García Lorca, el poeta granadino (1898-1936)

foto5Hay tantas cosas de la que nadie quiere hablar o nadie dice nada como del paradero de Federico García Lorca, quien fue asesinado durante la guerra civil en agosto del año 1936:

«Están cavando y cavando y ahí no lo van a encontrar [los restos de Federico García Lorca]. Hay una señora ya mayor, ella sabe muy bien dónde es que está el cuerpo de Lorca, pero ella no quiere hablar. No quiere problemas. Tampoco quiere salir en la televisión. No le gusta. Ya está mayor. Seguirán cavando, gastando y gastando, hasta que se cansen, pero ahí no está». (Hombre granadino. 73 años de edad. Nov.2016).

Mi intención no ha sido ahondar en la guerra civil, tampoco en la vida de Federico García Lorca, sino más bien de reflexionar en torno a la reconstrucción de la memoria colectiva. Ese ejercicio, pieza por pieza requiere de la complementación de todos. El simple hecho de recordar puede abrirnos a muchas posibilidades como el comprender los mecanismos ajenos que intentan borrar cualquier vestigio de memoria viviente o soterrarla bajo “historias oficiales”, afirmando que aquí no pasó nada.

Granada, España

Diciembre 2016

[1] Todas las edades son aproximadas.

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1 comentario

  1. Sra. Niix Mendez, mis FELICITACIONES POR SU ARTICULO, su comparacion de lo que experimento en El sur de España, Almeria. y lo que MUCHOS SI SABEMOS que SI sucedio en Guatemala principalmente en el Occidente , pero como usted dice la nueva generacion CREE, que ” AQUI NO PASO NADA “. Yo soy del criterio que para mejorar una sociedad o Nacion, hay que tomar muy en cuenta EL PASADO, para planificar , y cimentar en el PRESENTE , asi poder disfrutar un mejor FUTURO, y educar a la nueva generacion del PORQUE , se presentan muchas situaciones negativas en nuestra sociedad , y asi CORREGIRLAS El recordar el pasado NO ES PARA MOTIVAR ” UNA REVANCHA “, lo cual lleva a mas victimas inocentes, PERO SI para ” corregirlas “, y que nos sirva de leccion para que NUNCA SE REPITA. .**** Por lo que YO estaria MUY de acuerdo en crear un MONUMENTO, Y MUSEO, por ejemplo en Santa Cruz del Quiche, honrando a todas las personas asesinadas en el conflicto armado de nuestra AMARGA historia de Guatemala protagonizada por el Ejercito, para que cuando la NUEVA GENERACION , no CREA que ” AQUI NO PASO NADA ” .

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