Menos religión, más corazón

9

Guatemala es un país profundamente religioso. Este viernes pude contemplar el paso de una procesión y casi enseguida una marcha protestante. La inmensa mayoría de la población dice profesar una religión y muchos insisten en no hablar de ese tema, al igual que de política o deportes, “porque siempre se termina peleando”.

Por el contrario, yo creo que debemos hablar más de religión y de cómo ésta afecta nuestras vidas. Se supone que un sistema de creencias está diseñado para dar buen fruto, para hacernos mejores personas, para ser más humanos.

He conocido personas maravillosas en todas las religiones. Creo que en todas las confesiones encontramos personas que viven su vocación y demuestran con hechos su amor al prójimo, como lo hacen también algunas que afirman no creer en ninguna deidad. Y es que la religión no es prerrequisito para ser buena persona.

Sin embargo, en términos generales, cuanto más religioso es alguien, más intolerante se torna. Se cree poseedor de la verdad absoluta y no soporta la menor crítica a su creencia. Tampoco ofrece argumentos válidos para defenderla sino se escuda en intentos como: “Es lo que me enseñaron mis padres”, “Guatemala es un país cristiano”, etc.

Cuando se les cuestiona sobre las conductas de líderes religiosos como sacerdotes pederastas o pastores estafadores, o si se les pregunta a dónde van las cuantiosas ganancias que las iglesias extraen por venta de turnos, comida, diezmos y otras, contestas: “Dios será quien juzgue”, “No debemos fijarnos en el humano”, “No son tantos casos”, y así.

¿Qué frutos ha dado la religión en Guatemala?

Tenemos el segundo lugar a nivel mundial en femicidios, casi la mitad de los hogares está a cargo de una mujer debido a la irresponsabilidad paterna, cada tanto nos enteramos de linchamientos, hicimos del término “limpieza social” algo aceptable, cada año miles de niñas afrontan el embarazo producto de una violación; ostentamos el No. 1 del subcontinente en la brecha entre ricos y pobres, somos una sociedad “milhoja”, donde muchos prefieren soñar con ser de las capas de arriba para ponerle el pie al de abajo, tenemos una deuda impaga con la memoria histórica y no alcanzaría el espacio para escribir todo lo que contradice aquello que decimos creer.

Y es que la religión para muchos es placebo, muleta, pantalla, club social, evasión o ritual, algo que necesitamos para compensar. Pero no queremos afrontar esa verdad. Por eso no nos gusta cuestionarnos ni hablar del tema. Acaso porque sabemos que si rascamos un poquito aparecerán las verdaderas motivaciones que nos llevan a participar en actividades religiosas, sin que eso altere para mejor nuestra calidad humana.

Hemos confundido espiritualidad con religión. Y en el camino se nos olvida la otredad.

Ojalá en lugar de alfombras con los mejores frutos hubiese menos niños muriendo de hambre. Ojalá en vez de cuantiosas ofrendas existieran mejores condiciones para todos. Ojalá en lugar de creernos dueños de la verdad revelada, peleáramos porque en las iglesias a las que asistimos las mujeres tuviesen iguales derechos y privilegios que los hombres. Ojalá nos quitáramos la etiqueta que nos divide e imitáramos más las enseñanzas de un hombre que no fue religioso y que durante su breve historia terrenal, condenó los ritos carentes de contenido y el afán de aparentar.

Ojalá fuésemos un país con menos religión y más corazón.

Share.

About Author

Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

9 comentarios

  1. “… cuanto más religioso es alguien, más intolerante se torna. Se cree poseedor de la verdad absoluta y no soporta la menor crítica a su creencia.”

    ¿en serio? debería hablar con algunos ateos que conozco… actúan exáctamente igual que cualquier fundamentalista religioso.

  2. Algunas observaciones:
    1. Empieza afirmando que Guatemala “es un país profundamente religioso”, algo que pudo comprobar con una procesión y una manifestación protestante, ambas, seguramente, en la capital. De más está observar la generalización.
    2. Da a entender que, mientras más religiosa es la persona, más intolerante se vuelve. No hace falta estudiar mucho para entender qué es el fundamentalismo, que no es precisamente lo mismo que la religión.
    3. El simple hecho de cargar en una procesión no hace más “religiosa” a una persona… es tan sólo una manifestación externa, que no explica nada.
    3. Los problemas sociales que vivimos como país no tienen su razón de ser en la religiosidad o no religiosidad de sus habitantes… Me parece que nuestro país tiene una historia y una realidad más complejas y dolorosas, como para excusarlo todo con un argumento tan simple.
    4. ¿Qué sucedería si todos los que se afirman creyentes, los que cargan en las procesiones, los que visitan Esquipulas, los que asisten a templos protestantes y andan con una Biblia bajo el brazo, los que se somatan el pecho a cada rato, los que a todo responden “amén” y los que en vez de llamarla por su nombre le dicen “hermana”… qué pasaría si todas esas personas fueran en verdad “profundamente religiosas” (creyentes y practicantes)?

  3. lizrojasch

    Hola David.
    Gracias por leer y tomarse el tiempo para escribir.
    Usted supone que mi artículo parte de lo que vi. No es así, es un fenómeno que me ha interesado toda la vida. Por cierto que no presencie ambas actividades en la capital.
    Nunca dije que las problemáticas nacionales tuviesen su raiz en la religión.
    Me parece que confunde usted profundamente religioso con espiritual.

  4. Tolerancia!! Actitud de la persona que respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas aunque no coincidan con las propias.
    “les enseñan a tener un sano espíritu de tolerancia que les haga apreciar y respetar las opiniones ajenas”

  5. Fernando Guzmán on

    Agradezco el que haya escrito este artículo exponiendo desde su realidad y desde lo vivido y percibido de forma personal lo que para muchos ha sido evidente durante muchos años y muchos siglos. Lejos de vivir o no una religión o espiritualidad deberíamos de evaluar los factores externos que afectan el entorno en el cual se desarrolla una persona, por ejemplo: la violencia intrafamiliar, la “desvalorización” de los mismo valores, la ingobernabilidad de los gobiernos entre muchas otras cosas. Por qué pongo este tipo de factor en debate: Porque si bien muchos estudios lo han dicho, el ser humano es un ser que tiene un instinto de supervivencia, de deseo de alcanzar lo más alto, es un ser que no se conforma con lo que tiene y quiere ir por más y eso no es malo, lo malo se torna cuando presenta actitudes que ante una sociedad no son aceptadas. Los creyentes y no creyentes por humanidad también vivimos este proceso pero muchas veces la misma sociedad nos etiqueta de que “si sos creyente, religioso etc no debes de tener actitudes fuera de lugar” y es allí en donde los que no han tenido una experiencia religiosa se apoyan para juzgar de una forma, muchas veces, equivocada las diferente actitudes de estas personas. Muchos sacerdotes o personas consagradas así cómo lideres de distintas religiones se han vuelto involucrados en escándalos sexuales que degradan la integridad de la iglesia como tal… si bien es cierto que este tipo de personas en la mayoría de votos profesan la castidad como uno de ellos, no se niegan a su naturaleza como hombres o mujeres, por lo tanto y considerando este voto son personas que están más vulnerables a caer, por llamarlo de algún modo “en la tentación” . Así mismo como hay este tipo de casos, también lo hay en temas de corrupción, enriquecimiento entre muchas otras cosas. Comparto el mensaje que desea transmitir a través de este articulo de “Menos religión y más corazón” pero la pregunta es: ¿Cómo podemos conseguir ello si no tenemos una fuente que alimente frecuentemente nuestra forma de actuar siendo conscientes de la realidad en la que vivimos encontrando personas que tengan los mismos sueños de querer cambiar las realidades de otros de corazón?

    Un día en una plática con un sacerdote me exponía: “Recordá que la iglesia es un instrumento que te ayuda en la comunicación con Dios” pero es eso, una simple herramienta que como si se tratase de un martillo la utilizamos cuando es necesario… y luego agregó: “Citando un poco las palabras del Apóstol San Pablo, él no dice que no debemos de desaprovechar todo lo bueno y si tenemos una herramienta que es buena, ¿por qué no utilizarla?

    Creo que uno de los deberes de todo ser humano en la tierra es hacer que las demás personas sean buenas a través del mismo testimonio y coherencia de vida y en ese sentido, el trabajo es difícil pero no imposible. No se trata de convertirnos en una deidad y mucho menos en el santo de la cuadra, pero si se trata de cambiar desde nuestra realidad que muchas veces es limitada, el entorno en el que queremos vivir. y no simplemente caer en el pensamiento de:
    “Porque lo bueno que deseo no lo hago, pero lo malo que no deseo es lo que practico”

    Ahora bien en cuanto a las tradiciones y costumbres de Guatemala simplemente lo dejo para quien quiera vivir su experiencia de fe de esa manera la viva ya el trabajo de la religión vendrá en invitar a esos “devotos” a querer ser verdaderos agentes de cambio.

  6. Ernesto Alvarado on

    buen artículo, menos religión y más corazón nos hace falta; ver a mareros decir que son de Cristo; o curas que no hacen lo correcto, duele si sigues alguna religión, pero a la larga comprendes que tu mundo que importa, eres tú mismo, uno mismo es quien tiene que vivir.

Leave A Reply