Mercedes Sosa: genialidad latinoamericana

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Por Luis Guillermo Velásquez Pérez*

Una voz en especial ha retumbado en la sala de mi casa, en el carro, en el celular, una voz que interpretó y convirtió letras en música y una convicción política, una voz que con mi familia hemos acompañado en canto y gusto. La primera y última vez que vi a Mercedes Sosa en vivo fue en el Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias, acompañado de mis papás Eduardo y Patricia, mis hermanos Manuel, Martín y Santiago, de Lucia Keilhauer y Carolina Escobar Sarti. Un mágico concierto que terminó hermanando a los asistentes en canto y conciencia, una Negra Sosa cantando y bailando “Canta conmigo, canta. Hermano americano, libera tu esperanza con un grito en la voz”.

Mercedes Sosa no solo interpretó la música de conciencia, historia y realidad latinoamericana, también luchó en contra de las injusticias y la represión en Latinoamérica. Salió al exilio como grande y regreso como gigante y como un símbolo de la paz, después de haber sido adorada en el mundo occidental (Europa). Mi mamá me llevaba a una fiesta cuando nos enteramos de la muerte de nuestra cantante favorita, mi mamá que siempre la disfruto más, lloró su partida y luego aseguró que en la otra vida, la Meches y ella serían camaradas.

Fue la partida de una imprescindible que transmitió la realidad y hermanó a muchas personas a través del canto, de su espectacular forma de ser en el escenario y en su cotidianidad. Una mujer que reunió en el escenario y en la vida a distintos artistas, de diferentes generaciones, géneros musicales e idiomas. Y rescató a otros de los vicios en los que estaban ahogados. Para ella, siempre luchar por la vida fue más, no solo le cantó a la justicia social, le cantó a la vida y al amor, le cantó hasta a las cosas simples. Nos ofreció su corazón musical, explotando su fuerte, su majestuosa y potente voz. Supo enfrentarse a la vida cuando la soledad, la traición y la muerte tocaron su corazón. No le fue fácil salir de la depresión, para lograrlo según ella aseguró, se le tuvo que aparecer un pájaro cantor, grande, libre y multicolor representante de las madres de Bolivia. Su vida no fue solo estrellato, para llegar hasta ahí vivió primero en pobreza y soledad.

Su tributo más grande fue difundir las letras, pensamientos y poemas, que sin ella hubieran quedado en el olvido o quizá nunca hubieran trascendido del papel en el que fueron escritos. Se han de sentir afortunados los escritores que vieron como sus letras se encontraron con Mercedes Sosa, y vieron como ella explotó su potencial. La intelectualidad de esos escritores nunca fue hecha de menos, Mercedes siempre reconoció el talento del creador de lo que cantaba. Les otorgo siempre su justa y real dimensión.

No fue tampoco una exageración humana haberla nombrado la voz de Latinoamérica, fueron demasiadas las personas con las que compartió la vida y el escenario, intentó cantar con todos.

Es una necesidad escucharla, por amor a lo que se canta, para que retumbe en las convicciones de prosperidad y desarrollo, lo que muchas veces cantó, “Que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre, vacía y sola sin haber hecho lo suficiente”.
Escribo esto a 5 años de su muerte, a 6 años de la última vez que vino a Guatemala y después de haber observado en el marco de la Muestra de Cine Internacional Memoria, Verdad y Justicia 2014, un documental en el que exponen a una Mercedes Sosa como ser humano y artista. Quedando comprobado lo coherente, honesta e integral que fue Mercedes Sosa. Leon Gieco expuso la prueba honesta de lo que la Meches significó y significa para América Latina, cuando dijo, “Creímos en la democracia cuando vimos regresar a Mercedes a la Argentina y fue a cantar al Ópera”. Pésima la suerte de aquellos que aún no se han encontrado con la voz de América Latina.

Agradezco a mis padres haberse tomado muy en serio la idea, “La meches nunca más volverá a venir. Hay que aprovechar”. Ver como un año antes de su muerte aún cantaba, se movía, bailaba y terminaba el concierto con una profunda idea y convicción política en el escenario del Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias, confirmó su entereza cultural y política. Como familia estamos condenados a recordarla en la sobremesa, sin disgusto alguno.

*Guatemalteco y estudiante de Ciencia Política –USAC–. Me apasiona la Política y concibo en ella desde su enfoque científico y filosófico, los pilares del estudio de la problemática nacional desde un sentido histórico y coyuntural.

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Luis Guillermo Velásquez

Latinoamericano y estudiante de Ciencia Política. Concibo en la política desde su enfoque científico y filosófico, los pilares del estudio de la problemática nacional desde una perspectiva histórica y coyuntural.

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