Merecido reconocimiento

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Cuando se supo de las primeras noticias del alud que soterró cientos de casas en el Cambray II, pudimos observar que los primeros en presentarse al lugar de tan lamentables hechos fueron los bomberos de ambos cuerpos de socorro. Una vez más y junto a otros cuerpos de socorro, Policías Nacionales Civiles y Municipales, miembros de la Cruz Roja y voluntarios y voluntarias hacían de la solidaridad un hecho real.

Y es que debemos de reconocer que suelen ser los bomberos los primeros de estar en este tipo de escenas, pero también los últimos en irse para atender las emergencias. En el 2005 cuando la Tormenta Tropical Stan ocurrió y con ella se dieron los desastres producidos por la pobreza y la inequidad, tuve la oportunidad de realizar acciones de solidaridad en el Cantón Cuá en Tacaná, San Marcos. En ese lugar, en donde un cerro se derrumbó sobre Cuá y con ello terminó con la vida de cientos de personas, tuve también la oportunidad de ser testigo fiel, de la calidad de quienes sirven como bomberos y bomberas.

En aquel momento, un grupo de bomberos capacitados para este tipo de eventos, después de prestar sus servicios para intentar rescatar a personas con vida, luego del alud o tan siquiera recuperar los cuerpos de las y los ahí soterrados, un grupo de ellos se enteraron de una aldea que en condiciones de inundación iniciaba a perder los pocos alimentos con los que contaban y personas de la tercera edad y niñez estaban en condiciones de riesgo mayor. Pude ser testigo de cómo varios de ellos con sacos de maíz a la espalda emprendieron un largo recorrido a pie para llevar alimento a dicha aldea en la frontera con México. Pude también ser testigo de su regreso con algunas personas y niños que sufrían las peores condiciones, para ser atendidos en el centro de Tacaná.

Recuerdo con mucha precisión, como uno de ellos estaba tomando antibiótico para reducir las afecciones pulmonares, producto del trabajo que desarrollaba. De igual manera, cuando los eventos de la depresión tropical Mitch produjo devastación, desolación y muerte, fueron ellas y ellos, quienes con su accionar evitaron que muchas vidas se perdieran.

Desde el jueves pasado hasta la fecha, las y los bomberos han estado ahí día y noche, prestando sus servicios para rescatar personas, para sacar del alud los cuerpos soterrados, que sin lugar a dudas se convierte en un hecho de importancia vital para las familias que han perdidos a sus familiares en el Cambray II.

Sirva esta columna como un pequeño homenaje a las y los bomberos que día a día atienden a la ciudadanía en condiciones deterioradas. Sirva también esta opinión para que exijamos del Estado y en particular del ministerio de finanzas públicas y del Congreso de la República, la asignación de mayores recursos vía el Presupuesto General de Ingresos y Egresos de la Nación.

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Jorge Santos

Hombre guatemalteco, centroamericano y profundamente latinoamericano, defensor de derechos humanos, amante de la vida, la esperanza, la humanidad y fiel creyente que otra Guatemala es posible.

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