Mi ejemplar de Charlie Hebdo…

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La semana pasada me entero por mi hermana que un atentado acabó con la vida de varios integrantes del equipo editorial de un tal Charlie Hebdo. La confusión me invade y viene a mi memoria Vincent, el colega de la Dirección Regional del Ambiente en Paris que me presentó en 2012 esa publicación. Radicaba en Francia y este colega al saber que era primera vez que vivía en Paris me dijo ¨Tienes que conocer algo muy parisino, léete éstos.¨ Y me entregó dos periódicos: un Le Canard Enchainé (El Pato Encadenado) y un Charlie Hebdo doblados en tres.

Había escuchado de ambos semanarios, más del Canard, pero nunca los había leído. Cada uno con su estilo y humor característicos del París 68, me impactaron por lo desenfadado y descomedido de sus artículos, su lenguaje vulgar y sus caricaturas groseras. Sin embargo fue Charlie el que produjo en mí mayor simpatía e incomodidad a la vez. Recuerdo que sus caricaturas burlándose del Papa o de la Iglesia Católica no dejaron de causarme molestia, sin embargo me acostumbré a comprar el semanario por lo menos una vez al mes y en las épocas de elecciones cada semana pasaba al kiosco para coleccionar los posters de los distintos candidatos de las presidenciales, eran agudas y geniales burlas de los hombres políticos que aspiraban a dirigir el hexágono caricaturizando sus puntos débiles. Aunque mi presupuesto era limitado, en ese entonces Charlie costaba dos euros cincuenta, leerlo era para mí una forma de acercarme a entender una cultura, una forma de comprender la desacralización y ejercer la tolerancia, además de crecer en el aprendizaje de burlarse de uno mismo para poder entender al otro.

Por eso cuando Gabriela me anunció la tragedia sucedida a Charb, Cabu y sus colegas, corrí a buscar entre mis cosas ese único ejemplar que guardo de todos los Charlie que compré durante el tiempo que viví allá. Es el de la foto que ilustra esta columna, una edición especial dedicada al colectivo feminista Femen nacido en Ucrania y que coincide en varios aspectos con los valores anárquicos de Charlie. Es el número 1081 del 6 de marzo de 2013.

En esa publicación, al lado de las caricaturas, artículos y entrevistas sobre las Femen también se encuentran artículos de crítica cinematográfica, burlona claro, un texto del economista Bernard Maris (también asesinado) sobre la Italia y la Unión Europea, una columna dedicada a Stéphane Hessel que acababa de morir por esos días, una en contra de todas las religiones, para variar. Entre otros.

Hoy, mientras escribo para El Salmón, releo esos textos, veo las firmas en los dibujos, intento  entender lo sucedido y trato de encontrar una respuesta coherente a este hecho que marca el inicio del año en Francia con sangre y dolor.

He leído muchas columnas y opiniones, las del Je suis y las del Je ne suis pas. Yo no pretendo adherirme a una o a la otra ni abonar en la discusión, mucho se ha dicho y escrito y la mayoría, a mi parecer, tiene un poco de razón.

Prefiero escribir este texto para recordar los momentos de reflexión, enojo, risas y aprendizaje que me dejaron esas tardes dedicadas a leer el Charlie mientras tomaba café en el apartamento que habitaba en Vincennes, tapizadas las paredes con los posters de ese semanario francés irreverente, terco, abusivo e insensible; pero también talentoso, irónico y radicalmente sincero.

 

 

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About Author

Juan Carlos Carrera

Abogado especialista en materia ambiental y administración pública. Escribo en El Salmón desde octubre de 2013. Creo en la palabra como uno de los mejores medios para construir puentes entre las personas, exponer nuestras ideas y abrirnos a los demás: Fragoso es un intento de ello.

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