Mil palabras

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«Sí pues… y hay que sembrar bien para cosechar bien. Por si yo le hago un daño a usted, una ofensa, una mala mirada…» y luego empieza uno de los mejores álbumes guatemaltecos de la historia: el «Mil Palabras con sus Dientes» de Bohemia Suburbana. Tal vez, dependiendo de a quién le pregunte, hasta le digan que es el mejor pero para mí más que un objeto de gusto personal es el artefacto que resume el zeitgeist del joven guatemalteco urbano de los años noventa. Puede ser que hasta sin querer queriendo.

Las últimas dos semanas, he pasado mucho tiempo con mi hijo. Es un bebé de nueve meses pero en medio de nuestras conversaciones (algo asíncronas pero de mucho contenido, con frases en una dirección y balbuceos en la otra)  yo no paraba de imaginar cómo habría de explicarle mi juventud cuando él tenga la edad suficiente, sin anacronismos. Yo pasé mi adolescencia en Guatemala en los noventas y él tendrá la suya en EE.UU. décadas después, la brecha generacional y cultural será un reto considerable ¿cómo explicarle qué sentía yo en un tiempo y espacio tan distantes? Ese tiempo está pobremente documentado para los estándares actuales en que el oversharing es la norma, uno que otro blog nostálgico y unos cuantos vídeos borrosos en Youtube, es todo.

Lunes. Hora del desayuno. Metí un tazón de leche al microondas y al cerrar la puerta –a manera de muletilla no sé si muy mía, de mi tierra o de mi época– dije «sí pues» y sin más pie, en automático, empecé a recitar la intro que tengo grabada en el coco como con fuego

«Sí pues… y hay que sembrar bien para cosechar bien. Por si yo le hago un daño a usted, una ofensa, una mala mirada; esa mala mirada que tal vez le hice yo a usted a la vuelta me van a hacer otra mirada más [¿?] a mí, más dura, más dolorosa (…) ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAGHHHHH! »

Como siempre los ojitos de mi retoño brillaban, esperaba su cereal viéndome sonriente y con suma atención desde su silla en la mesa de la cocina y no sé si comprendió mi diatriba. Creo que le pareció simpático. Dice Juan Carlos Barrios (guitarrista de la banda) que recolectaron los diálogos en una grabadora de casete portátil en el Café Oro (tugurio bohemio de la época ubicado en la zona 10) y otros lugares de la ciudad, por ahí por 1995, intentado responder a la cuestión escatológica popular «¿Cómo será el fin del mundo?» solo para encontrar algo que más o menos ya sabíamos: depende para quién.

«La respuesta de un capitalino en Café Oro era muy distinta a la del guardián de un complejo de bodegas (…) creo que eso fue lo que nos llamó la atención de todas la respuestas»

Don Güicho, el guardián de la bodega en donde ensayaba la banda en ese entonces, es la voz de la primera respuesta, la del «sí pues». El fin del mundo es un tema atemporal, la espinita existencial de cada generación que a todos nos pincha tarde o temprano y de forma distinta; algunos paramos leyendo Nietzsche y otros alguna biblia pero la angustia es exactamente la misma.

«Entonces a Giovanni se le ocurrió hacer “el grito” de desesperación que uniría la intro con “Planeta hola”, simulando la saturación de tanta información»

Entonces viene Giovanni (Pinzón) a dar aquel famoso alarido desesperado, angustiado por tanta casaca, algo así como quien hoy lee al experto a versus el no-tan-experto b, x, y o z en blogs, tuits o el feis y ya no sabe uno a quién creerle con respecto al tema de moda para estar al día con el postureo.

Nunca sabré si mi hijo entendió el recital privado, no importa, volveré a repetírselo cuando sea un poco más viejo. Puse el disco, lo escuchamos completito durante el desayuno y caí en la cuenta: esa obra resume a mi generación. Si hay libros guatemaltecos de lectura obligatoria como «Hombres de Maíz» de Asturias, «La Patria del Criollo» de Severo Martínez, o el informe «Guatemala: Memoria del silencio» también hay música de obligada audición como el «Alto al Fuego» de Alux Nahual y «Mil Palabras con sus Dientes» de Bohemia. Este junto con el «Sombras en el Jardín» parecen ser los favoritos de la gente a pesar de que las opiniones coinciden en que el «Sub» es el de mejor calidad; reforzando la idea de que hay algo más que la calidad de la producción y letras lo que hace un disco icónico. Quizás solo se trató de las rolas adecuadas en el momento histórico oportuno.

No es una ópera rock o disco conceptual, sin embargo la compilación de canciones parece presentar al final una idea cohesiva: la angustia frente a las amenazas a la libertad de expresión (la de verdad, la del joven común y silvestre), un cuestionamiento ante la ineptitud de las autoridades, la aceptación (¿impotencia?) ante las fuerzas que parecen mover la sociedad desde lo profundo y una paz simbólica a punto de ser firmada.

Donde un burro es presidente
¿O tal vez cien?
Y aquí no queda más
Solo morir.

(¿O tal vez 2,750,847?)

En realidad no importa mucho si se era fan de la banda o si se le odiaba, puede que exista algún otro vehículo artístico que describa el espíritu de la época igual o mejor. Era la música de protesta social; el sucesor más accesible de la trova y el predecesor de un movimiento hip-hop actualmente en activa gestación. Tal vez la temática es atemporal y lo que cambia con las épocas es el tono; la trova presentaba un anhelo esperanzador, el rock un grito angustiado de impotencia y con el hip-hop finalmente se han enseñado los dientes y sacado las uñas. Aquella era la época de las preguntas y muchos leíamos a Nietzsche, Sartre y Camus; nuestra rebelión ante el mundo era por medio de las preguntas, exigiéndole claridad al silencio del universo

Cómo puede un hombre muerto
Sembrar semillas en un huerto
(Y no ensuciarse el overol)
(Y no quemarse con el sol)

Este texto no es la enésima reseña del álbum sino que intenta subrayar su vigencia. Puede ser que nada haya cambiado en la sociedad o que se trate de ciclos de los que por diseño nunca se sale. Tal vez existe un fuerte sesgo que sale del apego emocional que tengo con la época pero no he encontrado letras más recientes que describan la angustia de ser en la ciudad de Guatemala. La crítica social existe pero es aún dispersa, escasa, muy vaga o demasiado especializada –sin el ánimo de señalar a los millenials, a quienes les guardo un profundo respeto: la generación con la que creo que se están metiendo equivocadamente y terminará por cambiar el statu quo.

En términos más contemporáneos; después de la dramática caída del expresidente Pérez, el instantáneo resurgimiento de la ultraderecha con la designación cuasidivina de Maldonado y la sucesiva victoria de Morales pareciera que no queda más que seguir luchando causas perdidas

Nunca aprendimos de un salmón
A luchar con pasión por los caudales de los ideales

Con esa angustia de las letras, la nostalgia que hay en los acordes de Juanca y aquella rabia carrasposa que escuchás en la voz de Giovanni crecí mijo, toda la mara. Así éramos, te lo juro, lo hubieras visto, existencialistas y rebeldes.

Escupo al suelo y miro al cielo
Y de esta forma me desvelo, me desvelo, me desvelo…

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About Author

Alejandro Echeverría

Alejandro es ingeniero, tecnólogo, fotógrafo y montañista.

13 comentarios

  1. Haroldo Yanes on

    Siempre leo a plaza pública, pero que buen artículo, me identifico mucho porque también vivi esos noventa
    !

  2. Erick Romero on

    Que genial éste artículo, me identifico mucho con lo escrito acá. No sólo uno de mis álbumes favoritos sino una de las mejores bandas de Guate. Que nostalgia siento también como el autor al escucharlo y pensar cómo explicarle a mis hijos algún día.

  3. José Bolaños on

    Mis hijos también han escuchado bohemia en ese intento de contarles mi vida. Mis alumnes también, en sociología discutimos el verso: «ya no nos dejan ni bailar en paz/ aquella bella danza sexual». No cabe duda que marcaron y representan la generación.

  4. José Bolaños on

    ¿Don Güicho sabrá que sus palabras son tan recordadas, que toda una generación se identifica con ellas y las repite al desayuno, o manejando, o en el bus? ¿Sabrá que está en el inconciente colectivo de este pueblo? Por cierto ¿Quién es la voz que en otra intro dice: «el sexo es… fantástico»?

  5. Muy bien dicho. Coincido con vos al 100%, hasta con el chiris que nacio en el norte y que quein sabe que tipo de identidad va a crearse.

    Que no se pierda la ternura!!

  6. Muy buen artículo. Me llena de nostalgia pensar en esos días. Tendremos que intentar mantener vivo ese espíritu de lucha a través de las generaciones. Saludos.

  7. maylin mejia on

    sin duda alguna da nostalgia leer esto han sido y segiran siendo una leyenda. porque al cantar sus canciones podemos manifestar tanta realidad. los llevare en el corazon por siempre :*

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