Mínimos, o el adviento de la dialéctica digital

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¿Cuáles son los mínimos que deberían establecerse para construir una Guatemala diferente? Es una de las preguntas principales del VII Foro Regional Esquipulas que inicia hoy con motivo del 30 aniversario de los Acuerdos de Paz en Centro América.

Para responder adecuadamente a la pregunta será necesario establecer primero un marco de referencia para mínimo en el contexto de la temática general del foro. Intentaré definir ese marco parafraseando a Úrsula Franklin: la paz no es nada más la ausencia de guerra, sino la presencia de justicia.

Ante tan certero razonamiento no queda más que preguntarse: ¿hay justicia? Siendo optimista, la respuesta de la que me gustaría estar convencido es “no, pero la tenemos a la vista”. Esto porque a pesar de que nuestro sistema es estructuralmente injusto, habría que ser demasiado necio para negar que ha habido avances significativos en los últimos meses.

Ya con el marco de referencia definido por la cita anterior, podría decirse que el mínimo de la tan elusiva paz es la justicia. La justicia que ha brillado por su ausencia pero de la cual al fin empezamos a ver atisbos gracias a individuos como el Juez Gálvez.

En el mismo orden de ideas de los mínimos, y si consideramos que la justicia no puede darse en el vacío, ¿cuál es el mínimo de la justicia? A juzgar por lo que hemos presenciado en los últimos meses, me atrevería a afirmar que el mínimo de la justicia es la transparencia.

¿Por qué?

A diferencia de los días en los que el flujo de información era controlada por unos cuantos medios tradicionales, la tecnología ha hecho posible la existencia de una transparencia mediática sin precedentes (medios digitales y redes sociales) que hace imposible que hechos de impunidad queden en silencio.

A diferencia de los días en los que las narrativas que justificaban la injusticia estructural se gestaban en las redacciones de unos cuantos medios impresos, la tecnología ha hecho posible que la transparencia en los debates sea la regla y no la excepción, cualquiera que tiene algo que decir, cuestionar o denunciar puede hacerlo sin necesidad de ser pariente o amigo del director de un medio.

A diferencia de los días en que los procesos se daban a puerta cerrada, la tecnología permite niveles nunca antes vistos de escrutinio público que no solo dificultará que las fuerzas oscuras tradicionales impongan la impunidad del pasado sino que garantizará que se haga verdadera justicia.

Hasta hace unos cuantos años, fuera para amasar grandes fortunas o para establecer tribunales de fuero especial, la injusticia necesitaba de la opacidad como un pez del agua. Afortunadamente, la tecnología de hoy ha permitido descubrir la transparencia que el sistema se encargó de suprimir por todos los medios posibles. Nada volverá a ser igual.

La que podríamos llamar dialéctica digital llegó para quedarse y permitirá ponernos al día con nuestra humanidad como nunca antes facilitando la transparencia que permite la evolución natural de las ideas. La transparencia es por tanto la proverbial semilla de mostaza, el mínimo de la justicia, que es a su vez el mínimo de la paz. Todo lo demás es secundario.

 

@ajbarriosm

 

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Abraham Barrios

Estudiante empedernido de la naturaleza humana y amante de las causas perdidas. Aparte de eso, muy difícil de etiquetar.

1 comentario

  1. René Villatoro on

    “la paz no es nada más la ausencia de guerra, sino la presencia de justicia.”, basados en ese acierto, lo menos que podemos pensar es que, en Guatemala no ha habido paz nunca. El hecho,-por demás aplaudible-que haya personajes que se rifen la vida por lograr la justicia, tan solo nos indica que en este país, estamos muy lejos de lograr la paz. El sistema en si es el que está corrupto y creer que desde sus entrañas surgirán los adalides que nos conduzcan a ese estado casi utópico de paz, es, por lo menos, ingenuo. ¿Pesimista visión?, indudablemente, pero solo hay que esperar para que el desfile en los tribunales concluya, para empezar a ver liberaciones al por mayor, así es, así ha sido y así será. Triste destino el nuestro, aquí no hay transparencia que ayude.

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