¡Misión cumplida!

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La frase de tres palabras, coreada desde el alma, con toda certeza tocó las fibras de los corazones y la inquebrantable integridad de quienes dieron vida al Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). “¡No se vayan! ¡No se vayan!”, gritaban a todo pulmón padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa, acompañados por el público que abarrotó las instalaciones de la Universidad del Claustro de Sor Juana, la mañana del 24 de abril.

Los cinco integrantes del GIEI, Ángela Buitrago, Claudia Paz, Francisco Cox, Carlos Beristáin y Alejandro Valencia, acompañados por James Cavallaro, presidente de la CIDH y relator para México, se despidieron con la presentación del informe final. El reporte completa el texto presentado en septiembre de 2015, con los primeros hallazgos sobre la trágica noche del 26 de septiembre de 2014 cuando los buses en que se desplazaban los estudiantes normalistas de la Escuela de Ayotzinapa, fueron atacados y como resultado 43 de ellos detenidos ilegalmente y luego desaparecidos.

En el documento de más de 600 páginas se oficializa para la comunidad internacional una realidad dolorosa para el pueblo de México: el Estado mexicano se erige sobre una arquitectura de impunidad. De ahí que las 22 recomendaciones que el GIEI ofrece al gobierno de Enrique Peña Nieto deban ser vistas no solo como elementos para esclarecer estos hechos. Más bien, han de ser atendidas como una guía para trazar la ruta que apoye en el diseño de un sistema de seguridad y justicia que se divorcie de la corrupción y la impunidad. Las dos lacras que, como en Guatemala, son las condiciones que han permitido crímenes de lesa humanidad por las manos o con la complicidad de funcionarios de Estado.

Entre otros aspectos, el GIEI destaca incongruencias tales como que, mientras la versión oficial asevera que  los teléfonos celulares de los jóvenes desaparecidos fueron totalmente destruidos e incinerados junto con los estudiantes, resulta que el celular de uno de los jóvenes estuvo activo a la una de la mañana del 27 de Septiembre. O sea, una hora después de cuando, según la versión de la Procuraduría General de la República (PGR), responsable de la persecución penal, se produjo la incineración.

En sus pesquisas, el grupo de expertos evidenció que el 27 Batallón militar, asentado en Iguala, es un eslabón determinante para la averiguación de la verdad. De acuerdo con lo encontrado, hubo personal militar presente en varias de las escenas donde se produjeron hechos violentos. Pese a ello, no intervino y, peor aún, no fue posible entrevistarlo ante la negativa del jefe castrense.

Y lejos de aceptar la versión oficial, persistentemente maniobrada, el GIEI señala categóricamente que no encontró evidencia para modificar su hipótesis según la cual no se incineró a los estudiantes en el basurero de Cocula. Versión que fue una de las tantas desinformaciones tendenciosamente “filtradas” a medios afines al oficialismo.

En cambio, el reporte destaca, además de la presencia militar indolente, la participación directa de la policía de Huitzuco en los ataques contra los estudiantes, la presencia de un retén de hombres armados en las cercanías. Y quizá, su conclusión más valiosa para el coro que pide su continuidad es que, el GIEI no encontró evidencia alguna de que los jóvenes tuviesen relación o estuvieran infiltrados por elementos del crimen organizado.

Si bien ningún representante de gobierno acudió a recibir el reporte, su contenido es hoy la muestra palpable de que los integrantes del GIEI cumplieron su labor. Ni las presiones, ni las millonarias y vergonzantes campañas de difamación, ni las mentiras ni el corrupto entramado priista pudieron doblegar la voluntad de hombres y mujeres cuya trayectoria de vida es evidencia de honradez, d dignidad e inquebrantable vocación humana. Desde Guatemala, un agradecimiento al GIEI y muy especialmente a Claudia Paz y Paz, porque una vez más con la frente en alto puede decir, Misión Cumplida.

* Enlace para el informe completo: https://drive.google.com/file/d/0B3wuz7S3S9urNFFlZUNMSldQUlk/view?pref=2&pli=1

 

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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