Nada Personal, Soda Stereo, 1985

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Televisión, observación, seducción

 

Si en el disco anterior se celebraba la caída del régimen militar, en el álbum Nada personal sobrevive el control social como sensación de asfixia y vacío: una nueva red está brotando. La obsesión gira en torno a la imagen, a la vigilancia, al seguimiento de las acciones cotidianas. Nada se le puede esconder a ese Leviatán invisible y aparentemente intratable, está presente en el armario, en la sucesión de programas televisivos, en el aburrimiento del tiempo continuo. Se puede comenzar por lo obvio en la canción que da título al disco, Nada personal. Los sentidos humanos están presentes como posibilidad pero ausentes como relación humana. El oído parece inútil en una «comunicación sin emoción», el tacto  no siente calor en «esa imagen de video». El mundo es una enorme oferta, una descomunal vitrina del deseo que perece ante una especie de membrana plástica que impide la realización humana. El sexo es estimulado, permitido, abierto, pero el erotismo decae y el carácter único, irrepetible de la caricia agoniza en una estructura artificial, «de latex». Cerati convierte en fiesta la impotencia y en estribillo lúdico la tragedia que ha hecho un rey Midas de cada cliente. Es el triunfo de la sociedad unidimensional de la que habla Marcuse, lo real es límite de la imaginación, lo dado adquiere el carácter cósico de la dictadura de los sentidos y las posibilidades. Es el paso de una sociedad clasista que necesitó torturar y desaparecer al movimiento estudiantil de los setentas para imponer a los sobrevivientes – y a los silenciosos – el carácter marcial del mundo de la mercancía. En cada lata del patrocinador de Soda, Pepsi Cola, o bien en las hamburguesas de un fast food, la mercancía es la concreción simbólica de la dictadura militar hecha normalidad cotidiana. Sentado frente al bombardeo de imágenes, Cerati canta: «Busco en tv algún mensaje entre línea, busco alguien que sacuda mi cabeza. No encuentro nada, nada personal». Esa búsqueda es la que llevará al grupo argentino, de manera infructuosa como crítica del sentido, a las ruinas prehispánicas del video Cuando pase el temblor. El poeta-cantante en Soda Stereo es un joven escindido entre lo que percibe como inverso, erróneo, falso y el intento de salirse de algo que solo encuentra en las mismas interrogantes. El problema está planteado sólo como el juego de los extremos pero carece del desgarramiento dialéctico de la totalidad criticada. No por esto en Cerati debe buscarse un Adorno del rock argentino de los ochentas, lejos se está de esto, pero la fuerza de su música es el despliegue de las imágenes sensoriales de la contradicción en movimiento. Solo una crítica dialéctica puede captar esa potencialidad en las canciones de este grupo de alcance latinoamericano. Mas que un hilado aquí se advierte el episodio de espasmo y síntoma reflejo en la crítica de la cultura televisada. Con emociones y sensaciones Soda Stereo usa la imagen para criticarla, si bien navega en ella:

 

Fuera
fuera
fuera de mi orbita
apaguen ese monitor
fuera
fuera
fuera de la atmósfera
es como me siento mejor

 

En este estribillo de la canción Observándonos (satélites), compuesta por Cerati y Zeta, la liberación es pensada como un alejamiento. Posiblemente es el mismo contrasentido de atracción y repulsión de la imagen como liberación del individuo y como su más certera prisión “en libertad”, muy enraizado en la poesía de las sociedad convulsionadas por el capitalismo. En su poema Anywhere out of this world, Charles Baudelaire precede a Cerati: «Cette vie est un hôpital où chaque malade est possédé du désir de changer de lit.»[1]. Si de hecho Cerati lograra salir de la atmósfera enrarecida de la televisión y del látex aún se enfrentaría con la omnipresencia del control. No hablamos solamente del trauma que significa un arma apuntando al cuerpo sino de la consciencia desventurada carcomiéndose dentro de los mismos límites de su neurosis. Más allá de la órbita y de la atmósfera, el poeta bonaerense halla la presencia técnica de la que huye: satélites. La única manera de romper momentáneamente con tal bartolina tecnológica es hacer de la imagen una representación de la libertad. Duro esto, sí, pero contiene la tensión que fluye en la música de Soda Stereo: la fuerza del deseo es una ventana a otra experiencia. El reto es hacer del deseo un movimiento anticapitalista y no mediado por la normalidad burguesa asalariada. La antítesis de la experiencia vaciada en Nada personal puede verse en Juegos de seducción:

 

Voy a ser tu mayordomo
y vos harás el rol de señora bien.
O puedo ser tu violador,
la imaginación, ¡esta noche todo lo puede!

Te llevaré hasta el extremo
Te llevaré (eh, eh, eh).
Abrázame, este es el juego de seducción.

Estamos solos en la selva
nadie puede venir a rescatarnos.
Estoy muriéndome de sed
y es tu propia piel
la que me hace sentir este infierno

 

El deseo, al invertir burlonamente las categorías clasistas, pone en jaque la dominación social aunque sea por un momento. La imaginación compartida de los amantes en su entrega los hace verse fuera de la estructura de conveniencias. El amor es movimiento contrario a la circulación capitalista y sus personificaciones, cualquier otro uso que se le dé es tan solo una de las mil formas que adquiere desde el fetichismo de la mercancía. El siervo puede cortejar a la señora bien, la moral puede ser disfrazada de trasgresión para estimular el erotismo. Este momento de soledad compartida no solo debe concebirse como una locura de dos, sino como un escape esperado que se realiza en la entrega mutua. Si antes, en Nada personal, la mujer se aburría en la simulación del acto, en Juegos de seducción los amantes de alimentan de su tacto. Ambos participan. Vaya si no hay fuerza dialéctica en el álbum: «Estoy muriéndome de sed y es tu propia piel la que me hace mover, me hace mover, me hace mover en extremos».

[1]             «Esta vida es un hospital donde cada enfermo esta poseído por el deseo de cambiar de cama.» Poema XLVIII, en: Baudelaire, Charles. (1869/ 2003). Le spleen de Paris. Petits poèmes en prose. France: Gallimard, pp. 253

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

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