Nahual de las y los defensores

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El año 2013 concluyó con un registro de 657 ataques en contra de defensoras y defensores de derechos humanos en Guatemala. Más del doble que el año precedente. Este año concluirá con una cifra todavía mayor, pues al 15 de noviembre la Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos en Guatemala (UDEFEGUA), ha registrado 799 agresiones.

Mientras en el 2013 los ataques fueron principalmente contra defensoras y defensoras que impulsan el derecho a la verdad y acceso a la justicia, este año los ataques han sido en contra de quienes defienden el derecho a un ambiente sano. Principalmente, contra quienes ejercen este derecho desde el territorio tierra, amenazado por los proyectos del extracción y la explotación irracional de los recursos naturales.

La UDEFEGUA reporta que la forma principal de agresión, con un 30% del total, ha sido la intimidación. Esto es, el uso de amenazas de distinta índole, acoso y vigilancia demostrativa. Una agresión que busca generar zozobra e impedir que las y los defensores continúen con su labor El daño a la propiedad, que representa el 25% de ataques, es el siguiente tipo de amenaza.

Sin embargo, aunque en número menor, por su impacto hay otro tipo de ataques que representan la más grave forma de agresión. Una es el asesinato o la ejecución extrajudicial de un o una defensora puesto que la pérdida de la vida llega a ser el costo más alto que se paga por defender derechos. Circunstancia por la que el Estado de Guatemala ya fue señalado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) por el caso de Florentín Gudiel. Pese a la sentencia los asesinatos se siguen produciendo y 2014 no fue la excepción con siete muertes de defensores reportadas.

Otra forma en la cual se busca anular de por vida el quehacer de defensores y defensoras es mediante el uso indebido del derecho penal. Es decir, mediante la criminalización de quien defiende un derecho. Un tipo de agresión que este año sumó 22 casos más a los acumulados de años anteriores y significó también varias sentencias que han representado prisión política a defensoras y defensores en Santa Cruz Barillas, Huehuetenango y San Juan Sacatepéquez, Guatemala. Hombres y mujeres cuya vida ha estado al servicio de la comunidad y que hoy guardan prisión sentenciados por un sistema que procura impunidad a los perpetradores y castigo injusto a quienes dedican su vida al bienestar común.

De ahí que la conmemoración del Día Internacional de las y los Defensores de Derechos Humanos, el 9 de diciembre y, el Día Internacional de los Derechos Humanos, el 10, signifique para Guatemala una fecha de reivindicación. En primer lugar porque es universalmente reconocido el libre ejercicio de los derechos humanos y en segundo lugar porque es igualmente reconocido, el derecho a defender derechos humanos. Tarea que, como bien se ve en el reporte de la UDEFEGUA, en Guatemala es una labor como la de Sísifo, realizada en un terreno de alto riesgo.

Y más para quienes desde la UDEFEGUA inician cada día dando seguimiento a un caso de ataques a defensores o empezando la verificación o acompañamiento de un caso nuevo. Ellas y ellos, protectores de nuestro derecho a defender derechos, son una especie de búho cuyos inmensos ojos se abren para ver todo el panorama y reportar a los agresores.

Una imagen que proyecta Claudia Samayoa, fundadora de la UDEDEGUA, que reúne el ojo avizor y la capacidad de vuelo de un ave que simboliza la sabiduría. De manera que, el búho o lechuza bien puede ser esa especie de nahual o espíritu protector que representa el derecho a defender derechos. Y, porque como lo afirma el poeta Otto René Castillo, “Hermosa encuentra la vida quien la construye hermosa”, ¡Feliz día a las y los defensores de derechos humanos, en donde quiera que estén!

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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