Ni tan secret que digamos

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La semana pasada después de tanto que se habló de la aplicación Secret y de los intentos de la vicepresidenta Baldetti de prohibirla, obviamente lo primero que hice fue instalarla en mi teléfono. Con el fin de averiguar qué significa en realidad “secreto” para sus creadores porque es un término algo amplio, abierto a (mal) interpretación; me puse a leer cómo funciona, qué promete y a qué puedo atenerme como usuario.

¿Cómo funciona Secret? ¿Es en realidad ‘secreto’ lo que se publica por ahí? ¿Vale la pena intentar bloquearlo en un país? ¿Es fácil hacer trampa y usarlo aunque esté prohibido? ¿Cuáles son los riesgos de que nosotros o nuestros hijos lo usen? Espero que aquí entre usted y yo seamos capaces de responder estas preguntas.

Para empezar instalé la aplicación que obtuvo mi número automáticamente del teléfono, ingresé un correo electrónico nuevo, recién creado, y listo: estaba listo para revelar mis obscuros secretos y tal vez una que otra calumnia tendenciosa al mundo. En realidad, viéndolo bien cuando descargué el Secret a través de la tienda de aplicaciones ya conocía mi correo electrónico real, el asociado con mi teléfono así que aunque yo haya ingresado otro después fue un poco inútil porque el cambio quedó registrado en algún lugar. Para entonces Secret ya tenía a seis de mis contactos telefónicos como ‘amigos’ – sin en realidad saber sus nombres– y después que autoricé que usara mi Facebook llegué a 28. En ese instante supe que no había forma de que lo que yo publicara ahí fuera imposible de asociar conmigo de una forma u otra. La promesa de los creadores es que ellos no tienen en su poder mi número, ni mi dirección de correo, sino un identificador codificado (o hash) que me permite publicar sin que ellos sepan quién soy, a menos que –como dice la letra pequeña– (¡ajá!) alguna orden judicial se los pida y saldrá a la luz quién soy. Ya veo que en el fondo no es tan secret la cosa.

Las publicaciones no tienen ningún nombre de usuario sólo indican si es de un ‘amigo’ o del ‘amigo de un amigo’ y el orden en que aparecen no es cronológico sino manejado por algún obscuro algoritmo, así que cuando uno de mis amigos de Facebook desahogó sus frustraciones publicando un “que se mueran todos los huecos” no supe quién era ni a qué hora fue hecha la publicación (ya ven que el anonimato tiende a sacar lo peor de nosotros). Además existe la posibilidad de desligar todas mis publicaciones pasadas de mi identidad y se supone que quedan flotando por allí huérfanas. Podrá ser que un usuario no pueda tener la certeza más allá de meras sospechas de quién publicó qué, pero la gente de Secret puede, las autoridades pueden solicitar esa información y también algún tercero con recursos adecuados puede hacerlo usando ese rastro que dejamos constantemente como localización del GPS, dirección IP, los metadatos de una fotografía y muchas cosas más que ya describí en otro artículo. Y finalmente, puede que ahora los términos de uso de Secret garanticen cierto anonimato pero no hay garantía de que estos no cambien en el futuro cercano, esto sucede constantemente con Facebook por ejemplo.

¿Y si el gobierno prohíbe Secret? Podría bloquearse la descarga de la aplicación desde las tiendas de Android e iPhone, pero eso no impide obtenerla por otros medios para instalarla y usarla de todos modos. Podría bloquearse en el país el tráfico de Internet hacia la dirección secret.ly pero sería un gasto ridículo de recursos para lo fácil que es usar una conexión proxy y eludir el bloqueo. Claro, no todos saben cómo hacer estas cosas y desmotivaría en cierta forma su uso pero me parece una tontería que se gaste recursos en luchar contra este enemigo imaginario cuando hay cosas más importantes qué hacer. Si usted es padre de familia y le preocupa que sus hijos usen esta aplicación (en esencia no tan distinta del WhatsApp y Snapchat) hay opciones para monitorear y ajustar lo que ellos usan en sus dispositivos y muchas de ellas son gratuitas, úselas. Personalmente ¿sabe lo que creo amigo lector? Que lo más efectivo que puede hacer como padre de familia es mantenerse informado de qué son y qué significan estas tecnologías que sus hijos usan porque cuando el Secret sea obsoleto en un par de años vendrá otra, y luego otra, y docenas más después de esa.

Para mientras yo seguiré adivinando quiénes de mis amigos son secretamente homofóbicos, misóginos y racistas porque por sus secrets los conoceréis.

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Alejandro Echeverría

Alejandro es ingeniero, tecnólogo, fotógrafo y montañista.

7 comentarios

  1. Brenda Marcos

    Gracias Alejandro, más claro ni el agua. Tenía dudas sobre qué diablos era eso, ahora entendí, es como una capucha que nada más oculta tu ‘nombre’ pero no tus verdaderos sentimientos, frustraciones etc. Estoy totalmente de acuerdo con vos, lo que importa sobre todo es informarnos (como padres) de cada charada que sale para instalar. Ya hasta me veo bruta escribiendo tanto si vos lo dijiste todo master.

    Gracias, de nuevo.

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