¡Ni una menos!

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Una vez más el calendario marca el 25 de noviembre. La fecha en que, por disposición de Naciones Unidas y luego de intensos cabildeos de organizaciones de mujeres, se conmemora la lucha por detener la violencia contra las mujeres. Es la fecha del aniversario de la muerte violenta de las hermanas Mirabal. Tres mujeres dominicanas cuya lucha por la libertad en su país fue respondida por la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo, con la detención ilegal, la tortura y la ejecución extrajudicial.

Año con año esa fecha es recordada mediante movilizaciones y expresiones de diversa índole en los ámbitos nacional e internacional. La fuerza que ese movimiento ha logrado adquirir, obliga a los gobiernos a pronunciarse y a buscar la corrección en el discurso aunque no siempre se refleja en corrección en las acciones.

Patricia, Miverna y María Teresa Miraval, fueron violentadas en sus cuerpos porque sus vidas eran vistas como amenaza para el hombre que tiranizaba a su pueblo. Para marcar esa circunstancia, es decir, la violencia contra las mujeres por ser mujeres, es que se instaura el día de la no violencia. No porque solo ese día deba expresarse la “corrección” política sino para recordar por qué se debe luchar contra todo tipo de violencia hacia las mujeres.

Lamentablemente, la dominación patriarcal en el discurso lleva a que en distintos espacios se argumente que año con año mueren más hombres que mujeres. Hay quienes se atreven a utilizar las estadísticas en un vano intento por ridiculizar la demanda de las mujeres por detener la violencia de género. Quienes se valen de estos argumentos, olvidan, ignoran o perversamente evaden atender que, en el caso de las mujeres, los hechos de violencia reportados, en particular los asesinatos, son perpetrados exclusivamente por hombres. Un fenómeno que sustenta la argumentación del carácter misógino en la actuación.

A las muertes violentas de mujeres, en Guatemala una cada doce horas según registros oficiales, se suman las agresiones físicas, la violencia sexual, la violencia económica, verbal sicológica y laboral. Todas, violencias estructurales porque descansan en un patrón de ejercicio del poder que no solo ignora sino que agrede el ser mujer.

Decir ni una más, es reclamar el derecho a vivir en pleno disfrute de libertades y garantías. Sin restricciones de naturaleza alguna. Sin agresiones individuales, sociales o estatales. A expresar el sentir ser mujer en cada paso y cada acto. A defender la vida, la de las mujeres, la de los pueblos que se habitan, la de la sociedad que se construye.

En ese ejercicio cotidiano de la vida, es necesario también alimentar la memoria y recordar a todas y cada una de las mujeres que han sido violentadas y cuyas voces no pueden elevarse directamente. Como el espacio no daría para las miles de ellas, algunos nombres que significan luchas, momentos, etapas, espacios sociales en que vivieron y dentro de los que fueron lastimadas: María Chinchilla, Rogelia Cruz, Fantina Rodríguez, Irma Flaquer, Alaide Fopa, Adelina Caal (Mamá Maquín), Dinora Pérez, Myrna Mack Chang, Refugio Villanueva, Mayra Gutiérrez, Cristina Sieckavizza, Mindi González, Patricia Samayoa.

De igual forma, es tiempo de recordar  a quienes el sistema ha encerrado por defender el derecho a la vida. Es momento entonces de reclamar la libertad incondicional de  Bárbara Díaz. Así como exigir el cese del hostigamiento a las mujeres operadoras de justicia por ejercer su trabajo y el cese de la agresión a defensoras de derechos humanos.  Tiempo es ya de poner alto a la agresión de todo tipo, en contra las mujeres y decir a una sola voz, ¡NI UNA MENOS!

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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