No habrá revolución

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Las protestas, marchas, plantones, caminatas y otras formas de expresión contra la corrupción y la impunidad, que se han visto en Guatemala durante los últimos meses, son un indudable revulsivo para muchos que desde hace años han sido parte de movimientos sociales o de organizaciones y colectivos que desde la marginalidad del Estado han demandado y abogado por nuevas formas de relaciones sociales; menos opresoras, menos desiguales.

Y ahora que después de muchos años, pareciera que la democracia (entendiéndola no como un régimen de gobierno, sino como la manifestación, siempre disruptiva y conflictiva, del principio igualitario) por fin se expresa en Guatemala, la discusión dominante es acerca de la reforma del Estado. Existen otros grupos, entre estos los de mujeres y feministas, así como algunos pueblos indígenas, con visiones mucho más amplias que tienen que ver con un rechazo al actual modelo económico y que incluyen un rechazo formal y de frente a las prácticas racistas y patriarcales. Estos grupos, sin embargo, son la marginalidad de la marginalidad.

Lo que parece que sucederá en Guatemala será un arreglo entre élites económicas y políticas que con la ayuda –o amenaza– de la comunidad internacional devendrá en una limpieza parcial de las instituciones gubernamentales. También podrá lograrse alguna legislación que permita hacer del Estado guatemalteco uno menos depredador, más incluyente y quizá, más eficiente.

Tengo miedo de sonar cínica, no es para nada mi intención, pero creo que la desnutrición seguirá existiendo aún por muchos años. Y esto será porque no existe por el momento un movimiento lo suficientemente fuerte para cambiar las reglas del juego, para hacerlo menos perverso. Por muy buenas intenciones que tengan algunos –pocos– quienes se han propuesto optar a cargos de elección pública, tales intenciones quedarán únicamente en eso ya que el sistema político que se ha construido por años en Guatemala es tan depredador que es imposible lograr cambios significativos dentro de él con sus mismas herramientas.

El costo de una revolución es demasiado grande y no es algo que nadie quiera asumir. Así, el monstruo que es el sistema –que no es lo mismo que el gobierno– no se siente lo suficientemente amenazado, porque simplemente no lo está y por eso sabe que le basta con ceder, porque cediendo podrá mantenerse. Ya lo decía Oscar Wilde, en El Alma del Hombre Bajo el Socialismo: “Los peores dueños de esclavos fueronlos que trataron con bondad a sus esclavos, evitando así que los que sufrían el sistema tomaran conciencia del horror del mismo, y los que observaban lo comprendiesen”. Es decir, parafraseando a Slavoj Žižek, es el sistema con cara humana.

¿Es esto suficiente? ¿Qué perdemos si ganamos?

Es decir, si se aprueba la LEPP del TSE con las recomendaciones de la Plataforma de la USAC y si se hacen vinculantes, ¿habremos perdido la oportunidad de una revolución, de un cambio significativo? Y al hacerme esta pregunta, otra me surge ¿es posible la revolución? ¿Es posible pensar más allá del Estado? Alejandro Flores dice que el Estado va a seguir estando y aunque entiendo que él dice que aunque siga estando puede dejar de ser el centro, quisiera pensar –no inocentemente– que es posible prescindir de él. No sé cómo, pero creo que la intención no debiera ser regresar a un origen puro e inocente, sino más bien a construir una forma de vivir en sociedad que no sea un renacimiento sino una regeneración de las heridas causadas por la exclusión y la opresión.

Mientras tanto, y aun con dudas, le seguiré apostando a la democracia, a lo ingobernable, a ampliar la construcción de pensamiento compartido y modos de decisión compartidos.

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Andrea Tock

Curiosa, preguntona, torpe y ridícula. Estudié Ciencias Políticas y trabajo en investigación social. Disfruto comer, ver fútbol, escuchar música y hacer el amor, entre otras cosas. Me gusta el azul. Escribo para dejar registro.

4 comentarios

  1. Ir contra corriente es humano, ir contra lo lógico es tonto. La Constitución permite la reelección, el TSE la limita a una. Pidamos entonces elegir en forma individual a los diputados para que no se nos cuelen los pícaros. En el caso de los alcaldes, pidamos ir a segunda vuelta para que la mayoría absoluta del municipio elija o reelija a un alcalde pícaro o uno honesto. Estos cambios en la ley electoral si los puede hacer el Congreso según la CC (expediente 2654-2011). Lo válido del voto nulo amplía la democracia con la mitad mas uno y permite sacar a los corruptos de un plumazo. La prostitución nunca se va a poder eliminar, entonces ¿cómo piden que algunos no se muevan por un billete?

    • Andrea Tock

      Estoy de acuerdo en la mayor parte, aunque se me hace que el reajuste o reforma no es tanto de la oligarquía tradicional de este país, sino de la oligarquía y el capitalismo mundial. Algunas de las reformas que se plantean así como la clara injerencia de la comunidad internacional, con EEUU a la cabeza muestra que si la oligarquía del país quiere hacer prácticas económicas y políticas que interfieran con los negocios internacionales, entonces ésta también está en peligro. Estando en una reunión con embajadores del G13, éstos mostraban que la corrupción es un problema porque no permite que los negocios vayan bien. En medio de esta coyuntura, no solo la clase política se ve amenazada, sino también la económica tradicional (el antejuicio a Muadi, por ejemplo) y tratarán de hacer todo por sobrevivir y si eso, significa entregar algunas cabezas y ceder, lo harán. La comunidad internacional quiere una democracia liberal y capitalista; las élites tradicionales tratarán de dar los mínimos a estos requerimientos. Yo creo que al pueblo, le toca entonces ver más allá de eso.

      A ver cómo sigue la cosa.

      Saludos.

      • Manuel Poroj on

        Absolutamente Guatemala debe analizarse en el contexto global. Guatemala, insertada en la reforma de la economía-mundo-capitalista, está ahora dispuesta a cambiar su paradigma y sistema político ultraneoliberal por un neokeynesianismo global, frente a un contexto donde el poder imperial se distribuye en los países del Norte, mientras la dependencia en algunos países del Sur de América Latina, África y Medio Oriente es menor. Y nuestro país, incluido en el Triángulo Norte de Centroamérica, se prepara para implementar el Plan Alianza para la Prosperidad que tiene como uno de sus objetivos “el fortalecimiento de instituciones para aumentar la confianza de la población en el Estado”

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