No hay que ir al cadalso

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Al parecer, Otto Pérez Molina y los hilos que le han sostenido, apuestan al paso de los días. Por un lado, todo indica que buscan “apaciguar las aguas”, como si la indignación ciudadana fuese pasajera. Por otro, pareciera que están convencidos de que la trama tiene la fuerza para sostenerle hasta el final del período gubernamental. Momento que pasa por la realización de elecciones, con las reglas del juego actuales.

Unas reglas del juego que han dado a los escapistas de la legalidad como Pérez Molina y su ex segunda Roxana Baldetti, así como a los principales funcionarios de su gobierno, la oportunidad de robar el presente y el futuro de varias generaciones. Lo cual se ha realizado, incluso, a costa de las vidas de personas en centros hospitalarios de la red pública nacional, así como del seguro social, confiado a la conducción de un grupo de truhanes, encabezado por el ex secretario privado del propio Pérez Molina.

Un reportaje que publicó El Periódico el domingo 24, explica cómo se operaba el procedimiento para “cumplir la ley”. El procedimiento obligaba a mecanismos que intentaban garantizar transparencia y el resguardo de los recursos en la adjudicación de compras. El testimonio de un empleado del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), refiere cómo el nombramiento para integrar juntas de adjudicación era recibido, por la mayoría, como una condena.

El testimonio refiere la forma cómo en una ocasión, las reglas del juego se cambiaron al último minuto introduciendo como requisito que la definición del monto en letras solamente llevara los términos de la cantidad sin otra palabra. De tal suerte que la empresa que cotizó a un menor costo pero que mencionó que el monto era de xx quetzales exactos (lo que indicaba que no eran xx quetzales y centavos), bastó para ser descalificada. Como solo dos empresas cotizaron, en lugar de cancelar el proceso, se otorgó a la que quedaba, la cual curiosamente no incluía otra palabra más allá de la cantidad, pese a que sus costos superaban con creces lo de la descalificada.

Como se ve, el proceso “es legal”, solo que las reglas del juego se organizan para que favorezca a un actor determinado. Nombran una junta, esta se integra con personas que son asesoradas por alguien que no les prepara para conocer sobre qué están decidiendo. Cuando por sentido común intentan resolver en favor de la bolsa estatal, pierden porque sin que lo supieran y cuando el proceso estaba en marcha, se cambian las normas porque, algún resquicio legal se los permite. “Para los amigos todo, para los demás la ley”, diría la frase utilizada para explicar cómo se tuercen normas para favorecer a unos y obstaculizar a otros.

Y esa pareciera ser la divisa que los hilos y sus manejadores intentan aplicarle al pueblo de Guatemala. Para los amigos, entiéndase Otto Pérez Molina y su banda, todo; para los demás, o sea el pueblo, el reglamento. Lo que trae a colación, el debate sobre la suspensión o no del proceso electoral. Para nadie es un secreto que, de llevarse a cabo las elecciones generales programadas para septiembre, nada cambiará realmente en la estructura funcional del Estado.

A la presidencia y vicepresidencia llegará cualquiera de los dúos que puntean, propuestos por partidos políticos que han gastado ya, si no todo, casi todo su techo financiero de propaganda. Amén del cuestionamiento a sus propuestas y al pasado y presente, casi impresentable de sus figurines. Tendríamos un Congreso prácticamente similar al que ahora funciona, apenas con cambio de color de corbatas de naranja a roja por aquellas y aquellos que dejaron de ser patriotas para querer ser líderes. Alcaldías municipales igualmente casi intocables y, a esperar el sueño de los justos para poder producir un cambio. Mientras los escapistas de la ley se las arreglan para robarnos cumpliendo con los procesos pero irrespetando la verdadera legalidad, al pueblo pretenden imponerle una camisa de fuerza para no impulsar el cambio indispensable a fin de modificar las reglas que nos han llevado a la debacle.

Si la prisión llamada institucionalidad cobra vida para mantener vigente este esquema, la misma Constitución ofrece las alternativas a la resistencia ciudadana y a la vigencia de normas de Derechos Humanos ratificadas por el Estado. No necesitamos ir al cadalso de las elecciones porque no tenemos vocación suicida como pueblo.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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