No se vive a la vecindad de Alicia, pero se cree que estamos en el país de las maravillas

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Guatemala ha cambiado drásticamente en los últimos 40 años. Ya no hay conflicto interno, ¿o sí? Ya no hay represión, ¿o sí? Ya no hay asesinatos políticos, ¿o sí? Ya no hay persecución ni asesinan a las personas por sus ideas, ¿o sí? Somos un país más civilizado, ¿o no? Somos un país más tolerante, ¿o no? La infraestructura ha mejorado considerablemente, ¿o no? Y la democracia se ha consolidado, dando lugar a gobiernos que velan por el bien común, ¿o no?

Mucha gente piensa que la evolución del país ha sido para mejor, y se tragan el discurso que los medios de comunicación difunden cuando satanizan a Cuba, Venezuela, Ecuador o Bolivia. Medios y políticos asustan a la población y los convencen diciendo que hay que defender el sistema porque de lo contrario nos convertiremos en otra Cuba o Venezuela. Y se riegan por los medios de comunicación y las redes sociales las noticias de que en Venezuela no hay papel higiénico o que en Cuba el gobierno entrega los huevos con la cáscara sucia; agregado al gastado discurso de la falta de libertades individuales.

La población cree toda la narrativa, porque si lo dicen los periódicos o noticieros debe ser verdad. Dan como válido todo aquello que aparece en los medios, son pocos quienes se atreven a cuestionar y cuando lo hacen reciben la categórica réplica de los crédulos: “Si tanto te gusta ¿por qué no te vas a vivir a Cuba? Ven la paja en el país ajeno y no se dan cuenta de la pesada viga que cargan en sus hombros.

“Es que en Cuba no tienen libertad para salir de viaje”, dicen, mientras ni siquiera pasa por su mente la posibilidad de ir de paseo a otro país, porque los ingresos promedio no alcanzan ni para cubrir las necesidades básicas, menos para costear algún pequeño lujo. “Es que en Venezuela no hay preservativos”, repiten, sin darse cuenta de que acá comprar una caja de tres unidades equivale a gastar una cantidad similar al ingreso diario que perciben la mayoría de guatemaltecos, y que comprarlos constituye una actividad casi clandestina, porque ¿qué dirán?

No existen países ni gobiernos perfectos, pero los que de alguna manera se preocupan por llevar bienestar a la mayoría de la población son rápidamente satanizados por los medios de comunicación dominados por la extrema derecha. Es obvio que los grandes capitales, amasados al amparo de corrupción y privilegios otorgados por gobiernos financiados por ellos, salen huyendo cuando se les pide que aporten un poco más al bienestar social. Jamás estarán dispuestos a compartir sus ganancias con quienes realizan el trabajo para generarla.

El país ha cambiado, pero hay limitado acceso a la salud, a la educación, a la seguridad social, al empleo, a la creación de riqueza. La violencia nos quita la libertad de salir a la calle, de caminar, pasear, de tener una vida tranquila. Es cierto, se puede conseguir papel higiénico en cualquier tienda, pero la mayoría “prefiere” utilizar medios alternos porque apenas alcanza para la comida.

El nuevo petate del muerto para asustar a la gente es el populismo. Y todos los voceros de la extrema derecha repiten el discurso como borregos, algunos cobrando, otros de gratis, como buenos serviles.

Está claro que el sistema es capaz de cualquier cosa para conservar su statu quo, incluso de convencer a la mayoría, incautos ellos, de que viven en el país de las maravillas.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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