Notas de una estudiante de agronomía –1–

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eiliane-hauriPor Eliane Hauri*

—Mucho gusto, César Augusto Rodríguez, para servirle, ¿cuántos chivos piensa usted que puede tener una vaca, a ver, diga un número?

—Mmm, no sé, ¿pues, uno?

—¿Usted piensa que una vaca talvez pueda tener dos chivos?

Seguí con mi cara extrañada no sabiendo muy bien qué contestar a este simpático señor que veía por primera vez.

—¡Pues, yo tengo una vaca que tuvo trillizos! En todo el continente americano, desde Alaska hasta la Tierra de Fuego, solo somos dos en tener vacas con trillizos. Un señor en Canadá y yo en el Cantón Choquí, Quetzaltenango —me dice don Checha, con una gran cara de felicidad.

Así fue mi primer encuentro con don Checha, entrando al busito en el punto de reunión de Xela, para ir a Aguacatán, Huehuetenango, a un taller de cuatro días con campesinas y campesinos de la Red de Soberanía Alimentaria de Guatemala (REDSAG). Y así va a empezar mi estadía de varios meses en Guatemala, trabajando en el campo como practicante campesina y futura estudiante en agronomía: con don Checha, su familia, su vaca Petunia y sus trillizos.

Los cambios de rumbo en la vida son a veces justos y necesarios y ya después de muchas preguntas, las apuestas parecen obvias.

Decidí retomar estudios de agronomía, lo haré dentro de un año, pero primero necesito estas prácticas, requisito de mi futura escuela. Llevo 15 años preguntándome de dónde viene lo que está en nuestros platos y quién trabaja para que pudiera tener esta comida en mi mesa, muy dichosamente tres veces al día. Desde chiquita me vengo preguntando cuáles son las razones por las que en este país, y en el planeta, tenemos a personas pasando hambre.

Desde el campo hasta el plato, pasando por la cultura culinaria y la resistencia a la uniformización del gusto (véase aquella cadena del payaso rojo y amarillo, por ejemplo), mi apuesta, entonces, es la valorización del pequeño campesino y de lo criollo; e interesarme en los que trabajan la tierra con respeto, para primero comer y dar de comer. La salud empieza por el plato y antes de lucrar, lo más importante es el derecho a la alimentación.

Mi apuesta va a seguir siendo por una agricultura de agro-ecología que alimenta antes de exportar, que respeta al ser humano, a la tierra y al agua. Mi apuesta queda en la soberanía alimentaria que me daré el gusto de explicar para una próxima nota.

 

*Nacida en Guatemala, crecida en Suiza; familia materna de aquí, paterna de allá, hispano-franco hablante. Fiel y leal al helado de chocolate desde 1973, estudié relaciones internacionales el siglo pasado y ahora soy futura estudiante de agronomía. Primero estoy en un año de aprendiz de agricultora, en Xela, y de ahí en el país de los quesos y de las montañas. He hecho demasiado trabajo voluntario en esta vida, ¿talvez alguien me enseña al fin a ser rica? O sino a ser buena fotógrafa, que sueño con serlo. Convencida de que para cualquier individuo así como para una nación, el trabajo de memoria es indispensable para sanar heridas. De la memoria se llega a la justicia y de la justicia a la paz. Todo lo que viene en su plato me interesa, desde el azadón hasta su estufa. Pienso que su tenedor puede ser su voto.

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