Notas de una estudiante de agronomía -2-

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eiliane-hauriPor Eliane Hauri Fuentes

Don Checha prende la luz del corredor, son las cinco de la mañana, me despierto y con mucha dificultad trato de llegar a donde él está, antes de las cinco y media. Mientras tanto, ya puso a la becerrita Lila, de un mes, a mamar con Petunia, nuestra vaca estrella (tuvo trillizos el año pasado). Como preparación para el parto, doña Lulú, la esposa de don Checha, dio a Petunia agua de ruda y de milenrama todas las mañanas a las cinco, durante 15 días. Estoy en un lugar donde aprendo acerca del apazote, la ruda, la flor de muerto, y donde me consienten con tés María Luisa o de pericón cuando me duele el vientre cada mes. Las plantas medicinales tienen su lugar en esta granjita.
Don Checha ordeña tranquilamente y yo pongo afrecho y maseca con agua en el comedero a las otras vacas para que coman antes de ir a pastorearlas.
Después del ordeño, don Checha baña cuidadosamente a sus cuatro vacas con la manguera.  Yo levanto el estiércol con una pala y recojo de un tambo el agua que sale de esa bañada para llevarlo todo con una cubeta y verterlo en otra cubeta más grande donde licúo esa mezcla. Tengo una herramienta de hierro que me sirve para ese “licuado” a mano y para separar el zacate de ese líquido de agua con estiércol.
Don Checha sigue limpiando y yo sigo yendo y viniendo con mi carga. Hace poco don Checha tuvo un infarto, así que estoy contenta de poder apoyar con algunas tareas pesadas. Sigo licuando hasta obtener un líquido fácil de verter en el  bio-digestor: especie de pequeño invernadero en forma de tubo ¡que transforma el estiércol en gas y abono!

Todavía no ha amanecido, sigo con mis idas y vueltas con la cubeta, estamos en silencio los dos, cada quien concentrado lentamente en su tarea. De repente don Checha me pregunta qué pienso de la reunión del día anterior a donde llegó un grupo de campesinas de Totonicapán a la “Escuelita” para aprender sobre ciertos métodos de agroecología. Don Checha siempre escucha mis opiniones, platicamos, me da su punto de vista, y lo volvemos a hablar con doña Lulú en el desayuno, almuerzo o cena, todos juntos, con su hijita Madeline.

Ese “licuado” del estiércol mágico de Petunia, después de entrar al bio-digestor se vuelve gas para una estufita de la cocina o “biol”, abono orgánico para nuestros variados cultivos de verduras 100% orgánicos. Tratamos aquí de respetar todo este círculo de vida. Para luchar contra las plagas, nada de veneno, como dice don Checha; aquí se previenen a punta de licuado de chile, con ceniza y apazote.

Ya cuando las vacas están limpias, bajamos al prado a pastorearlas y a vender la leche a los vecinos. Después de eso, me toca cargar unos grandes bultos de zacate y todavía llevárselos a las vacas que estamos pastoreando. Lleno también sus comederos de ese mismo zacate, comprado en redes a una vecina. A las 8h, ya habiendo terminado todo este trabajo, subimos a la casa a desayunar.

Con el resto de la leche que no se vendió fabricaremos queso con doña Lulú en la mañana, para luego descansar en la tarde o seguir limpiando a mano el gran invernadero y sembrar más verduras.

Estamos yendo a contracorriente del modelo económico actual, así que este texto tiene ciertamente su lugar en El Salmón. Sin embargo, debemos estar conscientes de que en América Central los pequeños productores surten 50% de la producción agrícola, con solo el 17% de las tierras.1
Quisiera terminar mi nota con unas citas de Olivier De Schutter, el anterior relator de Naciones Unidas sobre el Derecho a la limentación:

“La solución a los desafíos alimentarios actuales no vendrá de los Estados, sino de los ciudadanos. El 2014 fue el año de la agricultura familiar de las NNUU y ya veo la concientización de que la agricultura familiar está sirviendo para la reducción de la pobreza rural, para el manejo razonado de los ecosistemas o de la diversidad de los sistemas alimentarios. Raros son los gobiernos que lo han comprendido, a excepción de Brasil que ya entendió la necesidad de organizar la coexistencia entre agricultura industrial y agricultura familiar.

El modelo agro-industrial dependiente de pesticidas y químicos ya está caducado. Tenemos que cambiar de rumbo y enfocarnos hacia la agro-ecología.”

In Le Monde, Olivier De Schutter: “Nuestro modelo agrícola está agotado”, Notre modèle économique est à bout de souffle. 29 de abril de 2014.

 

1 Eduardo Baumeister, «Características económicas y sociales de los agricultores familiares en América Central », INCEDES, 2010. (pdf), in www.grain.org, “Affamés de la terre: les petits producteurs nourrissent le monde avec moins d’un quart de l’ensemble des terres agricoles»

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