Nuestras uvas de la ira

0

La pérdida de la tierra por la voracidad bancaria, reflejada magistralmente por John Steinbeck en su novela clásica, Las Uvas de la Ira (1940), bien podría narrar la historia de las familias perseguidas por la industria extractiva en Guatemala. Sobre todo si se considera que la novela del ganador del Pulitzer y posteriormente Nobel de literatura, tiene como origen una serie de reportajes periodísticos sobre la migración forzada de los granjeros del medio oeste en Estados Unidos.

Steinbeck describe cómo los granjeros son despojados de sus tierras al no poder pagar las hipotecas. Una sequía brutal les hizo perder las cosechas y con ello, toda su vida, por lo cual, se ven forzados a un éxodo hacia California.

Como el escritor, quienes busquen historias de vida en las familias que enfrentan la voracidad de las empresas de explotación irracional de recursos naturales, podrán encontrar los elementos componentes de la tragedia narrada por el autor. Y, al igual que él, tendrán como base la vida misma.

Podrán, por ejemplo, recoger la historia de Saúl Aurelio Méndez y Rogelio Velásquez, ahora sentenciados por un crimen que no cometieron. Verán que Saúl y Rogelio son en realidad prisioneros políticos puesto que han sido procesados, en dos ocasiones, hasta llevarles a condena, por ser líderes comunitarios de una población que se opone a un proyecto hidroeléctrico. Antes que ellos, Rubén Herrera, también líder en Santa Cruz Barillas, fue prisionero político, perseguido por la misma empresa, Hidro Santa Cruz.

Una revisión detenida de los antecedentes les mostrará cómo se producen acciones procesales defectuosas, a fin de utilizar el derecho penal para castigar a defensores o defensoras de derechos humanos. Como es también el caso de Bárbara Díaz, en San Juan Sacatepéquez, Guatemala, ahora en prisión y procesada por un delito que no cometió pero perseguida por su liderazgo comunitario. Bárbara, es parte de la comunidad opuesta a la construcción de un entramado de carretera que servirá a los intereses de la empresa Cementos Progreso, ya operando en la zona. Empresa que tiene el triste mérito de haberse convertido en la promotora de la inseguridad, la discordia y la conflictividad en una zona otrora pacífica.

También podrían reportar la historia de Yolanda Oquelí, uno de los rostros visibles en la resistencia en La Puya, en el movimiento de oposición a otro proyecto minero. Yolanda enfrenta proceso penal por varios delitos que tampoco ha cometido pero a quien se pretende castigar por su liderazgo.

En todos los casos, el denominador común es que se trata de dirigentes de su entorno comunitario, comprometidos con la lucha social en defensa del territorio. Una tierra amenazada de morir en virtud de la inmensa voracidad empresarial que no reconoce límites a su interés por asegurar ganancias a costa de lo que sea. Sin importar si ese “lo que sea”, es el río que mantiene viva a la comunidad, la estabilidad del suelo o los bosques que contribuyen a garantizar el oxígeno para el país, o las vidas de las personas que habitan esas tierras.

Pero si no quieren enfocarse en alguien en particular, entonces podrán hacerle un examen profundo a las acciones de desalojo violento, que derivan en despojo, efectuadas por fuerzas de seguridad contra comunidades en resistencia o en ocupación de territorio en demanda del derecho al trabajo y la vida.

Ante el cierre de filas entre el entorno voraz empresarial y el sistema de justicia en manos del círculo de impunidad, pero sobre todo, ante la necesidad de revertir este esquema brutal, el camino está más que trazado. La unidad, obviamente, es un requisito fundamental. Junto a ella, la acción organizada, masiva y total, enfocada a reclamar la vigencia plena de derechos, libertades y garantías. Hacer realidad en Guatemala, el cierre de esperanza que el escritor estadounidense ofrece en su novela nacida de la realidad. Para que en lugar de las amargas uvas de la ira, podamos saborear el dulce sabor de la justicia y la derrota definitiva de la impunidad.

Share.

About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

Leave A Reply