O sembramos o nos siembran

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¿Quién está de acuerdo con el gobierno?, y no hablo solo con el de turno, sino de todos los últimos que han administrado el Estado como si fuera un botín. ¿Quién está de acuerdo con el sistema de salud que tenemos?; ¿quién está de acuerdo con el hecho de que casi un millón de niños y adolescentes no están inscritos en el sistema formal de educación?. ¿Qué nos produce conocer el hecho concreto de que uno de cada dos niños padece desnutrición crónica?; ¿qué implica que uno de cada diez guatemaltecos haya salido para el Norte? y que hoy, las remesas envidas por todos esos migrantes, constituyan la base circulantede la economía,y no lo que genera el sector económico.Alguien se ha preguntado ¿por qué se construyen más centros comerciales que escuelas u hospitales? ¿Por qué siete de cada diez trabajadores lo hacen en la informalidad? y a los tres que quedan no necesariamente se les respetan plenamente sus derechos laborales.

Las preguntas podrían continuar por cientos, es más, se podrían hacer otras más incómodas y cuestionadoras como ¿por qué este es un país riquísimo en recursos y a la vez exhibe índices de pobreza extrema?; o ¿por qué los funcionarios que entran a dirigir cargos del Estado dejan el mismo con altos grados de riqueza?; ¿por qué la gente parece estar harta de los mismo, pero cada cuatro años vota esperando que las cosas cambien, castigando al de turno y ofreciéndole el beneficio de la duda al que entra?. ¿Qué tuvo que haber pasado para que un reo condenado haya tenido tales privilegios y poderes en ámbitos del Estado?; ¿por qué un general es condenado por genocidio y otra Corte desestima el juicio aludiendo procedimientos anómalos?

Las mayorías se han vuelto minorías, los gobiernos desconocen el objeto de su obligación que es el bien común, y parecen conducirse por los intereses mezquinos de sus corruptos funcionarios. Los partidos han dejado de ser intermediarios entre el interés común y el Estado, para transformarse en vehículos competidores por el Gran Prix del Estado; las elecciones ya no tienen gracia, se han convertido en actos inerciales de masas sin conciencia que votan al que “le toca”. Los empresarios han reconocido que deben pasar como seis décadas para alcanzar un nivel de crecimiento económico como el de Chile, pero no son capaces de articular un compromiso con el Estado para fomentar y destinar recursos que hagan de esta, una sociedad letrada y formada. Los ciudadanos no lo son, no saben que sus derechos son escamoteados por las mismas instituciones de la democracia que ellos mismos eligieron. Minorías espurias son las que tienen poder de veto sobre el destino de un pueblo entero.

Toda el escenario anterior se puede decantar en el siguiente pregunta: ¿Aún es posible construir un Estado democrático con equidad, al tiempo en que se transforma la producción y se fortalece lo público como garantía del desarrollo y de la universalidad de los derechos?

¿Es posible revertir las condiciones que nos tienen postrados como nación de tercera? La salida de un callejón que parece cerrado y bloqueado no puede ser simplona; será compleja porque los atavíos de la historia se han oxidado sobre el cuerpo social aprisionado; además no será en el corto plazo porque todos los procesos de cambio social implican la transformación de valores políticos y culturales. Además ha de producirse por la refuncionalización de lo que está al alcance. Para que algo nuevo nazca, debe labrarse la tierra, removiendo la mala hierba y las piedras que impiden la oxigenación y la hidratación de nuevas ideas y valores. Por ejemplo, promover un movimiento social que se articule para que en una elección gane el voto nulo que simbolice un “no queremos lo mismo, estamos hartos de los mismos políticos y de su burla a la población, los desconocemos como nuestros representantes”…

Luego, de ese movimiento podrían resurgir nuevas raíces que forjaran grandes efectos de apropiación de conciencia de ciudadanía en mujeres y hombres, jóvenes y adultos, ancianos, campesinos, profesionales, pequeños productores, comerciantes, empresarios, artesanos. Esa sería la tierra abonada para que una nueva semilla de conciencia social y dignidad ciudadana que permitiera resurgir un nuevo Estado para la Mayoría Alternativa; habrían pasado quizá aquellas seis décadas o quizá menos. O sembramos o nos siembran, esto propone el grupo Semilla.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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