Papá fue Jesús

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Murió en la calle siendo indigente y chara, pero en algún momento de su vida tuvo el porte para interpretar a Jesús en el viacrucis de la finca en la que fue mozo colono.

En lo profundo de la parte caliente de San Marcos existían, o existen, varias fincas cafetaleras. Ahí vivió papá y por ahí conoció a mamá, ahí nacieron mis hermanos mayores.

Papá trabajaba en la finca en la “tapisca” de café, según contaba era bien arrecho; nunca lo vi en acción, pero siempre le creí, porque lo vi ejerciendo otros oficios y los hacía bien.

Conocí la finca porque varias veces, casi siempre en semana santa, visitamos a la abuela Gila. Ella vivía en una casa de paredes de bambú y techos de paja, el piso era de tierra. Dormía en el suelo y para cocinar tenía un poyo de barro, o una hornilla pues, en la que hacía fuego con leña para cocer los frijoles y echar las tortillas.

Las casas de los mozos colonos no tenían agua, luz, ni baño, ni ninguna comodidad. El inodoro era el monte y para bañarse había que ir al río. A uno de güiro le pelan todas las incomodidades, lo chilero era andar corriendo entre los árboles y pasarla bien.

El viacrucis que montaban era la principal actividad de semana santa. Recreaban la historia desde la llegada de Jesús a Jerusalén, en domingo de ramos: soldados romanos, judíos, Marías, apóstoles y, por supuesto, Jesús. Todos los protagonistas de esa parte de los evangelios eran interpretados por distintas personas, y un año de esos a papá le tocó hacer el papel de Jesús.

Vi en vivo alguna vez el viacrucis, pero no cuando papá fue el protagonista. Recuerdo de cuando los soldados romanos iban a caballo y correteaban a la gente que salía a verlos. También recuerdo que el viernes santo crucificaban a Jesús y a los ladrones. Los colocaban en altas, altísimas, cruces de madera que izaban y dejaban a la intemperie hasta que se hubiera cumplido todo el ritual del Calvario, una planicie enorme hacía las veces de Gólgota.

La representación incluía la captura, el juicio, la tortura física y los pasos seguidos por Jesús hasta terminar crucificado. Todo bastante realista. Rememorar la anécdota de papá crucificado era tradición de semana santa. Creo que hasta la fecha mamá sigue contándola.

Sucedió que aquel viernes santo, después de haber ido de Herodes a Pilatos, papá fue sentenciado a morir en la cruz; ojalá y hubiera expiado los pecados de la familia, pero lamentablemente solo era teatro. El caso es que llegado el momento papá fue puesto en la cruz. Todo iba bien hasta que empezó la lluvia torrencial. Fue tal la tormenta, según cuenta mamá, que todo mundo salió corriendo a refugiarse. No quedó nadie, ni público ni organizadores, solo los tres tipos que estaban crucificados, de ellos nadie se acordó.

Lo que me sigue pareciendo chistoso de la historia no es el abandono que sufrieran los crucificados, ni imaginarlos ahí todos mojados. Lo chistoso es que mi mamá contaba que una su comadre se puso histérica y empezó a gritar, con todo el galillo: ¡Bajen a Beto de ahí, bajen a Beto de ahí, bajen a Beto de ahí! Le hicieron caso hasta que cesó la tormenta.

Desde siempre he visualizado esa escena y en mi mente la veo como algo gracioso, digno de ser anécdota de familia. Papá murió hace varios años –fue Jesús, pero no resucitó al tercer día– no sin antes protagonizar una historia de furias y actos terribles; aunque quizá en algún momento fue buen padre, como cuando me enseñó a jugar ajedrez, en vida para nosotros fue la cruz y no el Cristo.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

6 comentarios

  1. A. Meléndez on

    Leí este artículo hace un año, me conmovió por su sinceridad. Hoy lo he vuelto a leer y me sigue conmoviendo. Un saludo al autor.

  2. Habemos muchos con cruces como papá, peor aún cuando les ponemos cruces como papá a nuestros hijos. Escribir es una forma de liberar. Gracias por compartir

  3. Me conmovio..me pasa lo mismo con el mío..dificiles las situaciones..pero q queda me.pregunto? Honrarlos nada mas.

  4. Una sensación extraña al leer. Me gustó, pero me deja un sabor agrio en la boca. Lo que mas me gustó fue que le enseñó ajedrez, porque fue un legado importante en si vida, un hobbie que le gusta mucho segun veo en twitts. Saludos

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