Para pensar la protesta. Sobre “Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos”

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El libro “Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos” (1) resulta una lectura muy interesante para nuestra coyuntura: se debe pensar que la política se parece mucho más a lo que sucede en Juego de Tronos, la serie de televisión de HBO (basada a su vez en la saga Canción de hielo y fuego de George R. R. Martin) y en la que la reina Cercei le recuerda a Ned Stark que en el juego de tronos se gana o se muere, que a dos concepciones dominantes de la política que circulan en nuestro medio.

Por una parte, se contrapone a esa concepción de política que se ha ido instalando en el imaginario a través de los discursos de organismos internacionales, gobernantes y políticos cuando empiezan a contar cuentos sobre buenas intenciones, consensos, prácticas democráticas, defender el orden constitucional, etc.

Resulta pertinente cuando hay quienes, en medio del clima actual, hacen llamados a respetar la constitución y el “orden”, precisamente cuando son los políticos y empresarios los primeros que han quebrado las leyes, orillando a la expresión de descontento y las exigencias de las protestas.

Como lo señala Tania Sánchez Melero en el libro comentado:

 “…se ha eliminado del imaginario colectivo y de la concepción de la normalidad democrática la realista crudeza de la política como disputa de poder, y se ha infantilizado la concepción de la política de una ciudadanía que se limita a aprobar o desaprobar –sin ser consciente de ello– las estrategias de lucha de poder que se han diseñado a oscuras y que se despliegan en el seno de los partidos y en la disputa entre ellos, sin que se articulen los mecanismos sancionadores de la ruptura de las reglas de juego por parte de los diversos actores –mecanismos que podrían configurar un escenario distinto de la política patria”.

Pero también se enfrenta a una concepción que en realidad es la degradación y corrupción de la política, que es la que se practica en Guatemala y que conceptualmente se puede definir como la conversión de la política en un mercado de transacción de privilegios, absolutamente independiente de las necesidades de los electores (H. Gallardo).

Es lo que hacen Roxanna Baldetti, Manuel Baldizón, Alfonso Portillo, los miembros de la SAT, del IGSS, diputados y alcaldes acusados de corrupción y otros delitos, que se centran exclusivamente en la consecución de intereses privados (riqueza y otros bienes, privilegios, etc.). Son ladrones y corruptos, pero nada más.

En cambio, Ganar o morir es un libro que reivindica lo maquiavélico. No en el sentido “popular” del término, haciéndolo sinónimo de intrigante o puramente inmoral, sino en el sentido de considerar realistamente el juego de lo político, de señalar la tensión entre la ética clásica y la ética política, es decir, entre una ética para las situaciones individuales y una para situaciones política en que se debe tomar en cuenta la irracionalidad del mundo y lo que en el momento se defina como bien común.

En la serie que es el objeto de análisis, los políticos guatemaltecos se parecen más al personaje de “Meñique” Petyr Baelish que busca su propio interés. En cambio, el personaje más maquiavélico, de acuerdo a la perspectiva considerada, sería Varys “la araña”. En un momento le pregunta Ned Stark a quién sirve y Varys responde: “Al reino. Alguien tiene que hacerlo”.

Ahora bien, dicho esto, ¿qué tiene que ver este libro con las protestas actuales? Posiblemente con varios aspectos que constituyen un balance provisional de las protestas.

Resulta interesante que el libro sea resultado de varias personas que están ligadas al partido español Podemos (incluyendo Pablo Iglesias, el coordinador del mismo), porque es un movimiento nuevo, nacido de los indignados, que busca participar dentro del juego político español. Es decir, parten de una articulación de intereses que se han ido definiendo en un entorno que les es hostil. Juegan el juego con reglas que ya le son adversas porque no tienen los ingentes recursos que tienen otros actores ya consagrados en el terreno político y económico.

Los paralelismos con nuestra situación nos deben hacer recordar que las acciones que debemos realizar para alterar y mejorar las reglas del juego político y democratizar realmente al país, no se miden ni se juzgan principalmente por su “ejemplaridad”, sino por su eficacia en conseguir lo que se proponen. En ese sentido, las protestas sabatinas (y otras) han logrado alterar el clima político (CICIG y MP han ayudado, digamos, un poco), para sacudirse de la indiferencia y la apatía, pero todavía no para transformar significativamente las reglas del juego.

Las protestas han sido “ejemplarmente” pacíficas. Sí, el calificativo moral es correcto. Pero lo que hay que preguntarse en términos políticos es si son eficaces. Si han conseguido (si pueden conseguir) aquello que se proponen. Si la respuesta es negativa, entonces hay que preguntarse cuáles son las medidas adecuadas para buscar transformar el juego político guatemalteco, incluyendo las necesarias consideraciones temporales.

Las protestas de abril, mayo, junio y julio de 2015 no han logrado ejercer la presión suficiente para conseguir algunos de sus objetivos más importantes como la renuncia de Otto Pérez Molina, cambiar las reglas de juego electorales (retrasar las elecciones y modificar leyes específicas), etc., y lo que en el fondo se revela como una radicalización de la democracia y la depuración del gobierno de los corruptos.

Ahora bien, esta evaluación debe ser matizada recordando algunos aspectos más intangibles. Los políticos tienen el poder (junto con otros actores), pero en las manifestaciones han ido perdiendo legitimidad, lo que a corto o largo plazo puede hacer que pierdan el poder. Por supuesto que esto no pasará fácilmente. Debe construirse también una alternativa de poder y legitimidad que todavía no se ve claramente. Pero cuestionar la legitimidad de los políticos es un paso importante en la dirección de crear algo nuevo.

Se ha logrado resquebrajar el consenso en torno al “dejar hacer” a los políticos, la apatía y la indolencia. Descubrimos efectivamente algo: que los políticos no tienen por qué ser corruptos. Sé que en un sentido positivo (jurídico), no deben serlo. Pero yendo un poco más allá de lo que dicen las leyes, habíamos permitido que fueran corruptos en todos sus actos. Sí, lo permitimos. Permitimos que construyeran su poder a partir de privilegios, corrupción e impunidad. Pero luego de las protestas estamos diciendo que no. Que no se vale que sean corruptos.

Tienen, perdón por la redundancia, la legalidad de las leyes y las instituciones. Saben maniobrar en ellas y aprovecharse de ellas. Es decir, tienen bastante, pero no tanto como a principios de año, cuando nos enfrentábamos a unas aburridísimas elecciones y a un “no pasa nada aquí” en el país.

La campaña de Manuel Baldizón está amenazada. Es muy posible que sea el próximo presidente, pero lo será en condiciones que no había previsto: una oposición ciudadana que YA salió a manifestar y que no lo dejará hacer a su sabor y antojo.

Estamos empezando a cuestionar el tema del consenso político en torno a la democracia tal y como la tenemos hoy día. Primero la vicepresidente, luego los políticos y, finalmente, el juego político. Aquí se ve que ha existido una radicalización de la comprensión y de las demandas, pero que no ha sido totalmente reflexiva. No es solo Baldetti, no solo los políticos, es el juego que nos hemos dado lo que buscamos transformar.

Otro punto a resaltar tiene que ver con la caracterización del “enemigo” de las protestas. Hay que saber claramente contra lo que nos enfrentamos. Los corruptos, privilegiados e impunes que en este país son los políticos, pero también la oligarquía, no juegan limpio ni se atienen a las normas constitucionales. Son ellos, precisamente, los que se aprovechan de la capacidad de imponer un pacto, pero también de quebrar el pacto. Frente a ello, ¿qué hacemos? ¿Jugamos dentro de sus reglas? Si es así, lo más probable es que sigamos en condiciones de desventaja.

Recientemente Carlos Mendoza publicó un artículo en el que sugiere que el aumento de homicidios en el período de las protestas puede estar ligado a un “ajuste de cuentas” entre adversarios o cómplices. Es decir, son personas y grupos que utilizan cualquier medio posible para mantener sus privilegios, incluyendo todo tipo de actos de corrupción, impunidad y violencia. Contra ellos es que las protestas están accionando.

Estamos situados en condiciones de desventaja, aunque indudablemente hemos avanzado de la apatía de principios de año a la indignación del momento actual. Pero no basta solo la expresión ni los hermosos gestos simbólicos que se han producido, hace falta organizarse y oponerle fuerza  a la fuerza, a la legalidad y demás condiciones que nos tienen en desventaja.

Claro que esto no es fácil (¿cuándo lo ha sido?), pero empeñarnos en jugar con quienes han puesto las reglas y tienen comprados los árbitros, puede ser una mala idea, a menos que opongamos más que gestos audaces. Como lo dicen Clara Serra Sánchez y Eduardo Fernández Rubiño:

“A los que ostentan el poder no les viene mal tener miedo; a nosotros, los que luchamos contra ellos, no nos viene mal recordar que cuando reclamamos la libertad de los sujetos oprimidos no lo hacemos para que obren el bien, o porque sean buenos. La reclamamos “para bien y para mal”.

(1) Iglesias, P. coord. (2014) Ganar o morir. Lecciones políticas en Juego de tronos. Madrid, Ediciones Akal, S.A.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

4 comentarios

  1. Aparte de la Araña y Meñique, tienen muchisismo de Jeoffrey respecto a la ambición del poder. Lástima que Guatemala no hay nada como la “Guardia nocturna” donde se puedan enviar lejos de la capital.

    • Mariano González
      Mariano González on

      Si, tienen mucho de Jeoffrey. Tiranuelos. Pero eso significa que son poco maquiavelicos, son de lo mas bestia

  2. Pues a pesar de que no he leído ni visto nada de juego de tronos me parece interesante la analogía en que se basa para verlo desde el punto de vista politíco en relación a este juego por alcanzar el triunfo de quien gobernara al país ganar o morir, es cierto con tantos partidos que hay, muchos están en una carrera para ganar y muchas cabezas rodaran para después caer en el olvido y los demás quedaran los más fuertes me parece un genial análisis espero seguir leyendolo.

    • Mariano González
      Mariano González on

      Pues he de confesar que me gusta mucho la serie en ambas versiones. Y lo interesante del caso, es que dan pie para pensar lo que nos sucede.

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