Paris, 13 noviembre de 2015: cuatro momentos de la violencia actual

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Este escrito trata sobre cuatro reflexiones acerca de los atentados yihadistas en París, el pasado 13 de noviembre de 2015. La indignación debe acompañarse necesariamente por la reflexión posterior, para evitar caer en respuestas estereotipadas, las cuales benefician de manera directa la reproducción de la violencia, como un círculo mítico. Cuatro reflexiones se harán al respecto. Una, una visión general de los intereses de reproducción capitalista en Medio Oriente. Dos, la violencia histórica sobre la que está instituido el proyecto de la ciudad de París, símbolo de Occidente. Tres, la violencia suicida y terrorista de los yihadistas de nacionalidad francesa y sus vínculos con la nueva guerra transnacional en Medio Oriente. Cuatro, una comparación entre la guerra capitalista en Europa-Medio Oriente y los crecientes conflictos bélicos en territorios de EE.UU-México-Centroamérica. La siguiente es la primera entrega:

  1. La guerra de los capitales

Una de las dificultades para entender las guerras que se viven en Medio Oriente es, precisamente, la variedad de intereses y determinaciones históricas en la zona. Los mismos países potencia llevan a cabo políticas dobles en los territorios, con un discurso y acción militar por un lado y, por el otro, el financiamiento de grupos aparentemente opositores. Lo que atraviesa sus estrategias oficiales y encubiertas es el conjunto del panorama: sus objetivos de reproducción sistémica. El artículo de Rafael Poch, en La Vanguardia (26-11-2015), da aportes a la comprensión de la zona. Claro, un estudio más minucioso encontrará tendencias e intereses contradictorios aún más profundos pero, sea esta por el momento, una visión general de la situación.

Poch parte de la diplomacia del presidente de Francia, François Hollande. La semana pasada –del 23 al 28 de noviembre– sostuvo reuniones con sus homólogos de EE.UU, Inglaterra, Alemania, Italia. Es decir, Obama, Cameron, Merkel y Renzi. La idea de la “gran coalición” contra el Estado Islámico parece ser la meta luego de los atentados del 13 de noviembre en la capital francesa. La próxima semana Hollande sostendrá una reunión con Vladimir Putin, presidente de Rusia, con el objetivo de alcanzar esta colaboración. Al respecto, Poch considera: «Su visita de hoy [jueves 26-11]a Moscú, significativamente la última de la serie, no aportará nada». Es posible que la administración de Putin y del mismo Hollande hagan ver a la opinión pública acuerdos y logros pero, lo que es innegable son, justamente, las contradicciones de fondo en la geopolítica de las potencias en la zona.

Uno, el papel de Rusia. El enfrentamiento continental se está moviendo hacia el sur, no cabe duda. Rusia está en una política de control de sus intereses capitalistas en Ucrania y ahora en Siria. En ambos hay por lo menos una coincidencia certera: las compañías de gas rusas en asociación con los regímenes o, bien, los territorios donde establecen sus derechos de propiedad. De ahí que uno de los intereses de Putin en Ucrania es la posición geoestratégica con respecto los mercados europeos y, en Siria, sea el régimen de Bashar Al-Asad el que representa el garante de este importante bastión de su producción energética. Para el régimen dictatorial de Al-Asad este punto en común le permite salvaguardar una guerra que, de otra manera, cada vez la tendría más cuesta arriba. El capital une a estos dos regímenes totalitarios.

Dos, el papel de EE.UU. Si algo ha persistido en la zona de Medio Oriente es la serie de guerras y financiamiento yankee. Ahora bien, bajo la configuración actual del conflicto, la dualidad terrorismo-democracia es la justificación de este nuevo despliegue guerrerista. En la zona, el eje de países de intercambio mercantil y alianza política con EE.UU son, principalmente, Israel, Arabia Saudita, Qatar y Turquía. Por supuesto, sucede lo mismo que el matrimonio por conveniencia entre Putin y Al-Asad: batallas en común que empero tienen orígenes sociales e históricos diversos. Las guerras en Afganistan e Irak en la década del 2000, con una declaración oficial del bando a vencer, ahora, ya no es tan evidente en los socios de la guerra. En artículos  periodísticos como el de Gallardo (Russia Today, 16-11-2015) o Mazzei (Alainet, 17-11-2015), se plantea la hipótesis del Estado Islámico como parte de esa reconfiguración de la guerra imperialista en la región, siendo las agencias de inteligencia estadounidenses, inglesas e israelitas las que han preparado, a nivel militar, financiero e ideológico, parte del despliegue del EI[1].

Tres, el papel  de Francia. Al igual que Inglaterra y EE.UU, en el siglo XXI el Estado francés ha reiterado una política de expansión de sus capitales, como de protección a los ya instituidos. Lo que la  OTAN es al plano guerrerista post-1949 es la Unión Europea, Banco Central y Fondo Monetario Internacional en el plano de políticas económicas continentales post-1989. Son dos expresiones de la misma guerra de acumulación de plusvalor en la zona. Las terribles políticas fiscales y privatizadoras que están sumiendo a los griegos en la pobreza y marginación social son, pues, una cara del mismo ímpetu del capital por disciplinar a los pueblos  en el mundo. Francia mantiene asimismo su presencia militar en países como Mali, República Centroafricana, Chad. A estos hay que agregarle sus recientes incursiones desde 2014 en Irak y Siria, previo a la serie de atentados yihadistas de 2015. La presencia del ejército estatal francés en estas regiones puede ser parte de un esfuerzo conjunto desde la ONU, la Unión Europea o bien propio. En el fondo, este despliegue armado responde a la protección de las cuotas de accesos mercantiles, productivos y de propiedad, amenazados por guerras civiles que, en muchas ocasiones, pueden ser rastreables a los regímenes dictatoriales que impusieron luego de la descolonización de mediados del siglo XX.

Cuatro, las distintas disputas en Siria. Hay por lo menos tres grandes disputas en el territorio de lo que solía ser Siria. Primero, el régimen de Bashar Al-Asad, el cual ha luchado tanto contra las clases propietarias –militares y capitalistas– marginadas bajo su gobierno, como contra la ola revolucionaria que se denominó la Primavera Árabe[2].  Segundo, la expansión del Estado Islámico de Irak a Siria, la cual está enfrentada al régimen de Al-Asad y que, como hemos visto, algunos analistas consideran parte encubierta de una política estadounidense de desintegración de las relaciones de propiedad adquiridas por este régimen, especialmente con los capitales rusos e iraníes. Tercero, la rebelión kurda, la cual se enfrenta tanto al régimen de Al-Asad, como al Estado Islámico y al Estado de Turquía, donde también hay población kurda.

Es probable que en los próximos meses se estructuren alianzas y acuerdos. Normalmente, en la guerra de los mercados y de la apropiación capitalista, los acuerdos de hoy pueden ser mañana los orígenes de los nuevos enfrentamientos bélicos. La historia de las Grandes Guerras del siglo XX lo muestran con claridad, tanto ahí donde son declaradas oficialmente, con el enfrentamiento y movilización de los ejércitos estatales, como en las guerras comerciales y del dinero, muchas veces formas predecesoras y constitutivas de una nueva escalada de violencia.

 

Bibliografía

Burleigh, Michael. (2013). Pequeñas guerras, lugares remotos. Insurrección global y la génesis del mundo moderno. México: Taurus, pp. 628

Gallardo, Yizbeleni. «Con el terrorismo, Occidente bebe de su propia medicina», Russia Today, 16 noviembre 2015: Disponible en: https://actualidad.rt.com/opinion/yizbeleni-gallardo/191691-terroristas-paris-mordieron-mano-comer

Hobsbawn, Eric. (1999). Historia del Siglo XX. Buenos Aires: Crítica, pp. 612

Le Monde. «Quelle stratégie en Syrie? Entretien avec Alain Frachon». Le Monde, 16 noviembre 2015. Disponible en: http://www.lemonde.fr/attaques-a-paris/video/2015/11/16/attentats-la-strategie-francaise-en-syrie-a-t-elle-change_4811341_4809495.html

Mazzei, Humberto. «Sangre inocente para más sangre», en: América Latina en Movimiento, 17 noviembre 2015. Disponible en: http://www.alainet.org/es/articulo/173662

Poch, Rafael. «La diplomacia de Hollande ha nacido muerta», en: La Vanguardia, 26 noviembre 2015. Disponible en: http://blogs.lavanguardia.com/paris-poch

[1]             Poch, por su parte, incluso vincula las estrategias militares de Turquía como aliadas al Estado Islámico: «Sin sus amigos, sus cómplices y sus flujos, en y desde Turquía, Arabia Saudita y Qatar, el Estado Islámico no tendría gran cosa que hacer. El problema de la OTAN es que no puede actuar de verdad contra el Estado Islámico sin fortalecer a Asad y a los rusos, lo que aún incrementa más la ambigüedad.» (26-11-2015)

[2]             De hecho, esta serie de revoluciones en Tunez, Egipto y Libia, entre 2011 y 2013, deben ser estudiadas con sumo detalle para no hacer juicios de generalización demasiado apresurados. Hay pruebas contundentes de injerencia estadounidense para desestabilizar a los dictadores que, en su momento, fueron sus agentes frente a las revoluciones socialistas en la segunda mitad del siglo XX. Al respecto, historiadores ingleses como Hobsbawn (1999) o Burleigh (2013), con sus perspectivas políticas distintas, convergen no obstante en el uso a discreción imperialista de los dictadores árabes para, así, frenar movimientos revolucionarios como el desatado en Algeria contra Francia.

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Sergio Palencia

Sociólogo. Considero importante repensar la memoria histórica desde las heridas y luchas del presente, en distintos contextos. El horizonte de la esperanza, en regiones como Centroamérica y México, debe rastrearse a partir de un conocimiento crítico del pasado y su legado como lucha, aún abierta

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