Partidos extinguidos

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Después del annus horribilis que vivió la sociedad, el saldo es positivo en términos de la revelación y el juzgamiento de diversas estructuras informales, paralelas y subyacentes que expoliaban al Estado. Sin embargo, también queda un costo que se expresa en un vacío de distintos ámbitos de la institucionalidad democrática, porque aquellas redes socavaron, corrompieron, utilizaron y desnaturalizaron cuanta institución estaba disponible para su misión de hurto.

La lista es amplia e incluye medios de comunicación, instituciones públicas del Gobierno, el mismo Congreso que salió con heridas aunque no de muerte; el Poder Judicial quedó expuesto tanto en su capacidad como en su integridad; además una diversidad de empresas privadas cuya actuación dejó comprometidas no solo la inmaculada estirpe de sus dueños sino el discurso de las gremiales del todo poderoso sector privado, que también ha quedado cuestionado. Y finalmente salieron dañados, en mi criterio con las mayores lesiones, los partidos políticos.

Si bien todas las señaladas quedaron con su probidad expuesta, las organizaciones partidarias quedaron vaciadas, de igual forma que muchos de los principales inmuebles ostentosos de los principales personajes señalados por corrupción. Aunque  no extinguidos en su dominio, los partidos yacen en el presente con un desafío descomunal. Por un lado necesitan de nuevos ciudadanos que retomen sus timones para corregir el rumbo desviado y les reconduzcan hacia una efectiva intermediación con el Estado. Esa tarea retará a los nuevos actores de la política a volcarse a los partidos, porque la generación que hoy yace tras las rejas o anda prófuga deshonró la tarea pública. Justicia Ya, Somos, Semilla, Otra Guatemala Ya, y muchos más estarán llamados a la política partidaria en el 2019, fecha de la próxima oportunidad para corregir la actuación de la ciudadanía en el 2015 que eligió un actor de la antipolítica con un resultado frustrante.

El desafío de ir a la política no será un lecho de rosas sino un camino de terracería, pues hay que reconstruir institucionalidad, credibilidad en la población y estatalidad. Además hay que asumir que el escenario público ya no es exclusivo de los partidos, pues otros actores le disputan ya el mismo desempeño y la credibilidad a dichas organizaciones. Los partidos ya no pueden ser grandes estructuras, sino entidades más ágiles que sepan surfear en el espacio público virtual y en la multiplicidad de intereses cambiantes de la sociedad. Por ejemplo, ya es casi obligado prever en una campaña electoral que haya una persona o estructura que implemente y difunda contenidos en el espacio de las redes sociales si se quiere impactar realmente.

Otro de los retos será el dinero. Las recientes reformas aprobadas a la Ley Electoral cambiarán de forma profunda el modelo en el que opera las finanzas en la política. El escenario del 2019 será completamente diferente para los partidos en términos de los recursos financieros que se requiere para una campaña mediática, lo cual equivale hasta ahora como el 80%. A partir de que implemente la reforma, el Estado a través de la autoridad electoral brindará pauta (tiempos y espacios) en los medios de comunicación de manera igualitaria a todos los partidos.

Aún no se han extinguido todos los representantes de la vieja política, tanto en los partidos como en los movimientos sociales. Los viejos referentes tanto de la derecha como de la izquierda todavía yacen ahí para dictar las viejas ideas fundamentalistas, dogmáticas, paranoicas y trasnochadas. Ese representa un desafío que no será menor; remontar lo caduco, dejar paso a las nuevas ideas y liderazgos, convivir viejos y nuevos, promover un diálogo intergeneracional para devolver la naturaleza pública a la política.

Estamos llamados a tomar los partidos y la política para encausar un país, como recomienda Torres Rivas, a través de una democracia liberal que permita resolver el atraso que nos mantiene en la pre modernidad.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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