Plaza, sonrisa, vida: aquí estoy

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A mis manos llega un libro de Alejandra Pizarnik, es el regalo de una prima poeta quien hace años me la presentó en uno de sus libros, sin ella saberlo. Pienso mucho y seguido en Alejandra, tal vez porque al despertarme todos los días, hace parte de ese pequeño conjunto de libros que coloqué frente a mi cama para verlos de frente, con hecho pensado. Cada cuando abro sus páginas, encuentro un dibujo a lápiz que no sé si me atrevería a hacer de nuevo, o bien frases y frases subrayadas en el tiempo que no usaba otra cosa que no fuera pluma fuente.

Es fin de año y la casa está en silencio, no hay nadie. Somos mis pensamientos y yo, con lo que me cuesta ordenarlos, atraparlos para darles un espacio en la conclusión a la que quiero llegar, asentarlos para que la confusión sea menos tormentosa. Intento pensarme a mí, enfrentarme a lo que fui y a quien quiero ser hoy.

la vida juega en la plaza
con el ser que nunca fui

y aquí estoy

Sonrío porque juego con las palabras, las de Alejandra y las que hice propias este año. Siempre a las palabras nos remitimos. Escribimos mucho este año, gritamos, estuvimos –juntos o no- sintiendo nuestras las palabras, como ese “florecerás Guatemala” de Julia Esquivel. Nos presentamos en la Plaza, te busqué y te perdí en la Plaza, nos cuestionamos en la Plaza, y terminaron muchos diciendo que la Plaza no fue lo que debió ser. Te pregunté también cómo se curaban las palabras que nos dijimos, nombramos las luchas que soñamos compartir aunque venimos de lugares diferentes mientras caminábamos a la par, hablamos de lo mucho que teníamos que aprender de la organización de hormigas y del futuro que ya está por construir.

baila pensamiento
en la cuerda de mi sonrisa

Los recuerdos también bailan, como los sueños que se abren caminos por recorrer. Pienso en el futuro y en la necesidad de que hayan más sonrisas: coquetas, inocentes, amables, regaladas a extraños, sonrisas sin miedo y con esperanza. Eso quiero encontrar, eso deseo devolver. Es tiempo de sonreír, siempre lo es. La conciencia de las razones para la sonrisa es tal vez de mis motivaciones más profundas: compartir la lucha, escoger a los hermanos de vida, la complicidad revelada luego de horas de discusión, decirnos que nos queremos, darnos bromeando cinco años para que este país cambie un poquito nomás.

y todos dicen esto pasó y es

va pasando
va pasando
mi corazón
abre la ventana

Hay opiniones sobre lo qué sucedió ahí en la Plaza, pero aunque muchos intenten justificar lo que pasó, lo que vivimos, los que nos mantuvo en ese lugar, y que sigue manteniéndonos, la respuesta no está completa porque seguimos estando. El silencio no es sinónimo de pasado cerrado, de pasividad ni de culminación. La Plaza -como el amor-, no fue sino sigue siendo, va pasando, una y otra vez, mientras nos encontramos los que aseguramos que este país puede cambiar. La Plaza –como el amor-, abrió ventanas, hizo bombear mucha sangre a un corazón colectivo que sigue vivo.

Me siento viva y agradecida, aprendí a darle la cara a la vida y a los que quiero, decidí no huir de este país y enfrentarme a lo que está por venir:

vida
aquí estoy

Te escucho Alejandra Pizarnik, “La de los ojos abiertos”.

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

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