Plaza tomada

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Aunque los primeros niveles ya estaban llenos, no me costó encontrar parqueo en la Torre de estacionamiento, por lo que pensé que quizá habría buena cantidad de gente en la Plaza, pero no lo suficiente para llenarla.

En Guatemala no basta una gota para derramar el vaso, aquí ha sido necesario que fluyan torrentes para llegar a la situación de desborde. No bastó la reforma fiscal que afectó a la clase media y favoreció a empresarios, la masacre en Totonicapán, la anulación del juicio por genocidio, el recorte del período de Claudia Paz y Paz, la impunidad para Gudy, la ley de túmulos, la criminalización de la protesta social, el salario mínimo diferenciado, el abuso en contra de La Puya, los muertos en San Juan Sacatepéquez, los 18 muertos diarios; pero el momento tenía que llegar y la investigación que la CICIG hizo para documentar la red de defraudación incrustada en la Superintendencia de Administración Tributaria –SAT–, la misma entidad que recauda los impuestos, finalmente despertó en mucha gente el deseo de protestar.

El centro histórico era una fiesta. Desde distintos puntos llegaba gente y convergían en la sexta avenida, como en semana santa o en temporada navideña. Pero era 25 de abril, un sábado cualquiera que estaba a punto de entrar en la historia.

En la cafetería Europa no estaban llenas las mesas, pero al poco tiempo de estar ahí llegó más gente y el lugar quedó full, tanto que cuando el dueño entró hizo gesto de admiración, según me comentó el amigo con quien me reuní a almorzar mientras llegaban las 15:00 horas.

La sexta avenida estaba poblada por sus habituales: el tipo que pintado de plateado hace de estatua; los pintores; los músicos de ocasión; los vendedores ambulantes, que maniquí en mano ofrecen la licra de temporada; los vendedores de juguetes que echan burbujas; los mismos que día a día esperan el transitar de las personas, sus potenciales clientes.

Una caminata por la sexta siempre da motivos para observar, pero la ocasión era distinta, había familias completas caminando hacia la Plaza y su expresión denotaba orgullo, en sus ojos se percibía el brillo de una chispa recién encendida y que estaba a punto de provocar explosiones que expresarían el descontento popular. Ahí caminaba la gente en la misma dirección, como sabiendo que en la plaza los esperaba la oportunidad de hacerse escuchar.

Antes de llegar a la Plaza nos alcanzó el grupo de estudiantes que había salido de la Universidad de San Carlos. Algunos llevaban capuchas, otros máscaras de lucha libre, unos más la de Guy Fawkes y muchos otros con la cara destapada. Hacía tiempo que la conciencia social no era manifestada por el estudiantado, pero ahí venían ellos también, a reencontrarse con su legado, con la valentía que debieron haber heredado de Oliverio y ojalá que a partir de ahora no la vuelvan a perder.

En las afueras de la Plaza no había presencia de marcas de aguas gaseosas, de empresas de telefonía, ni “edecanes” para animar el evento; estaban las personas y sus convicciones, convencidas de que su presencia era importante. Por eso nadie se puede adjudicar la convocatoria, nadie, a la Plaza fuimos porque ya estamos hartos del sistema.

Al entrar era evidente que la Plaza estaba tomada. Todavía se podía circular, pero venía mucha más gente caminando y pocos minutos después estaba completamente llena. Las fotografías aéreas no dejan mentir, no fue necesario Photoshop, ni tomas cerradas para falsear la cantidad de personas que estaban congregadas, eran incontables y la historia reciente no da parámetro de comparación en una manifestación espontánea.

Había gente de todas las edades, incluso algunos en silla de ruedas y un grupo de monjas, además de niños y jóvenes, muchos jóvenes; todos con la misma intención de manifestar su rechazo al sistema corrupto, como se podía leer en las pancartas: Merezco una Guatemala mejor, decía la de un niño que la levantaba con la cara sonriente. Que renuncien, se leía arriba de la cabeza de la persona que cual Cristo colgaba de una cruz que era sostenida por otros manifestantes. No más chafas, decía una que era mostrada a Ricardo Méndez Ruiz, quien entre rechiflas y gritos de desaprobación abandonó la Plaza. El rechazo a los canales que transmiten en VHF también se manifestó, la pancarta decía: Canales 3, 7, 11 y 13, una noticia mal contada es un asalto a mano armada. Juicio y castigo a los corruptos, ladrones, criminales, renuncia ya, y muchas consignas más se podían leer en las miles de pancartas que de todos materiales eran exhibidas.

En la Plaza el coro era multitudinario, cada boca era la caja de resonancia para las consignas: Ladrones, ladrones; renuncia ya; el pueblo unido jamás será vencido; y otras que se escuchaban.

La plaza era sobrevolada por varios drones, que no se supo si eran de la prensa o si eran medios de vigilancia del gobierno; pero lo que sí se tenía claro era que cuando se acercaban el grito y los gestos eran mayores y la intención era que lo filmaran, para que quien quiera que fuera a verlos tuviera claro el mensaje.

La algarabía era de carnaval, de alguna forma a todos los presentes les nació la conciencia y se dieron cuenta de que podían hacerse escuchar, por lo que sus gritos desbordaban euforia y felicidad. La felicidad de saber que juntos, no de manera individual, gritando juntos es más fácil hacerse escuchar.
La manifestación no pudo ser transmitida en tiempo real hacia las redes sociales, porque la señal de los celulares estaba bloqueada. Los acérrimos defensores del statu quo se empeñan en explicar que el bloqueo se debió a la saturación de las celdas debido a la multitud. Lo cierto es que instaladas en la Plaza habían cámaras de vigilancia y torres para transmisión de señal wi fi, alimentadas por plantas portátiles de energía, al tiempo que en las afueras se pudo observar un centro móvil de monitoreo. Lo lógico es creer que al gobierno le interesaba vigilar y que no hubiera retransmisión de los acontecimientos. Pero cuando la gente empezó a retirarse y recuperó la señal de Internet, las redes sociales retumbaron con todas las fotos y los reportes que indicaban que la manifestación fue un éxito. El mensaje se mandó, más claro no canta un pueblo.

Aquello fue histórico. Le pregunté a Iduvina Hernández si recordaba hace cuántos años no veía la Plaza Mayor así de llena por una manifestación como la del 25 de abril, lo pensó un poco y emocionada dijo: Hace como 30 años.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

1 comentario

  1. Juan C. Carrera
    Juan C. Carrera on

    ¡Histórico mano! Buena crónica del 25A, me emocionó el leerla.

    Nos toca seguir escribiendo la historia y sacar a los ladrones que nos gobiernan y a los que los financian.

    #RenuncienYa ladrones!!!!!!

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