¿Pokémon Go?

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Hace poco Lucía Canjura publicó un artículo titulado Por qué Pokémon Go (nos) embrujó a los milenials. No sin alguna conciencia de “ciertos peligros y aspectos negativos”, al final, como el título hace ver, es una defensa del juego, entre otras razones porque permite hacer ejercicio, conocer los vecinos y los vecindarios.

Si dicho artículo es una defensa desde los milenials, esta ha de ser una crítica desde otra generación. La conocida por el infame nombre de “chavorucos/as”.

Más allá de las etiquetas generacionales, evidentemente que para los jóvenes (sobre todo de clase media en centros urbanos) la tecnología es como el agua al pez: su medio de vida. Por ello, no se puede percibir los problemas que existen en ese entorno.

Evidentemente que la tecnología que incluye desde el uso de redes sociales hasta la realidad virtual posee sus encantos. Es sumamente entretenida y origina mucho placer. En ese sentido, hay una escena de Matrix que es significativa: el personaje que traiciona a Neo sabe que en la realidad virtual a la que está conectado no está comiendo carne, pero no le importa porque la realidad “real” es dura, con defectos y limitaciones…

Entre otras cosas, el uso de la tecnología, se percibe como democrático y soberano, porque cada cual decide qué es lo que hará con ella, cuáles son los contenidos que verá, etc.

Pero hay algo que no termina de cuadrar con eso. También aquí hay que reconocer que toda crítica puede sonar conservadora, nostálgica (o, precisamene, chavoruca). No obstante, hay que hacerla.

Más allá de Pokemón Go, se puede advertir que el uso de la tecnología aunque tiene aspectos positivos como el acceso a la información y un contacto más democrático con el patrimonio humano, supone un cambio brusco de los procesos de comunicación humana. De fondo, creo que el problema es la evaporación de una comunicación profunda, cara a cara (Zukenberg, por ejemplo, se ha de reír cada vez que alguien presume de tener miles de “amigos” en Facebook).

La interacción humana, la calidad y profundidad de la comunicación, los procesos de pensamiento (no es lo mismo escribir a papel y lápiz que con un teclado…y esto tiene que ver con procesos neuropsicológicos), el uso del tiempo, etc., se ven afectados por el uso de la tecnología.

Los milenials lo celebran. Los que no lo somos, podemos advertir ciertos peligros de fondo que no se limitan a casos de distracción individual que provocan la muerte (aunque estadísticamente sean una cantidad ínfima).

Claro que no existe (ni siquiera es deseable) un retorno a un mundo pretecnológico. Pareciera que toda crítica o advertencia no es más que una acción de retaguardia, conservadora o reaccionaria.

Pero para quienes no están totalmente dentro de este mundo, el mero señalamiento de que haya millones de personas “cazando pokemones”, provocará un arquear de ceja y más de alguna sonrisa irónica.

P.S.: sorprendente y alentadora noticia de Lucrecia Hernández Mack como ministra de salud. Indudablemente una decisión difícil. Ojalá que su gestión sea la mejor posible.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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