Por mi culpa, por mi culpa, ¿por mi gran culpa?

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De los problemas del país “todos somos responsables” dice uno de los voceros del sector empresarial en un tuit.
–Eso creo– responden algunos incautos con un like.
–De acuerdo– dicen los más ingenuos con un retuit.

La vocación de penitente podrá ser muy noble, pero ¿será cierto? ¿Somos TODOS responsables de la situación del país? Y de ser así ¿Tenemos todos la misma responsabilidad?

Si consideramos que decisiones que cambiaron el destino del país y que van desde la traición a Árbenz a la Ley de Minería, pasando por la CC, los antejuicios y el secreto bancario fueron tomadas por un puñado de personas, ¿De dónde surge la noción perversa de que las víctimas de la mala gestión del país también son responsables de ello?

En su última columna en Contrapoder, Jonathan Menkos criticó severamente la incapacidad de las élites para democratizarse y adoptar posiciones progresistas de Siglo XXI. Se lamenta Menkos que la cúpula empresarial tampoco ha podido actualizar ni el fondo ni la forma de su mensaje. Es difícil dialogar con el sector empresarial con ese inexorable sense of entitlement que podría catalogarse como el “síndrome de dueño de la finca” que define el tono y contenido de sus comunicados.

A lo desfasado e intransigente agreguémosle la falta de accountability, la incapacidad de admitir su responsabilidad en la gestión del modelo extractivista cuyo fracaso se manifiesta como desempleo, desigualdad, ignorancia, contaminación, migración y hambre. No es difícil entender que ese fracaso tiene que ver con la venta de materias primas y artículos con poco valor agregado y con empresas precarias subsidiadas por exenciones fiscales, privilegios y salarios de hambre. Un modelo antieconómico tal.

Hay que decirlo: el fracaso del país se debe a la incompetencia de las pocas personas que por décadas han detentado el poder económico, político, mediático y militar sin impuestos, regulaciones ambientales ni controles del estado en total impunidad. Un fracaso total que aún no se ha aceptado del todo como realidad evidente porque por décadas los mismos también controlaron los medios. Debe decirse también que los medios comerciales fueron concebidos como apéndices del sector económico, responsables de mantener a la población en la ignorancia y buscar culpables oficiales del desastre de la gestión de sus amos.

Culpables siempre hubo: la guerrilla, la pobreza, la ignorancia, y todos los demonios que resultan de un modelo antieconómico e injusto. Y siempre los habrá: los bajos ingresos son culpa de la baja productividad de la mano de obra barata no de las commodities que vendemos. La falta de certeza jurídica es culpa de los jueces corruptos no de los que los eligieron y corrompieron por décadas para que garantizaran su impunidad. La culpa es de los políticos corruptos no de los que financiaron sus campañas para asegurarse privilegios; y así, culpables son todos menos ellos.

Afortunadamente con la Internet se ha democratizado la información. Ya no es posible seguir diciendo que el traje del emperador es muy lindo. El sector económico ya no controla el flujo de información como lo hacía hace diez años. Hoy sabemos que el emperador está desnudo. Como en cualquier país donde se democratiza la información, el sector económico le teme a la opinión pública más que a nada.  Es hora de aprovechar el momento histórico para despedir al gerente incompetente, tal y como lo sugiriera Edgar Gutiérrez en su última columna.

Es importante entender que para hacer bien el relevo no podemos permitir que se le siga dando posiciones de poder al sector económico. Como bien lo señala Menkos, ¿A cuenta de qué debe tener el sector económico un representante en la SAT, el IGSS, la Junta Monetaria, el INDE, el INGUAT, etc.? Tenemos que abrir los ojos y entender que “porque siempre ha sido así” ya no es una respuesta aceptable. ¡Nunca debió haber sido así!

De mi parte, no pienso echarme a los hombros la culpa que los magnánimos voceros de la cúpula económica quieren compartir conmigo.  Al “todos somos responsables” yo digo ¡Qué de a huevo! Yo no tomé las decisiones trascendentales que tienen al país donde está. Tampoco el 99.9% de guatemaltecos.

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Abraham Barrios

Estudiante empedernido de la naturaleza humana y amante de las causas perdidas. Aparte de eso, muy difícil de etiquetar.

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