¿Por qué el cuerpo de las mujeres es considerado de dominio público?

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Foto pequeñaPor Virginia Jiménez-Tuy*

Las mujeres hemos luchado durante siglos por la autonomía y autodeterminación de nuestras vidas y nuestros cuerpos.  El sentirnos libres de control o violencia toma especial valor cuando se refiere al cuerpo, territorio de vida, goce, identidad, rebeldía y soberanía.

Sin embargo, la erradicación de la cultura machista que permitiría impulsar los cambios culturales, sociales y políticos para conseguir esa libertad no se ha producido, o bien se está dando a paso muy lento.  De ahí que el cuerpo sea considerado una propiedad pública.

Estas condiciones son las que han hecho que las mujeres nos cuestionemos ¿por qué los hombres creen tener derecho a interpelar nuestro cuerpo de modo violento?, si somos las únicas que pueden decidir sobre ellos.

Es claro que esto es producto de la violencia estructural y sistemática que sufrimos las mujeres constantemente, y de la concepción del cuerpo de las mujeres como un objeto de placer. Según Marcela Lagarde,  antropóloga e investigadora,  el cuerpo de las mujeres es un cuerpo sexualizado por otros y para otros, en tanto en él se inscriben la mirada, el deseo y el poder masculinos.

Es así como en nuestro día a día nos enfrentamos a múltiples formas de expresión y manifestación de la violencia, que tienden a afectar nuestro comportamiento, carácter y decisiones. Por ejemplo, el acoso callejero es una forma de violencia contra las mujeres que evidencia que nuestro cuerpo no nos pertenece por completo. El simple hecho de ser mujer nos expone a las agresiones verbales y físicas de los hombres en las calles, en el transporte público, en los restaurantes, en cualquier lugar.

Por ello, el acoso callejero no es ajeno a ninguna mujer, no es precisamente un incidente particular,  la incomodidad, la inseguridad, la frustración e indignación de ser víctima constante de acoso sexual (que incluye agresiones en la forma de “piropos”, silbidos, miradas lascivas, manoseos, peticiones sexuales, entre otros) es una situación que TODAS hemos enfrentado en algún momento de nuestras vidas (o siempre). Todos los días un desconocido se cree con el derecho de opinar sobre nuestras vaginas, nuestras nalgas, nuestros senos, nuestro cuerpo…, se siente con el derecho de tratarnos como un objeto de propiedad pública.

Las mujeres transitamos y vivimos los espacios públicos sabiendo que son lugares de riesgo, que reiteran y reproducen la condición de inferioridad y dominación que históricamente se nos ha otorgado. Y en donde la desprotección legal es aprovechada para que los hombres  impongan sus deseos sobre nuestros cuerpos.

Además, nos enfrentamos a imaginarios que justifican el acoso, como el hecho que se considere que nuestro cuerpo, ropa, las rutas que elegimos, los horarios, entre otras, son elementos que nos ponen en peligro y que son causados por nosotras. También la subestimación del problema evita que se hable lo suficiente y que se visibilice por otros sectores aparte de las víctimas de acoso.

Al respecto María Soledad Martín de la Maza, historiadora y especialista en estudios culturales, menciona que las lógicas del espacio público como territorio masculinizado y donde los hombres ejercen el poder, les entrega las condiciones para que desarrollen situaciones de abuso. Mientras, por el contrario, las mujeres transitamos con el temor de ser víctimas de abuso. Así, el acoso callejero evidencia las relaciones de poder desiguales que enfrentamos: hombre activo y mujer pasiva.

Pero esta relación no impide que las mujeres  seamos activas en la defensa de nuestros cuerpos, más bien tenemos una consigna clara y profunda: Las calles también son nuestras, queremos  caminar sin miedo.  Con ella expresamos nuestra preocupación y lucha por construir espacios seguros y libres de acoso, y manifestamos que nuestra ropa y cuerpo no son una invitación a que se nos falte el respeto. Y un mensaje: mi cuerpo, mi territorio personal y privado.

*Socióloga, investigadora, defensora de los derechos humanos y vegetariana. Coordinadora de Estudios del Observatorio contra el Acoso Callejero en Guatemala, Ocacgt

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