Porque mientras haya pueblo

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Imágenes de Mauro Calanchina

Este lunes 12 de octubre, Oliverio Castañeda de León habría cumplido 60 años. El régimen criminal de Romeo Lucas García no le permitió vivir ni siquiera la mitad. Cuando apenas había cumplido 23, el 20 de octubre de 1978, fue asesinado por un comando de la Policía Nacional (PN). Un grupo criminal dirigido por Germán Chupina Barahona, coronel del ejército, al mando de la PN, ejecutó la acción planeada desde el alto mando.

Al momento de su ejecución, Oliverio ocupaba la secretaría general de la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU). Volvía de haber participado con un discurso que se ha tornado histórico, en el mitin al final de la marcha conmemorativa de la Revolución de Octubre. Diecisiete días después del asesinato de Oliverio y en medio de las marchas y acciones de protesta por ese crimen, Marco Antonio Ciani García, sucesor al frente de la AEU, fue capturado y desde entonces se encuentra desaparecido.

Las sucesivas direcciones de la gloriosa entidad estudiantil, enfrentaron el terror y la barbarie de un régimen dirigido por el estamento castrense para mantener el estado de privilegios elitistas que perdura hasta hoy día. Ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, tortura, persecución y exilio fueron las acciones que enfrentaron las y los dirigentes estudiantiles.

De las 16 personas que integraron el secretariado que dirigió Olivero, únicamente siete conservan la vida hoy día. Igual situación enfrentaron las directivas de 1979, de la cual Fernando García García, también formó parte, así como la de 1980, 1981, 1982, 1983 1984, 1985, 1986, 1987 y 1989. Al igual que toda institución que representaba disidencia con el estado de terror, la Universidad de San Carlos (USAC), fue golpeada brutalmente por la represión. Y obviamente, la organización estudiantil de la USAC, también vivió la agresión del estado en su contra.

Los intentos por reconstruir el tejido que destruyó el terror de Estado, son los aportes del movimiento estudiantil de los años 90. Aportes que se mantuvieron hasta que, prácticamente, a partir del finales del Siglo XX e inicios del Siglo XXI, las mafias se entronizaron para corroer desde dentro, lo que el terror había intentado destruir desde fuera.

El asalto a la dirección de la AEU ha permitido a las mafias enquistadas en su seno, poner a la otrora gloriosa entidad, al servicio de la corrupción y el crimen. Han querido con ello, poner el broche de oro a la acción represiva iniciada por el criminal gobierno de Lucas García.

Sin embargo, pese a lo difícil que ha sido retomar el rumbo, la semilla de la resistencia y la memoria de la dignidad perdura y renace en las generaciones que intentan devolver a la AEU su rol histórico. No será una ruta fácil de transitar. Los agentes de la destrucción tienen sus días contados.

Aunque creen y afirman que la dirigencia histórica de la AEU es quien empuja la escoba que los barrerá de la entidad estudiantil, se equivocan. La batuta la llevan las generaciones de jóvenes revestidas de dignidad y de memoria que han perdido el miedo a la turba de delincuentes que ha usurpado la AEU.

Recuperar la entidad que lleva el nombre de Oliverio Castañeda de León y ponerla al servicio de la causa del pueblo es el mejor homenaje que se le puede rendir en su sesenta cumpleaños. Y es también, la mejor manera de continuar en el reclamo de justicia por su asesinato. Oliverio no se nos olvida, como no se nos olvidan las y los jóvenes universitarios asesinados o desaparecidos por el régimen del terror, el odio, la corrupción y la impunidad. La AEU volverá a brillar pulida bajo la conducción de quienes sí merecen levantar el estandarte de la dignidad y mantener viva la frase histórica pronunciada por Oliverio: “Podrán masacrar a los dirigentes, pero mientras haya pueblo, ¡HABRÁ REVOLUCIÓN!”

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

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