Prensa ¿libre?

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El artículo 19 de dos importantes instrumentos internacionales en materia de derechos humanos, ratificados por el Estado guatemalteco, garantizan y protegen la libertad de expresión.  Tanto la Declaración Universal de Derechos Humanos, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos establecen que dicha libertad no solo es importante en sí misma, sino que también es esencial para que otros derechos humanos puedan ser realizados.

A nivel internacional es consenso que el núcleo central de todos los derechos humanos es la defensa de la dignidad humana y es que precisamente en ese sentido la libertad de expresión es fundamental para garantizar dicha dignidad, es columna para el desarrollo social, económico y cultural de cualquier sociedad. En pocas y resumidas cuentas la libertad de expresión es importante en la medida que permite a los seres humanos hacer valer esa dignidad y a las sociedades y Estados contar con buenos gobiernos y construir democracias para la garantía del bien común.

Además es importante hacer notar que esta libertad fundamental, reviste mayor relevancia en sociedades donde el cierre de espacios de participación democrática o bien donde los niveles de intolerancia son mayores, en la medida que se convierte en el medio bajo el cual las y los ciudadanos pueden dar a conocer sus posicionamientos o bien pueden también acceder a conocimientos o al posicionamiento de otros y con ellos producir debates y enriquecer la realidad. Es decir, en sociedades como la guatemalteca esta libertad se vuelve aún más importante dado el cierre de espacios y la intolerancia producto de una sociedad clasista, de privilegios y fundada a sangre y fuego.

Recientemente, una empresa dedicada a trasladar información lamentablemente cesó a varias y varios generadores de opinión, que con sus consideraciones alimentaban el ejercicio crítico, las posiciones en defensa de la vida, la dignidad humana y de los derechos humanos.  Expresiones valiosas como las de Francisca Gómez Grijalva, que aún y con el asedio de una empresa cementera, valientemente defendió su posición y de las comunidades y pueblos en el país; o bien los planteamientos y propuestas plasmadas semana a semana por el antropólogo Máximo Ba Tiul formaban parte de un grupo de columnistas que con sus plumas formaban ese entramado de la libertad de expresión.

Junto a ella y él, Samuel Peréz Attias también fue castigado por el medio de comunicación en cuestión, permitiendo así que voces poderosas contra el status quo o de la defensa de los privilegios, las injusticias y la impunidad sean las únicas replicadas. No es solo el medio de información el que pierde con eliminar estas columnas de opinión, son sus lectores, es la sociedad que cada vez más retrocede hacia el autoritarismo del cual sin lugar a dudas será co-responsable de profundizar.  De tal cuenta que, sin lugar a dudas la segunda parte que nombra a dicho medio de información le queda grande y le cuestiona el objetivo que pretende alcanzar.

Ojalá y pronto escuchemos sus voces plasmadas en letras en otros espacios, desde donde les leeremos y apreciaremos sus ideas, propuestas y aportes a la discusión y debate para la transformación de esta realidad.

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About Author

Jorge Santos

Hombre guatemalteco, centroamericano y profundamente latinoamericano, defensor de derechos humanos, amante de la vida, la esperanza, la humanidad y fiel creyente que otra Guatemala es posible.

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