¡Qué se vayan todos! No nos representan

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Las protestas en contra del gobierno se originan en el cansancio y rechazo hacia los políticos que están profundamente desvinculados de la ciudadanía. Eso es precisamente lo que hace que los políticos no entiendan lo que está sucediendo. Están tan lejos de la ciudadanía que no pueden establecer ya un proceso de comunicación racional y/o no les importa. Creen que son el poder y por tanto se comportan delirantemente: como Baldetti cuando daba respuestas idiotas, Baldizón cuando miente descaradamente o González cuando presenta anuncios que cree representan el sentir ciudadano.

Toda posible generalización hace violencia a las particularidades. Y en efecto: en esta crisis se han encontrado diversos actores con intereses diversos: capas medias urbanas de la capital y de las principales ciudades, jóvenes universitarios, mujeres y en cierta medida, sectores indígenas y populares. Cada quien llevando reivindicaciones propias en un ejemplar concierto.

No obstante, los principales reclamos que han sido el rechazo a las figuras del gobierno (Baldetti, Pérez Molina), el rechazo a políticos (sobre todo Baldizón), la aplicación de justicia, la reforma al sistema de partidos políticos, etc., parece apuntar a que el corazón de esta crisis se debe a la desvinculación y desprecio de los políticos hacia los ciudadanos.

De ahí que la crisis se haya venido preparando por la ostentación, cinismo, burla y estupidez de las respuestas de Baldetti ante distintos señalamientos o la confrontación y vileza de las respuestas de Baldizón. Ya no los aguantamos. Ya estamos cansados de que nos vean la cara. Ya no nos representan. Probablemente nunca, pero ahora, colectivamente, nos dimos cuenta con una claridad meridiana.

El desprecio y el encono que se han ganado estas figuras es una respuesta lógica y perfectamente normal al desprecio que han hecho de nuestra inteligencia y nuestra capacidad para advertir que están absolutamente fuera de toda realidad y que no se preocupan ni les interesan las necesidades ciudadanas y el bien común, aunque mientan insistentemente diciendo que sí se preocupan o que “van hacer algo” cuando lleguen al poder.

Por ello es que los políticos siguen sin entender lo que está pasando. Algunos están tratando de aprovechar este momento a través de campañas con tonos indignados. Pero no es creíble porque nos dimos cuenta de que cualquier político en estas circunstancias no tiene una vinculación fuerte con la ciudadanía y cree que la puede tratar de la misma forma en que nos trató antes. Pero eso es precisamente lo que estamos cuestionando.

Ya no les creemos. Ofrezcan las babosadas que ofrezcan. No les creemos. Durante varias décadas han representando intereses de grupos minoritarios y, últimamente, a sus propios y mezquinos intereses. Por eso el rechazo a las figuras, por eso el rechazo al sistema. Porque no es posible que bajo las actuales circunstancias los políticos vuelvan a ligarse al bien común. Se les debe enseñar a través de varias acciones (agreguen a la lista las que les parezcan convenientes):

1. Persecución penal a los que hayan infringido la ley. Juicio y castigo a los delincuentes políticos.
2. Reformas a las leyes para que los políticos no puedan hacer lo que quieran.
3. Recambio de figuras. Los políticos actuales son poco corregibles. Debe hacer un recambio generacional. Lo que implica participación y organización en otros sectores.
4. Rechazo social. Se debe buscar por todos los medios que sientan el rechazo y padezcan la vergüenza y culpa que merecen (a pesar de su cuero de danta, con perdón de las dantas).

Por eso queremos reforma. Por eso queremos cambio de sistema. Por eso queremos ¡qué se vayan todos!

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Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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