¿Qué tanto acoso callejero vemos al caminar?

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Por Virginia Jiménez

Imaginemos que tenemos una cámara, una especie de ojo que todo lo ve y cuyo interés es conocer la ciudad. Primero recorremos sus calles, amplias para los carros, estrechas para los peatones, vemos aquellos lugares sin iluminación, construcciones, hoyos, terrazas, paredes y hasta sentimos sus olores. Observamos finalmente a las personas, algunas de ellas se mueven rápido, como si alguien las persiguiera.  Escuchamos: “Adiós mamacita”, “Qué rica estás mi reina”, “Mami por qué no se viene con nosotros”, “Ven que te voy a comer esos labios”, “Pero que nalgas más ricas”, “Mamacita, te la voy a meter toda”. Hacemos un zoom a los ojos de mujeres que en silencio siguen su camino, hay una molestia evidente, también ojos de mujeres que se voltean y les responden con enojo, son los ojos de las mujeres que no disfrutan de caminar en un espacio público, que solo quieren llegar a su destino y ponerle fin al acoso y violencia de esta Ciudad.

Nadie tiene el derecho a opinar y decidir sobre el cuerpo de otra persona, ni mucho menos trasgredir su privacidad e intimidad. Sin embargo, diariamente, en especial las mujeres, oímos estás frases que usualmente suelen confundirse con los piropos.

Según los resultados del Mapeo realizado por el Observatorio contra el Acoso Callejero Guatemala (OCAC GT), los “piropos” son de las formas de acoso más presentes y recurrentes. Pero ¿qué es un piropo? y ¿qué es acoso callejero? Sabemos que los piropos son palabras agradables de una persona a otra (conocida) reconociendo alguna cualidad, pero en la calle equivocadamente se dice que son “piropos” esas frases que en la vida cotidiana operan como una forma de intimidación y de hostigamiento constante en la vía pública, y que lastiman la dignidad de las personas.

La forma y contenido del mensaje y su referencia a la sexualidad hace que los “piropos” sean ofensivos; sin embargo, no todos ni todas logran visibilizar y reconocer esto.

Para Patricia Gaytán Sánchez, socióloga e investigadora, la existencia de una serie de justificaciones acerca del acoso sexual en lugares públicos ha propiciado que la gente no esté del todo consciente de que es un problema generalizado. Además, enfatiza en el hecho que muchas personas piensan que las formas en las que se manifiesta el acoso sexual son formas en las que se realiza el cortejo. Sin embargo, al hablar de las ofensas que lo constituyen esto muestra que no son sinónimos.

Aunque es recurrente referirse únicamente a los “piropos” como forma de acoso callejero, este incluye otros tipos de acoso tanto verbal como físico.

“Un hombre pasó corriendo y me golpeó el trasero”, “En el bus al trabajo me tocaron”, “Un tipo se sentó al lado mío y empezó a masturbarse”. Sí, estas son las experiencias desagradables que enfrentamos las mujeres en nuestra vida cotidiana. Es así como vivimos los espacios públicos, sabiendo que diariamente tenemos el riesgo de que un desconocido quiera hacer contacto físico sin nuestra autorización.

En el mapeo realizado por el OCAC GT, se evidenció que el acoso callejero no solo se refiere a los “piropos”, pues existen múltiples formas de acoso que en la mayoría de veces se presentan de forma conjunta.

En un recuento de las veces que cada uno de estos otros tipos de acoso fueron mencionados, se identificó que los más experimentados fueron los silbidos, besos, bocinazos, jadeos y otros ruidos (42%), las miradas lascivas (38.2%), los comentarios sexuales, directos o indirectos al cuerpo (36.5%) y las echadas de mano (22.9%). Y con menores porcentajes, se encuentran los gestos obscenos, persecución y arrinconamiento (acecho), masturbación con o sin eyaculación y exhibicionismo, fotografías y grabaciones del cuerpo, no consentidas y con connotación sexual.

La frecuencia y cotidianidad del acoso no se puede poner en duda, no nos engañemos es una realidad que existe y vivimos desde que salimos de nuestras casas, trabajos, o inclusive dentro de espacios semi-públicos. Respecto a esto, Carol Brooks Garnder, profesora de sociología y estudios de la mujer, opina que la posibilidad de explotar físicamente el cuerpo de una mujer es considerada una prerrogativa masculina, que se tiene que ejercer y ratificar en toda oportunidad, especialmente en los trayectos cotidianos.

¿Debemos ocultar esta realidad o denunciarla y actuar?

La respuesta es clara: #NoTeCalles. Este hashtag forma parte de una campaña contra el abuso sexual en México,  que tiene la finalidad de promover la denuncia en las víctimas.

La violencia que las mujeres sufrimos a diario en los espacios públicos ha estado por mucho tiempo invisibilizada y naturalizada, pero es necesario que empecemos a conceptualizarlo y reconocerlo como lo que es: acoso sexual callejero. #SacaLaVoz.

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OCAC Guatemala

Un espacio para dialogar y debatir sobre el acoso callejero como una expresión de violencia en Guatemala.

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