¿Quién mató a Mario? Extemporáneo sobre Cruz de navajas

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Mario llega cansado y saluda
sin mucho afán
quiere cama pero otra variedad
y María se moja las ganas en el café…
luego al trabajo en un gran almacén
cuando regresa no hay más que un somier
taciturno que usar por turnos. Mecano.

A Mario, evidentemente, lo mata el amante de María (aunque el noticiero mentirá después que fueron dos drogadictos), después de que un día sale temprano de su trabajo y los sorprendiera, en la calle, besándose.

Pero aunque esa es una parte de la respuesta, no es toda la respuesta. Falta un criminal mayor y mucho más malvado: el capitalismo. No lo digo yo, lo dice Mecano. ¿No se cree? Tan solo hay que escuchar la letra otra vez.

Mario y María se querían. Eso está implícito en la canción. Aunque la realidad es un poco más complicada que ciertas creencias, pero es posible suponer que cuando dos personas se casan o se ponen a vivir juntas es porque se quieren y quieren compartir su vida (ya sé, ya sé, con todas las consideraciones de los feminismos no se puede ser tan ingenuo, pero valga por esta vez).

Digo, Mario y María se querían. Vivían juntos. Ni siquiera se peleaban o por lo menos no se puede afirmar de acuerdo a lo que dice la propia canción. Más bien, lo que pasa es que no se miraban, no se hablaban y no hacían el amor. La razón: la vulgar necesidad.

¿Necesidad? Pues sí. Nadie se pone a trabajar de madrugada en el “33” y nadie trabaja en un gran almacén (uno puede suponer que no era gerente) por gusto. Es por la pinche necesidad.

Lo peor de todo es que es una necesidad que se ha creado artificialmente. Porque el capitalismo (y en esto Marx era lo suficientemente enfático) ha liberado una increíble cantidad de energía y a estas alturas del partido, la capacidad técnica y productiva del trabajo es tal que en teoría sería posible que todo el mundo tuviera un trabajo decente, bien remunerado y con pocas horas si nos organizáramos bien.

Pero como las relaciones de producción son capitalistas y hay quienes viven del trabajo de otros (no por nada hay metáforas del marxismo y del sindicalismo acerca del capital como vampiro chupasangre), el mundo está organizado patas arriba y lo que podría ser el reino de la libertad no deja de ser el más ruin reino de la necesidad.

Otro ejemplo. Actualmente se producen suficientes alimentos para que toda la humanidad pudiera comer decentemente. En lugar de eso tenemos poblaciones que están obesas y países que se mueren de hambre. Sin ir más lejos, Guatemala tiene una población que presenta problemas de obesidad y otra población que está hambrienta y vive en la más miserable pobreza. Pero dadas las condiciones técnicas y la fertilidad de una franja de tierra cercana al Pacífico, Guatemala podría darle de comer a toda Centroamérica.

Pero no. Producimos otras cosas y destruimos el ambiente porque da pisto. O en terminajos técnicos: se produce lo que sirve mejor a la acumulación de capital.

…ya me alejé de Mario y María. Ellos trabajan en horarios diferentes. Trabajan en horarios diferentes por necesidad económica. Uno supone, la canción lo deja implícito, que no tienen cuentas de ahorro ni vivienda propia. Viven de su trabajo y viven al día. No tienen elección. Aunque un economista neoclásico señalaría inmediatamente que tienen la opción de morirse de hambre…pero bueno, es un economista neoclásico y no se puede esperar mucho…

En fin, trabajan por necesidad. Porque si no, se mueren de hambre. Y el trabajo se interpone entre ellos y sus reclamos amatorios. Sé que ando tirando por todos lados, pero me es imposible no recordar el libro La separación de los amantes de Igor Caruso. En él, Caruso explica que la separación de los amantes es una muerte en vida. Muerte provocada, al final de cuentas, por una sociedad que contiene elementos mortales que impiden a los amantes, amarse. Como pasa con Mario y María.

Porque eso es lo que nos cuenta Mecano en Cruz de navajas. Dos amantes que no pueden amarse y que, al ser impedidos en su amor, tienen que morir. Al menos uno de ellos.

Cualquier parecido con la realidad, no es coincidencia.

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About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

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