Quizá Netflix empezó ya la revolución global, y no nos hemos dado cuenta

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El poder que los medios de comunicación han acumulado, en todos los países, es inconmensurable. Lo paradójico es que originalmente las frecuencias de radio y televisión eran propiedad del Estado y este las dio en concesión a unos cuantos afortunados, quienes con el tiempo acumularon millonarias ganancias y se convirtieron en todopoderosos magnates que se dieron cuenta de que podían decidir a qué políticos dar espacio en sus medios para promoverlos a puestos de elección popular; se dice entonces que tal o cual medio pone y quita presidentes.

Los canales de televisión son los que más han influido en la manipulación de elecciones presidenciales. Los políticos son capaces de ofrecer cualquier cosa a los dueños con tal de tener espacio en la programación habitual. Pero no solo la política se beneficia del monopolio de los medios, también los anunciantes, sin importar su actividad, porque lo que se busca es posicionar un mensaje en la mente de consumidores de toda clase de productos y servicios. Por eso el dominio sobre la televisión ha sido importante para mantener el estado actual de las cosas.

El desarrollo de la Internet ha abierto la posibilidad de obtener entretenimiento por otros medios. Con el aumento de la velocidad estándar de transmisión surgió el “streaming”, que no es más que la distribución de material multimedia por medio de la red. El pionero en esta forma de transmisión de contenidos que antes solo podían ser vistos por televisión abierta o por cable, es Netflix.

La incursión de Netflix en el mercado ha venido paulatinamente haciendo una revolución que puede llegar a tener influencia en aspectos que quizá nunca se propusieron sus fundadores. Sucede que el postulado principal de la empresa californiana es dar el control de la programación a los usuarios, en donde por medio del pago de una cantidad mensual pueden disponer de películas y series de televisión de forma ilimitada; sin estar atados a programación rígida y sin tener que soportar la publicidad –¿lo ven?, sin publicidad–.

Netflix ya ha hecho reaccionar a las cadenas de televisión y principalmente a los televidentes. Ahora existen otros servicios que ofrecen “streaming” y los medios tradicionales se apresuran a mudar sus transmisiones a Internet. Pero en Internet es el usuario quien tiene el mando, ahí no hay restricciones de horario y no es posible obligarlo a ver la publicidad y propaganda.

Está sucediendo entonces una variante que cuando se consolide provocará un cambio en la forma de transmitir el mensaje publicitario y la propaganda política. Los servicios de “streaming” harán que el televidente quiera buscar solo aquellos en los que no tenga que perder el tiempo viendo cosas que no sean entretenimiento; y los dueños de medios tradicionales se quedarán sin su instrumento de manipulación del poder. El negocio del entretenimiento está propiciando, quizá sin querer, que la televisión deje de tener la influencia política que ha tenido hasta ahora.

En países como Guatemala, en donde los dinosaurios tienen más vidas que un gato, el cambio es más lento; pero tarde o temprano el negocio se impondrá a la transa política y eso propiciará que la penetración de Internet sea cada vez mayor. Tiene que llegar el momento en que la relación entre precio y velocidad sea accesible para la mayoría. Sucederá entonces que el acceso a la red dará la posibilidad de tener entretenimiento sin que nos puedan colar mensajes políticos y en ese momento las cosas habrán cambiado.

La llegada de Netflix señaló un camino en el que la venta de entretenimiento es el verdadero negocio, dejando de lado la pelea por obtener anunciantes, situación que permite mayor margen de maniobra, porque la oferta de contenidos depende del gusto del usuario y no está condicionado a complacer a alguien que ante cualquier inconformidad amenace con retirar la pauta.

Los caminos de la revolución son misteriosos.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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