Radiografía de un cobarde

0

Salvo los superhéroes de ficción, ningún humano o humana tiene vista radiográfica. A nuestros ojos se presenta lo evidente y que, en lo que respecta a la persona, suele ser siempre el ropaje exterior. Una radiografía muestra más allá de la carne que reviste el esqueleto, el estado real de la estructura interna que sostiene el cuerpo. En materia política, nada mejor que una crisis para servir de lente ultrasensible para exponer, en toda su magnitud, la armazón de quien ha de ser analizado.

Ese es el caso de quien el 14 de enero de 2012 asumió como presidente constitucional de la República de Guatemala. Un general retirado del ejército, merced a un berrinche en 2004, cuando no fue nombrado Ministro de la Defensa por Alfonso Portillo Cabrera, quien asumió el gobierno ese año. Ese militar, entrenado en los terrenos de la contrainsurgencia, debió esperar ocho años para llegar al gabinete, no como ministro sino como titular del Gobierno.

Otto Fernando Pérez Molina fue primer diputado y comisionado presidencial de seguridad, cargo al que renunció porque el gobernante, Óscar Berger, se había reunido con Efraín Ríos Montt. Su disfraz de militar purista le hacía rechazar el encuentro del gobernante con quien, en opinión, representaba la imagen de un gobierno corrupto, el de Portillo. Gobierno en el cual, había intentado ser jefe castrense sin éxito.

Como diputado, Pérez Molina estuvo en el entorno del presidente del Legislativo -Eduardo Méyer Maldonado-, cuando éste se involucró en el desvío de recursos estatales. Conocido como “Caso MDF”, se trató del uso de 80 millones de los fondos del parlamento para una inversión que a Pérez Molina le representó una “comisión” superior al medio millón de quetzales. No obstante, pese a la evidencia en su contra -incluido un cheque a su nombre-, Pérez logró que el Fiscal General Juan Luis Florido, lo desligara del proceso.

La misma ganancia obtuvo con relación al caso de la desaparición de Efraín Bámaca, cuando antes de asumir la presidencia, en 2011, la propia fiscalía, traicionando el proceso por la víctima, dejó fuera al futuro gobernante.

Por lo tanto no ha de sorprender, pese a la contundencia de la prueba inicial en su contra, que Pérez Molina busque zafar bulto de otro caso. Uno en el que ha sido identificado como el jefe de La Línea, esa estructura mafiosa enquistada en el sistema de recaudación fiscal. En cualquier país con un mínimo desarrollo democrático o cualquier político que posea un gramo de valor y dignidad, el mandatario habría dimitido en los primeros momentos. Aquellos sucedidos hace un cuarto de año cuando los principales funcionarios de su entorno, incluida su segunda de a bordo Roxana Baldetti Elías, aparecían señalados en la corporación criminal.

Pero si en ese momento lograba disfrazar su cobarde atrincheramiento de ignorancia de los hechos, hoy con su voz al aire como ordenador de acciones criminales, no puede argumentar inocencia. Con el señalamiento de encabezar la entidad mafiosa, así como la solicitud de antejuicio en su contra, la dignidad básica reclamaba su retiro del cargo. Una salida que la sociedad exige a gritos desde hace cuatro meses y que hoy se constituye en reclamo central de casi la totalidad de sectores nacionales.

Pese a ello, en un vergonzoso acto de cobardía, Otto Fernando Pérez Molina se enroca en la presidencia valiéndose de su alianza con el no menos criminal Manuel Baldizón cuyos votos ve como tabla salvadora. Se aferra al cuello de un sinvergüenza y le pide que lo salve de la justicia. Y en ese empeño, no escatima verborrea cuartelera para amenazar y llamar a la violencia. Lejos de aceptarle el falso e hipócrita perdón solicitado, Guatemala sigue reclamando que se vaya y que, en un acto de valentía, si es que tiene algún gramo de ella, enfrente a la justicia de una vez. Sin embargo, lo más probable es que siga agarrado con las uñas al sillón presidencial pues tal parece que es más fácil que un olmo de peras exista,  a que Pérez Molina deje de ser un cobarde.

 

Share.

About Author

Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

Leave A Reply