Reflexiones antes del fin del mundo

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El fin del mundo siempre ha estado latente en todas las edades de la humanidad. Es un evento que quizá nunca lleguemos a ver, o quizá sí. Si es que tenemos suerte, porque sería algo único, imagine usted una lluvia de meteoros arrasando con todo: edificios envueltos en llamas, choques de carros, descarrilamiento de trenes, aviones ardiendo en el aire; y a los gringos luchando por enviar una nave que destruya los meteoritos antes de que hagan pedazos a Estados Unidos, y luego cerrando sus fronteras para que ninguno de los sobrevivientes de otros países los invadan y así poder conservar su país para ellos. Sería posible imaginar distintas versiones, muchas más, de hecho el cine se ha encargado de crearnos la imagen mental antes descrita.

Pero la realidad ha sido más cruel que la ficción, aun sin que el mundo llegue a su fin, porque el fin empezó hace muchos siglos, cuando el hombre se dio cuenta de que podía estar mejor a costa de aprovecharse de sus semejantes.

Otra de las teorías populares –y de mayor credibilidad– con relación a la destrucción final de la humanidad es la bíblica, de hecho de ahí viene el nombre genérico que se aplica a cualquier desastre natural: “la situación es apocalíptica”, suelen decir los medios de comunicación. Los cristianos anhelan que llegue ese día, porque de acuerdo a sus creencias ellos no lo verán, pues serán arrebatados en un rapto divino que los llevará al cielo, para habitar “la nueva Jerusalén”. Y mientras la tierra es reducida a cenizas por el fuego consumidor y pisoteada por los jinetes del apocalipsis, ellos vestidos de blanco cantarán cantos que ningún humano ha imaginado: “Santo santo santo…”

Mientras tanto los buenos cristianos reparten bendiciones aquí en la tierra, diciendo un: “Dios lo bendiga” como eufemismo para no sacarle la madre a quienes cuestionan su forma de pensar y sus actos.

Las enfermedades contagiosas han sido utilizadas como mensajeras del fin del mundo. Epidemias de cólera, de distintas clases de gripe, de VIH, de ébola; de cualquier virus que pueda ser mostrado como incontenible y que mate a gente pobre. Porque las epidemias siempre empiezan en los lugares en donde no hay hospitales, ni acceso a cualquier otro tipo de salud. Entonces la amenaza es que se expandan al “mundo civilizado” y Dios guarde porque ahí sí que vendría el Apocalipsis.

Y para las teorías de conspiración quedan las historias y documentales que cuentan cómo las compañías farmacéuticas diseminan virus y utilizan de conejillos de indias a humanos en situación de extrema pobreza y luego desarrollan vacunas para curar enfermedades que ellos mismos inventaron.

Por ahora no hay fecha para el fin del mundo, no como en el 2000 o en el 2012. Este año –que yo recuerde– no hemos tenido ningún fin del mundo. Pero el ébola nos tiene preocupados, porque ya hay dos casos en Estados Unidos, y de allá para acá solo hay un pasito.

Los optimistas pueden pensar que envejecerán y que verán crecer a los nietos; que sus hijos también verán a sus nietos y estos a su vez a los propios; es posible que eso suceda antes del fin. Quizá ese optimismo tenga razón y la humanidad sobreviva a los cataclismos y a las epidemias. Pero en el ínterin la desigualdad se hace mayor y las grandes masas cada vez tienen menos acceso a condiciones de vida digna, y los poderosos se las ingenian para dominar el poder político, el económico y todos los poderes habidos y por haber, para seguir acumulando capital de manera salvaje.

Puede ser que llegue el apocalipsis zombi, en ese caso seamos optimistas y tengamos a la mano un reproductor de música en el que se escuche “Thriller”, la canción de Michael Jackson, para que al estar todos convertidos en muertos vivientes en lugar de caminar nos pongamos a bailar.

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

3 comentarios

  1. Brenda Marcos

    Ja ja ja qué humor tan negro pero atinado. A mi lo que me sorprende es que “que casualidad” que es países en desarrollo, como dice USA, a los que atacan estas epidemias. Viajo un poco más allá y sigo pensando que esas enfermedad son armas de guerra ayudado obviamente por la religión evangélica que no tarda en dar consuelo bajo sus templos de sepulcros blanqueados.

    Excelente.

  2. Mariano González
    Mariano González on

    Hay otraposibilidad más inmediata de apocalipsis: la destrucción ecológica de la tierra. Ya estamos llegando al límite biofísico de acumulación: el planeta tierra. El modelo de producción-consumo está destruyendo la tierra

  3. Es bueno reflexionar antes del fin del mundo porque después va a ser muy difícil, va.

    El fin del mundo es el cuco con que nos intentan asustar los Testigos de Jehová. Yo supongo que en otros países en donde no están tan jodidos como nosotros no piensan tanto en el fin del mundo y en cambio se deprimen por su propia existencia.

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