Resabios revolucionarios

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Si la historia es un continuum, los acontecimientos desarrollados en el decenio del 44´al 54´ tienen efectos y resabios en la Guatemala de la actualidad. De hecho se podría decir con toda propiedad que los hechos del presente tienen una relación directa con aquellos 10 años. De esa misma forma, los regímenes de Manuel Estrada Cabrera y de Jorge Ubico encierran causas y condiciones que desembocaron en un nuevo ordenamiento constitucional en 1945, y que significó la reconfiguración del poder especialmente en la institución armada, donde reside una de las claves para comprender ese decenio.

Luego de poco más de medio siglo desde aquellos sucesos, el balance de las reflexiones para comprender los “por qués” y las consecuencias son bastas y prolíficas. Hay estudios académicos especializados, académicos que han dedicado sus investigaciones a la comprensión de aquello que pareció una discontinuidad en la tradición autoritaria, monopólica, concentradora, etc. La tinta dedicada a ese fenómeno también engrosa un largo legado. Cada año festivales, foros, conferencias, seminarios se implementan para recordar en un lamento colectivo aquella llamada primavera democrática que no llegaría a ser verano.

Poco a poco el tiempo ha ido revelando que aquellos desafíos propuestos,  efectivamente eran radicales pues estaban dirigidos a corregir los problemas en sus raíces. Aquellos objetivos de Estado que en resumen se pueden decir así: transformación del país en una nación independiente dejando atrás la economía semi colonial; convertir al país en una economía moderna y capitalista; y por lo tanto, elevar el nivel de vida de las masas de población, efectivamente eran revolucionarios no reformistas. Sin embargo, el prejuicio enarbolado por la derecha anticomunista se encargó de vestir aquel plan de salida hacia la modernidad, en una especie de fantasma de la conspiración malévola para sumir al país en la oscuridad.

Hoy sabemos que esa campaña de desprestigio contra la posibilidad de un modelo de desarrollo económico que permitiría sacarnos del atraso, tuvo éxito y se facilitó porque aquellos eran tiempos de dogma y fundamentalismo. Además en ese escenario fue determinantes el concurso del país del Norte, en apoyo de los miopes detractores del proyecto revolucionario. Esa conjugación de factores en medio de una sociedad con valores conservadores, nos implicó un retardo de al menos cincuenta años. El tren de la modernidad había partido sin Guatemala.

Algunos de los resabios de aquella oportunidad perdida bien pueden ser un sistema de partidos políticos casi disuelto; una guerra interna que derivó en una saldo de muerte dantesca; la decadencia de los aparatos de seguridad convertidos en mafias organizadas; el Estado en situación de expolio cada cuatro años; oligarquías que nunca trascendieron a élites; izquierdas que se ahogaron en su dogma.

Hoy todos intentan recomponer el rumbo al observar la decadencia del Estado. Empresarios que hablan de democratizar la tierra, analistas que tímidamente aceptan el error histórico; incluso el país del Norte que reconoce los errores de interpretación política y de cálculo (¡!); fundaciones y una diversidad de actores sociales que se aferran a la corrección política y al emprendedurismo como fórmula mágica. Sin embargo las causas siguen vigentes y por lo tanto la fórmula de salida podría ser la misma, pero el mundo de hoy no es el de los viejos cuarentas y cincuentas.

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Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

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