Responsabilidad social ¿empresarial?

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A lo largo del año siempre hay actividades patrocinadas por empresas nacionales o extranjeras, revestidas de altruismo. En ocasiones, dichas empresas conquistan al público que consume sus productos para que contribuya a la causa. Misma que al final de cuentas sirve para que, el monto entregado a determinado grupo o actividad, sea considerado para la reducción de impuestos a la renta.

El negocio es redondo. Deducen impuestos por el total de lo entregado, aunque los fondos no provengan de sus propios bolsillos sino del de su clientela.

De paso, logran convencer al público de que son empresas responsables y consiguen que este consuma sus productos como forma de premiar al bondadoso empresario. Sin embargo, un examen detenido de las cosas puede pintar una realidad distinta. Las ganancias van a las arcas de la empresa y sus dueños. Los impuestos se evaden y se eluden a más no poder, a fin de mantener un estado minúsculo.

Por supuesto, si se trata de empresas que proveen al Estado, estas igualmente buscarán obtener ganancias mediante el cobro sobrevaluado de los productos, servicios o mercancías que entreguen. Los escándalos desatados hasta ahora, dan muestra de las movidas entre funcionarios y proveedores. Los primeros cobran comisiones por entregar contratos. Los segundos obtienen ganancias inmerecidas al vender productos fraudulentos, reducir la calidad de lo comprometido o simplemente cobrar de más por los costos.

Estafar al Estado, corromper servidores públicos, robarle a la sociedad con servicios deficitarios, forma parte de una práctica empresarial mafiosa. Evadir o eludir el pago de impuestos, así como incumplir las leyes laborales también. Y, por supuesto, patrocinar campañas políticas para domar voluntades y conseguir beneficios, viene a ser la guinda sobre el pastel de la conducta delictiva de quienes visten de traje, corbata y zapatos brillantes, pero que acumulan más crímenes que el mayor jefe de cualquier banda delincuencial.

Cuando en la publicidad de las empresas se cacarea los aportes en educación o salud, como labor de las Asociaciones o Fundaciones suele definírsela como una acción de la responsabilidad social empresarial. Sin embargo, la verdadera responsabilidad social empresarial es aquella que cumple como mínimo con dos requisitos fundamentales. Uno es la contribución al presupuesto para que el Estado preste sus servicios en una  proporción al monto de sus ganancias: es decir, el pago consecuente de impuestos. El segundo, es el respeto y cumplimiento absoluto de las leyes  laborales. Ambos requisitos,  como pilares también de la plena observancia del estado de derecho.

Ahora bien, la realidad en Guatemala pinta de diferente manera. La carga impositiva, que es una de las más bajas del continente, es incumplida por la mayoría de empresas. Estas, mediante acciones de evasión como las destapadas en el caso de la línea roban directamente al fisco. Pero también le roban mediante la elusión fiscal que es aprovechar las lagunas legales para reducir el monto de las ganancias a declarar y con ello la cantidad de impuestos a pagar. Una forma para hacerlo es mediante la aplicación de la famosa Ley de Fomento de las Maquilas, a la que se adhieren tanto franquicias comerciales extranjeras como empresas de la industria extractiva.

Al final de cuentas, evadiendo o eludiendo, las personas propietarias de las entidades lucrativas se embolsan buenas ganancias. Mismas que se han hecho a costa del aprovechamiento del trabajo ajeno. Acrecentadas con la elasticidad de las leyes fiscales, la porosidad y corrupción de la institucionalidad de protección laboral y la bondadosa creencia de la sociedad guatemalteca de que con un juego de luces le devuelven lo robado en doce meses. Si una entidad comercial, industrial, financiera o agrícola lucra y quiere ser responsable con la sociedad, solo necesita pagar impuestos y cumplir las leyes laborales. Otra cosa solo serán malabares publicitarios vacíos de contenido y de responsabilidad.

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Iduvina Hernández

Defensora de Derechos Humanos, hija y nieta de gente honrada, convencida de que otro mundo es posible. Sobreviviente de la contrainsurgencia y excavadora de la verdad y la memoria. Como no sé nadar, por eso nado contra la corriente y, cómo pueden ver, no me he ahogado.

1 comentario

  1. Con mentiras no llegamos a ninguna parte.
    Por cada 4 quetzales que doy a una causa, un quetzal se puede deducir del ISR.
    En cuanto a los proveedores del Estado, no he encontrado un solo periodista que tenga los atributos de cuestionar la ley tributaria, que premia a los corruptos y estrangula a las pymes. Generalizar es otra falacia.
    De los 12 quetzales que recibe el Estado, por cada 100 que produce el país (PIB), 9 se van en pagar maestros, policías, médicos, etc. 3 se dedican a inversión de la que pagan mordidas por un quetzal.
    Si de leyes laborales se trata, 4 de cada 5 empleados no tienen prestaciones laborales.

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