Retando la imposición enajenante de los adalides de la impunidad

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En mi columna anterior abordé la temática de la alienación que como sociedad guatemalteca tenemos, y de los actores que la impulsan como mecanismo para la perpetua imposición de sus intereses. En seguimiento, elaboro aquí algunas ideas sobre aquellos elementos que conforman el proceso de enajenación impulsado por grupos de extrema derecha en el país que permitan retar la enajenación del discurso imperante.

Suele usarse el concepto de enajenación para referirse a deseos de separación, soledad y lejanía, o bien para referirse a un estado mental de quien no es responsable de sus actos. Incluso se usar con frecuencia en los ámbitos económicos y jurídicos; sin embargo, para efectos de la presente columna me apegaré a la concepción marxista: una condición económica y social de la sociedad de clases y en particular, de la sociedad capitalista en la que vivimos. Esta no es más que un proceso en el cual los seres humanos perdemos algo, y ese algo se vuelve ajeno.

Considerando que enajenar quiere es el  proceso en el que algo deja de ser “mío”, deja de ser propio y se transforma en “ajeno”, algo que no solo se da en el ámbito de los bienes y mercancías, también se aplica a la pérdida de dominio sobre derechos y conquistas sociales, puede incluso implicar la entrega de la conciencia para que deje de ser de “uno” para otorgársela a “otro”. Esta es la pretensión tras la que andan fundaciones, militares, académicos universitarios que se han prestado a la reproducción y profundización del discurso racista e ignorante, mediante irresponsables ejercicios desarrollados como comunicadores sociales.

Las amenazas y agresiones contra quienes ejercen de forma autónoma su conciencia individual, constituyen desde siempre una estrategia para propiciar la enajenación como mecanismo para perpetuar la dominación. Hoy en Guatemala, esta estrategia se ha echado a andar en contra de quienes haciendo uso responsable de su derecho a la libertad de expresión proveen información certera, insumos analíticos y perspectivas humanas que aportan al desarrollo de la conciencia social, hacia un estado no enajenado que reta la dominación. Es fundamental que hoy unamos nuestras voces junto a la de Leslie Galicia, Gustavo Berganza, Iduvina Hernández y otros u otras para hacer defender y ejercer como propios los espacios de conciencia y autonomía.

La divulgación de amenazas, mentiras y advertencias que están siendo ofrecidas de forma sistemática por voceros –a quienes los grupos de derecha han ayudado a posicionarse–, es además de una incitación al odio, una amenaza imperante de enajenación: el robo de nuestra conciencia. Una sola voz, una sola verdad: la misma voz y verdad de quienes dominan se empalman en un proceso que roba memoria histórica, roba identidad, roba verdad, roba la voz.

Es por ello que en estos momentos es más que necesario seguir escribiendo, seguir denunciado los desmanes del poder, del abuso de autoridad, de la arbitrariedad cometida desde la supuesta academia y lo político. ¡No hay que dar tregua! La primera tarea es aislarles y alejar su voz. Leer, estudiar, dialogar, discutir, expresar, convocar… ¡concientizar!

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About Author

Jorge Santos

Hombre guatemalteco, centroamericano y profundamente latinoamericano, defensor de derechos humanos, amante de la vida, la esperanza, la humanidad y fiel creyente que otra Guatemala es posible.

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