Retrato y crítica a nuestra sordidez: los relatos de Eduardo Juárez

0

A contrapelo de la publicidad y de los luminosos y modernos centros comerciales, del “pensamiento positivo” y Guatemorfosis, del crecimiento económico (siempre concentrado y mal repartido) y campañas sosas y superficiales como “Soy héroe de mi país”, el libro Mariposas del vértigo de Eduardo Juárez, recorre la basura, la violencia, la suciedad, el fondo oscuro, el alcoholismo, la abyección, etc., que son parte de la vida cotidiana de los seres urbanos que viven en Guatemala (y, ubicación particular que Juárez recuerda varias veces, de San José Pinula).

Aunque la forma y el contenido son distintos, la ira subyacente a los relatos, recuerda un poco lo que también muestra el Bolo Flores para la aventura y descalabro de la guerrilla en sus novelas. Violencia, alcoholismo y putas son temas compartidos que parecen decir que, aunque las condiciones de las dos épocas retratadas no son las mismas, tampoco es para creer que hemos cambiado tanto. Nuestras evasiones son las mismas.

Los relatos que se presentan son la descripción de la vida de bolos, locos, putas, trabajadores sin esperanza, entre otros. ¿Posibilidades de redención? Apenas si aparece el retrato irónico y mordaz del amor por una prostituta y del cumplimiento en la entrada a otra vida, de anhelos pequeños, sueños modestos, deseos relegados de toda la vida de seres sufrientes en esta, la que realmente tenemos.

Es interesante señalar que la psicopatología de los personajes (sus adicciones, obsesiones, angustias, desesperación y toda la sintomatología expuesta) se asocia clara y directamente a las condiciones de alienación, opresión, explotación y anomia que son parte de la reproducción social guatemalteca y que se hace agudamente clara en los sectores urbano marginales.

En sus condiciones de vida, en sus miserias, en sus intentos de escape de una soledad de la que no se puede evadir. Véase si no, la descripción de la relación de una familia con el televisor:

“En el cuarto vecino su familia se narcotizaba con las imágenes blanco y negro que escupía la tele. Los inesperados e irracionales cambios de escena eran como los sueños que los agitaban cuando dormían…Si no fuera por ella, tendrían que verse, uno al otro, sus rostros de enajenados, de perdidos en un inmenso y ajeno. Amaban incondicionalmente la tele, más que a sus propias vidas que se escapaban de la más palpable pobreza material al ensueño de riquezas imposibles de alcanzar. Sin la tele sus tristes vidas serían en blanco y negro”.

El hondo malestar de los personajes es una protesta inarticulada contra la violencia estructural vivida.

Aunque no se encuentra salida para los protagonistas de los relatos, la descripción crítica de las condiciones que viven, los sueños reprimidos que exponen o los falsos escapes de alcohol y prostíbulos, muestran la necesidad de una rebelión que ellos no pueden iniciar, pero nosotros sí. Indignados, asqueados, perturbados por los relatos que tenemos enfrente. Este arte crítico es una invitación a comparar y enmendar una realidad abyecta y nuestros sueños de una vida mejor.

Retrato y crítica de nuestra sordidez, la lectura de Mariposas del vértigo no nos deja indiferentes. Las sensaciones que quedan por la lectura de estos relatos bien pueden ser utilizados para comparar esa realidad atroz y los sueños olvidados/ reprimidos de algo distinto y más digno.

 

 

Share.

About Author

Mariano González

Psicólogo errante por otros campos y quizás errado. Ha llegado aquí por azares del destino y haber recibido privilegios inmerecidos, como comer los tres tiempos. Perpetra algunos artículos y ensayos. Fascinado con la imagen del ángel de la historia de Walter Benjamin, intenta (sin saber si bien), seguir la exhortación de "pasar por la historia el cepillo a contrapelo".

Leave A Reply