Retratos de un país roto

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Mañana que la patria se presente a reclamar sus muertes libertades
y que la fama pregonera cuente al asombrado mundo tus maldades; al tiempo que maldiga tu memoria el mismo pueblo que hoy tus plantas lame,
el dedo inexorable de la historia te marcará como a Nerón ¡infame!
Fragmento de poema: A Justo Rufino Barrios
Ismael Cerna

Las cámaras de televisión, las cámaras fotográficas profesionales e incluso las de los celulares, pusieron toda su atención en la imagen macabra de los titiriteros del mal; unos intentando hacer camino entre el mundo de personas que deseaban captar la mejor imagen del genocida, otras intentando que les hicieran la mejor fotografía o sacaran su mejor perfil dado el arranque del año electoral; todo enmarcaba bien para el teatro debidamente montado, la victimización obscena de quien es el victimario.

Muchas horas antes varias decenas de personas desde los municipios que componen el área Ixil emprendían su viaje a la Ciudad Capital, para una vez más exigir justicia, decirle la verdad al genocida en su cara y por ende ratificar y reafirmar la sentencia del 10 de mayo del 2013. Salieron desde sus precarias casas, de calles sin asfaltar; muchas y muchos de ellos viviendo en las mismas condiciones de cuando el ejército asesino llego a sus aldeas a masacrar, a violar, a robar, a desaparecer. La mayoría de ellos y ellas no lograron entrar en la pequeña sala destinada para llevar a cabo la aparente audiencia del nuevo juicio contra el genocida. Varias eran las personas ixiles que ese día contaban con más 80 años y llegaron a pie con su verdad y su dignidad a cuestas.

Al terminar la audiencia el inerte cobarde hablo, se puso de pie, fue al baño; la ridícula parodia montada debía continuar y un ascensor exclusivo para llevarlo a su cómoda ambulancia lo esperaba. Mientras esto ocurría el ancestral racismo se posicionaba nuevamente de la institucionalidad pública, dado que para las personas de la tercera edad provenientes del área ixil no hubo tal ascensor, ellos y ellas debieron esperar mucho tiempo para que les fuera proveído el servicio del elevador o bien bajar los quince niveles de la Torre de Tribunales. Muchos y muchas otras esperaron largas horas frente al primer nivel de dicho edificio, aguantando fuertes vientos y frio intenso.

Estos dos imágenes, la del ex dictador genocida proveído de cualquier tipo de comodidad y las de las víctimas del genocidio y sus familiares tratados con desprecio por la institucionalidad pública, se repiten en la cotidianidad, es decir aquel viejo lastre del racismo y la discriminación lacerante se ensañan siempre contra la víctimas. Mucha de la atención se centró en el teatro de mal gusto montado por aquel general genocida que cobardemente no enfrenta la justicia y poco se hablo de la enorme capacidad del Pueblo Ixil de continuar, persistir en la búsqueda de justicia; es más poco se habló de la re-victimización a la que desde el 20 de mayo del 2013 han sido sometidos y sometidas.

Esta imagen racista sobresale en las palabras del abogado Hernández, defensor del genocida, que refiere que las y los 1,717 ixiles víctimas de los actos de genocidio, murieron producto de que todos eran guerrilleros. Sus palabras cargadas de una ignorancia magnánima, refieren que muchos recién nacidos, menores de edad, adultos mayores, mujeres embarazadas que murieron a manos de efectivos militares bajo las ordenes del ex jefe de Estado Efraín Ríos Montt, fue producto de que estos y estas eran guerrilleras; nada mayor representa el nivel de bajeza humana.

Esta ignorancia manifiesta pretende legitimar el horror y el terror desarrollado como política de Estado, pretende dar validez al rompimiento inclusive de las normas que el régimen militar impuso y pretende cargar a las víctimas de una responsabilidad que no les corresponde.

Al final, el formalismo pudo más que la justicia y el teatro desarrollado por el genocida y su séquito de abogados impone nuevamente un manto de impunidad sobre el sistema de justicia. Dos juezas del Tribunal Primero de Mayor Riesgo B, Sara Yoc y María Eugenia Castellanos, pasaran junto a otros a la larga lista de juzgadores que dieron la espalda a la justicia y abrazaron la causa de la impunidad.

Sin embargo, el digno Pueblo ixil sigue de pie, reafirmando al país y a la humanidad agredida por el genocidio, que la sentencia fue dictada y que esta dice una verdad que no puede ser borrada, Efraín Ríos Montt es responsable del delito de Genocidio y de Deberes contra la Humanidad y esta imagen será la que permitirá ser el germen de la construcción de una sociedad diferente a la que hoy nos oprime.

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About Author

Jorge Santos

Hombre guatemalteco, centroamericano y profundamente latinoamericano, defensor de derechos humanos, amante de la vida, la esperanza, la humanidad y fiel creyente que otra Guatemala es posible.

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