Revulsivo contra el usual abatimiento

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He estado en muchas marchas, pero la del sábado fue muy emotiva. Sancarlistas y landivarianos caminando juntos por la sexta hacia el parque me recordó cuando hace tres años los estudiantes de políticas de ambas universidades organizamos actividades conjuntas, con la intención de empezar a re articular el movimiento estudiantil. No lo logramos; como tampoco se lograron muchos otros intentos de iniciativas ciudadanas en las que he participado desde hace años, casi en todas con mi amiga Gaby a la par, siempre con la ilusión de lograr ‘algo’; aunque a veces no sepamos muy bien qué.

Guatemala no despertó el sábado, ya desde hace años los movimientos sociales, las marchas y protestas de grupos indígenas lo han venido haciendo, dando el ejemplo que solo en contadas ocasiones los clasemedieros urbanos nos hemos atrevido a seguir. La marcha del sábado no ha logrado nada, como sí lo hizo el plantón de la CCDA frente al palacio por más de una semana que no ha obtenido la misma atención mediática de la primera. Las razones de esto son obvias. No es un reproche ni un menosprecio a la del 25-4, sino más bien un llamado de atención. Los grupos urbanos tienen la ventaja de ser oídos mucho más de lo que lo son los grupos rurales y eso no debiera ser olvidado, sino más bien aprovechado, para seguir en lo mismo, seguir haciendo bulla, seguir demandando lo imposible y lograr incorporar las demandas de los pueblos a la de la lucha contra la corrupción.

Los derechos que tenemos –aunque violados constantemente– han sido obtenidos a través de años de lucha por personas valientes que salieron a la calle a demandarlos. No han sido de gratis. Los Estados no son benevolentes, como la teoría tradicional dice. Los Estados mantienen cierto orden y en los países donde parece haber más libertades es porque se han logrado concertar pactos y alianzas entre diferentes sectores que han devenido en estados menos depredadores.

En Guatemala está claro que esto no ha sido así. El Estado guatemalteco ha sido y sigue siendo un Estado genocida, patriarcal y racista al servicio de grupos de interés que lo han usado depredadoramente para lucrar con la precariedad de la mayor parte de la población. Un Estado muy bien diseñado para eso, que ha sacado de la pobreza a un buen puñado de políticos astutos –no los actuales, que más burdos y ridículos no pueden ser– y que ha sabido hacer a un lado a cualquiera que se interponga en ese ciclo vicioso de lucro.

Por eso sé que el sistema que opera en este país no se va a acabar con una, dos o tres marchas. Que aunque hagamos plantones como los compañeros de CCDA, el cambio hacia un Estado menos depredador tomará muchos años; será una larga marcha. Y sigo hablando de Estado, porque me falta creatividad para hablar más allá del Estado. No creo que sea una figura atemporal e imprescindible pero aún no tengo la alternativa.

Sé que me moriré y la sociedad guatemalteca seguirá siendo todas esas cosas que he sido y que ahora voy tratando de desprenderme: una sociedad machista, patriarcal, racista, excluyente y clasista; sin embargo es una lucha que vale la pena hacer. La marcha del sábado me ayudo a recargar energías para seguir en ella.

**Foto tomada del Facebook de Ana María Rodas, de uno de los momentos más emotivos del sábado para mí.

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Andrea Tock

Curiosa, preguntona, torpe y ridícula. Estudié Ciencias Políticas y trabajo en investigación social. Disfruto comer, ver fútbol, escuchar música y hacer el amor, entre otras cosas. Me gusta el azul. Escribo para dejar registro.

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