Romero va en un bus para La Puya

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Vi a Romero en bus, en uno de esos que transportan niños de colegio con sillones angostos verdes, ventanas que se deslizan si se sabe presionar al mismo tiempo el mecanismo que se encuentra en cada extremo. Es decir, lo vimos yo y otras 40 personas, en su mayoría mujeres. Casi todas ellas eran monjas misioneras que trabajan en comunidades, en varias resistencias. Fue una hermana que nos invitó a La Puya hace un par de años, un 15 de septiembre, y que volvimos a encontrar para la misa de Monseñor Gerardi, quien nos animó a ser parte de ese bus lleno de mujeres sonrientes.

El bus tenía una televisión, ese que se trasladaba de Ciudad de Guatemala a San Salvador, y ahí vimos a Romero. En algún momento noté que nadie hablaba, que todas las mujeres estaban viendo hacia el frente, directamente a la proyección de la película de John Duigan de 1989, el mismo año en que mataron a los padres jesuitas de la Universidad Centroamericana de El Salvador. No todas eran guatemaltecas, algunas habían nacido en Brasil, en Argentina, en Nicaragua, en República Dominicana, en España y aun en algún país de África que no recuerdo; pero al final todas íbamos por Romero.

¿Qué significa Romero para nuestros pueblos? Significa, entre muchas otras cosas, el compromiso con aquellos que mueren a causa del poder, que son encarcelados a causa de los intereses de unos cuantos. Romero es el hombre de libros que cuando la historia de un pueblo le pide valentía no duda en poner en el centro de su qué hacer la vida y el amor. Es el sacerdote que hace parte de una Iglesia con contradicciones, pero opta por la denuncia de todo lo que atenta contra la dignidad de la persona humana, aún si es dentro de esa misma Iglesia. Es el cura que hay que matar para hacer patria, pinta que apareció también en Escuintla antes de que alguien asesinara al padre belga Walter Voordekers.

Romero es también, junto a otros miles de miles de centroamericanos, quien dio la vida por un país diferente y que encontró en su fe –a veces tan distante de las prácticas de la institución religiosa- una razón de luchar. Como hoy, cuando veo que La Puya ha sido de nuevo amenazada por cientos de antimotines, y esta vez inventando una historia fantasiosa de secuestro en una resistencia que lleva tres años siendo pacífica. El camino a La Puya lleva a San Romero, lo digo porque es la misma fuerza de vida, esa potencia de la denuncia, esa fidelidad aplastante de sus ideales que contradice en su grandeza la violencia de un Estado represor. También lo pienso por esas mujeres que van en el bus y las otras miles que estaban este sábado en El Salvador y que han cambiado su país y su comodidad por acompañar resistencias en toda América. Como esa monja franciscana que habla de todo lo que seca la minería, “tanto seca que seca el corazón”, dice.

Veo que en ese bus va Romero, en todas esas mujeres que hemos aprendido de sus palabras y de su ejemplo. Romero acompaña a esas mujeres que trabajan todos los días por que la vida sea respetada. Entiendo hoy que ese bus también va hacia La Puya y hacia otros tantos lugares de este pequeño istmo americano. Romero es la Iglesia Católica regañada por el Vaticano, criticada por la jerarquía eclesial, es la tildada de guerrillera e izquierdosa, pero es la iglesia también que sin necesidad de ninguna mayúscula se baja del púlpito para acompañar la historia de quien día a día se abre paso por el sendero de la vida y del amor.

Romero, camina con nosotros.

 

 

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About Author

Gabriela Carrera

Siempre es difícil decir quién es una. Soy la más pequeña de tres hermanos (un abogado, un agrónomo y un cura) y soy la única mujer (que duda de las leyes, no le gusta la berenjena y su vida espiritual es un reto). Estudié Ciencias Políticas y todavía pienso que tengo pendiente estudiar la literatura y todos sus secretos. Me gusta pensar en que se puede construir, poco a poco y con mucha paciencia, una Guatemala diferente y esa es mi mayor motivación para escribir en El Salmón. Agradezco las muestras pequeñas de la vida que me hacen seguir creyendo en la humanidad, y por eso busco en el fondo de la Cajita de Pandora muy seguido.

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