Salir de los otros clósets

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La expresión que conocemos como salir del clóset o del armario se deriva de otra, también en inglés,  to have a skeleton in the closet,  traducida como ‘tener un esqueleto en el armario’ que significa tener algo vergonzoso que no se querría hacer público.

Todos conocemos varias personas que han pasado años terribles, negándose a sí mismos, la peor de las traiciones, llevando una doble vida en el menos peor de los casos, o simplemente reprimiéndose a un grado extremo, con su correspondiente carga de ira, culpa y miedo. Debido a una sociedad profundamente religiosa y poco amorosa, que privilegia el qué dirán sobre la coherencia, una que vive de apariencias sobre preferencias y a la que le gustan las familias de postal, sin importar que sea a costa de pagar una factura muy alta.

A lo interno de las familias, el “deber ser” resulta muchas veces una carga insoportable. Satisfacer las expectativas de padres bien intencionados pero mal informados, que pretenden tener hijos ideales antes que hijos felices. Las etiquetas que nos imponen desde antes de nacer, especialmente aquellas de “hombrecito” y “mujercita”, devienen en condena antinatural para quienes no se sienten cómodos en ese papel.

Anormal viene de ser diferente a la norma, es decir a la mayoría. Ni mejor ni peor, simplemente distinto. Pero le hemos dado una connotación negativa a la palabra, marcando como anormal todo lo que nos desagrada, por ignorancia o miedo.

No hay un clóset único, ni están atrapados en él solamente las personas que no han hecho pública una información que no los demerita en nada como seres humanos, pero sí los hace muy valientes cuando dan el paso para vivir de acuerdo a lo que sienten; también están los otros clósets, habitados por los esqueletos del fanatismo religioso, la homofobia, el machismo,  la lesbofobia, el racismo, la transfobia, el clasismo, etc.

No por ser más grandes y concurridos, dejan de ser clósets oscuros y limitantes. Nunca antes en la historia tuvimos tanta información a mano para salir de ellos, para crecer como individuos, para librarnos de los lastres que nos colocaron con la mejor de las intenciones desde temprana edad.

Eso nos servirá para ver con otredad a los habitantes de los clósets minoritarios, como seres humanos con igual derecho que nosotros a la felicidad, y que no merecen que la etiqueta del estigma se coloque sobre su esencia como personas.

Y así, nosotros también ganamos, al sacudirnos telarañas mentales, abrir candados en el corazón y abrir la mente. Es lo mínimo que se esperaría de nosotros.

Y usted ¿de qué clóset debe salir?

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

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