Sentencia de vida

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Es común escuchar el siguiente razonamiento popular: “Un miembro de una mara que ha delinquido infinidad de veces, y que dentro de prisión siguió su lujuria de crimen, jamás podrá ser reinsertado a la sociedad, por lo tanto hay que exterminarlo”. Subyace en el mismo una sentencia de muerte desde la sociedad que justifica la imposibilidad de la reinserción para ejecutar la pena. Además se razona que el reo ha dejado casi de ser persona y, por lo tanto, un acto de deshecho, “no sirvió para nada”, por lo tanto merece ser ejecutado.

Avanzar por el camino de la pena de muerte solo sería la confirmación del fracaso del Estado, pues de hecho los reos que subsisten en un decadente sistema penitenciario ya están condenados a una muerte casi segura, por las condiciones de arbitrariedad, despojo, abandono, hacinamiento y pobreza. Es importante en este punto asumir la abstracción de que el Estado no es un ente que se ocupa del bien común separado de nosotros; por el contrario, es clave asumir la dimensión de formación social colectiva de la forma Estado. Y en tal razón, habríamos fracasado entonces también como sociedad.

Los argumentos jurídicos, éticos e incluso los religiosos, no soportan uno muy simple como es la preservación de la vida. Obviamente los que están a favor de su abolición solo refuerzan esa condición natural. En tal sentido, matar al presunto culpable como forma de sentencia, no termina disuadiendo la comisión de delitos, pues al contrario esa sentencia puede ser criminógena. Además el argumento del menor costo para el Estado tampoco se sostiene, porque antes de su ejecución el reo aún cuenta con una serie de recursos que harían larga su estancia en el presidio (con el subsecuente costo para el Estado). Por otro lado, tampoco es reparador o resiliente, pues a lo sumo podrá saciar la sed de venganza del agraviado, pero no hay efecto que redima la salud sicosocial. La pena de muerte, como la tortura, ocasionan miedo en el sujeto señalado y esa condición ocasiona falsas declaraciones o confesiones.

En estos días, el debate sobre la activación de la pena capital como máxima sentencia para delitos graves contra la vida, ha vuelto a surgir de la voz de un grupo de mujeres, entre ellas la excandidata a la Presidencia Zury Ríos y la señora Lucrecia Marroquín, viuda del abogado asesinado Francisco Palomo, entre otras. Este resurgimiento no sucede en el vacío, hay una caja de resonancia dispuesta por el nuevo régimen de Morales que desde la campaña ya expuso su anuencia a retomar este tipo recursos.

La semilla florece en tierra fértil, así como este tipo de propuestas se exponen en época conservadora. Los surcos del nuevo Gobierno parecen fecundos para anidar los valores en defensa y la referencia de la religión a ultranza, en defensa de la familia tradicional, en contra del aborto sobre la aparente razón de amparar la vida, aunque los hospitales tengan apenas medicina (vencida). Pero en la tierra de ese surco también anida corrupción, mentira, vieja política, amparo de militares acusados de la guerra, nepotismo.

Despertar el dinosaurio del instrumento condenatorio de muerte, en tiempos de afianzamiento conservador, podría sumergirnos en la senda de la represión institucionalizada. Por cada preso que el sistema enviara al cadalso, todos moriríamos un poco junto a él. La pena de muerte es antagónica contra el instinto de conservación de la vida humana, desconocer esta realidad es asumir la decadencia de la especie.

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About Author

Julio Donis

Guatemalteco, nací en Xela en la primavera del 68´y desde los cuatro años me llevaron a la capital. El consumismo es la principal actividad del ser humano moderno, y es la que nos llevará a la extinción como especie. Propongo romper lo establecido, no conformarse con las respuestas porque son mejores las preguntas. La realidad impone buscar las raíces de todo, hay que radicalizarnos. Soy sociólogo de formación y mi experiencia profesional ha sido en programas de fortalecimiento y reforma a la institucionalidad del sistema de partidos políticos, del sistema electoral y del sistema parlamentario. Me expulsaron del único periódico vespertino que existe por escribir contra corriente, y ahora escribo en El Salmón.

2 comentarios

  1. No manipule los conceptos en primer lugar, si hablamos de abstracto, hablamos de principios…

    Destrocemos de forma sencilla el concepto “estado” (realicemos la abstracción), esta dividido en tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial, con estos tres poderes, ejerce el uso de la “fuerza legal”, este poder es delegado por la sociedad en un acuerdo llamado constitución, ese acuerdo tiene dos fines, defender a la sociedad del estado (limitando el poder estatal) y evitar los crímenes entre individuos, pero como la sociedad esta conformada por individuos, el fin del estado es defender a los individuos de cualquier agresión y no ejercer ninguna agresión contra el individuo (moral, física, económica).
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    Esta lejos de su razonamiento “colectivo”, la abstracción… al final el bien común, debe y tiene que ser, la sumatoria del bien individual, o sino no existe sociedad.
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    A lo que voy, es, que no es un tema de disuasivos, es un tema moral, se merece la pena de muerte o no un criminal…que importa que nos quedemos tuertos.. a nadie le interesa si disminuye o no la violencia y todos sus puntos superfluos.. lo que le interesa es el castigo, si su deducción es cierta, mejor cerremos las cárceles, los castigos no son disuasivos…
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    Así de estúpido se lee su argumento… “cerremos la cárceles, liberemos a todos los presos, no existe castigo que arregle las cosas…”

    Se cuida, mejor para la próxima.

  2. Salvador García on

    A veces una lectura estúpida muestra la estupidez del lector, más que la del texto leído. Es el caso de este comentario de Arana.

    • Y las “ies” por favor…

      Mire Salvador, no encontrar las falacias de una argumentaciones es falta de inteligencia, lógicamente se que no es su caso, porque vos estas llevado por las buenas intenciones y la ardua tarea de la construcción de un mundo mejor.
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      Entiendo es una causa noble “defender la vida”, pero tengo que explicar la falacia del argumento que utiliza el articulista, porque la falacia existe, pero dejeme decirle es normal estar ciego por las causas nobles, le pasa mucho a los progresistas, aunque la verdad sobre las cosas sea otra.
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      Como vera la pena de muerte no es un disuasivo, porque no lo es, como tampoco las otras condenas por cometer delitos, en otras palabras: usted violo una norma, este es su castigo… así funciona, la justicia no es un punto intermedio, como para ser un ente amenazante, como para disuadir, si entiende, osea la justicia no va ir con el delincuente y le va decir al oído, si violas tal norma, te va pasar esto: no lo hagas!!, porque esa no es su función, su función es emitir juicios, premiar al que hizo el bien y castigar al que hizo el mal, fácil o con dibujos.
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      Ahora bien digamos que no es un disuasivo la pena de muerte, y esa es la razón para abolirla, por consiguiente siendo la pena máxima, entonces una pena menor, no sera disuasivo tampoco, pregunto, Abolimos las cárceles ?, porque al final no sirven si se juzga bajo el mismo argumento.
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      Entonces para no seguir, el argumento resulta ser una falacia de tipo condicional (tiene google para orientarse y educarse, puede consultar), lo que hace de este argumento una falsedad. Incluso todo el articulo, pero no me voy a gastar explicando, es demasiado para un progresista.
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      Lo que si es la pena de muerte, es un castigo, y su aplicación no tiene nada que ver con disuadir o no, es un tema moral y de forma… entonces son dos preguntas: 1. El sistema judicial es los suficientemente confiable para aplicar la pena capital (de forma), 2. Un Criminal sanguinario merece la pena de muerte (moral).
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      Juzgue, su lectura Salvador, se cuida, que los 5 dedos de frente no son gratuitos.

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