Sentimiento de derrota, pero hay que seguir luchando

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La CICIG y el MP desmantelaron una red de corrupción dirigida por el presidente y la vicepresidenta, ambos están ahora en prisión, él provisionalmente y ella de forma preventiva. Igual que ellos, otros ex funcionarios están capturados y están ligados a proceso penal. Fueron batallas apuntaladas por la mayor demostración de civismo en la historia de este país, marchas multitudinarias que exigieron la renuncia y captura de los corruptos.

Conscientes de que no basta con cambiar a las personas, muchos exigimos –y seguimos haciéndolo– el cambio de las leyes que lleven a la refundación del Estado, de tal forma que el andamiaje legal cierre los agujeros que permiten que la corrupción se enquiste y quede impune.

Para el statu quo era suficiente con deshacerse de los corruptos de turno y llevar al poder a otros que fuera más fácil manipular. Impulsaron campañas millonarias contra el voto nulo y el abstencionismo, vencieron la débil resistencia ciudadana creando un monstruo al que tenían que derrotar en las urnas.

Baldizón fue el villano perfecto –que lo es– y ayudados por los medios de comunicación lo convirtieron en el enemigo, sin importar que en el proceso se encumbrara a otro similar o peor. El resultado fue que salvaron las elecciones y lograron la victoria de Jimmy, su candidato de mentiras, pero ideal para ser manejado, por su débil estructura partidaria.

Rechazar el proceso de elecciones era necesario para deslegitimar a los próximos gobernantes, porque ninguno de los que pasaron a segunda vuelta representa el cambio que el país necesita, ni el nuevo presidente ni los nuevos diputados son distintos a los que salen, incluso muchos de ellos ganaron la reelección.

La mayoría de ciudadanos optó por apostarle a cambiar a las personas y se negaron a apostar al cambio real.

La intención de voto superó al abstencionismo y al voto no válido y así el sistema fue legitimado para otros cuatro años. El pueblo cedió voluntariamente el terreno que se había ganado en La Plaza. Es cierto, muchos ya no son los mismos que eran antes del 25 de abril, muchos adquirieron conciencia, pero todavía no son suficientes.

Las elecciones pudieron haber sido una protesta masiva, mayor a la de la marcha del 27 de agosto, pero el miedo se impuso y ahora parece que son menos los que están dispuestos a seguir manifestando su descontento contra el sistema. Quizá se conformarán con dar el beneficio de la duda al ganador del evento electoral y a esperar a que suceda otra andanada de corrupción para salir de nuevo a las calles.

Es inevitable tener un sentimiento de derrota, hablo a título personal, quizá otros sientan lo contrario, pero en mi caso no veo cambio en el cambio de autoridades, el resultado de las elecciones fue más de lo mismo.

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Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

1 comentario

  1. Gracias por escribir este artículo Fernando Ramos, engloba toda mi frustración y mi sentimieto de derrota por estas elecciones que nunca debieron ser. Ojalá la lucha ciudadana no se pierda y encuentre nuevos derroteros para lograr cambiar el sistema.

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