Siempre hay barriletes en el cielo de octubre y noviembre

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A los niños de ahora ya casi no les gusta volar barriletes. No es malo, a ellos les toca vivir en un mundo distinto, en donde la tecnología deslumbra y el acceso a Internet absorbe. Música, videos, juegos, chats, y todo tipo de información al alcance de un clic. Muchos ni siquiera ven televisión, la web se apoderó de su tiempo, el poco que les queda después de ir a su centro educativo durante largas jornadas y luego hacer tareas, pobrecitos ellos. Ah, y tampoco leen, pero eso siempre ha sido así, no hay que echarle la culpa a la tecnología.

El crecimiento de la ciudad tampoco ayuda a que los niños vuelen barriletes. Los espacios abiertos se han reducido al mínimo, las calles se han llenado de postes, antenas y cables. Ya no existen predios baldíos cerca de las colonias y el área verde de los condominios –guetos– cerrados suele ser tan pequeña como las ganas de divertirse con juguetes artesanales.

Con el crecimiento de la población se han terminado los barrancos y matorrales en los que se conseguían las varitas para hacer los barriletes. Hasta las áreas más recónditas, peligrosas e inhabitables se han poblado, terminando con los espacios que antes eran propicios para las aventuras, entonces lo virtual gana terreno y termina imponiéndose.

Hacer un barrilete es divertido, pero laborioso y en estos tiempos no es tan atractivo como jugar FIFA o algún otro videojuego; entre patojos ya no se compara quién hizo el mejor juguete con sus propias manos, ahora es más de presumir el mejor récord o que se tiene más habilidad para las consolas de juegos.

En la calle siempre existen vendedores de barriletes, aunque las coronas y faroles muchas veces son sustituidos por pájaros de plástico que no tienen mayor gracia y que apenas se elevan por encima de la cabeza, esos vistosos armatostes muchas veces resultan en grandes fiascos, además son caros.

No son buenos tiempos para volar barriletes, pero siempre los habrá en los cielos de octubre y noviembre. El mundo ha cambiado y cambiará más, dice la vieja canción, tenemos que aceptarlo, aunque la nostalgia convoque a pensar que no hay que dejar morir las tradiciones, pero hay que ser realistas, son pocos padres los que en el trajín actual están dispuestos a invertir tiempo en hacer un barrilete, entonces los niños difícilmente aprenderán, a menos que lo enseñen en “Art Atack” –¿todavía existe?–.

Habrá que esperar a que Android o Apple desarrollen una aplicación que enseñe a hacer barriletes, aunque sea virtuales. ¿O ya existen?

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About Author

Fernando Ramos

Me he ganado la vida desempeñando la prosaica profesión de la contabilidad y la auditoría; sí, soy de esos tipos cuadrados a quienes todo mundo teme, porque encuentran descuadres y faltantes. Pero también escribo poesía, y otras cosas por ahí; de eso trata este espacio, de las cuentas que hago con las palabras.

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