Sinibaldi: el síndrome del segundón

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Ayer Alejandro Sinibaldi anunció su renuncia del PP y aprovechó a tirarle lodo a Baldetti, mientras se expresaba en términos cordiales de OPM. ¿Habrá alguien que le crea?

Si en realidad era tan decente, ¿por qué no se fue antes?

Si Baldetti lo bloqueaba, ¿por qué jamás lo dijo?

No se le pueden pedir peras al olmo, Sinibaldi es el vivo ejemplo de cómo las élites locales han desaprovechado sus privilegios para cultivarse. Cada declaración suya es peor que la anterior.
Su epitafio político será lo que dijo ayer: “Uno no denuncia las cosas malas cuando es parte del gobierno”.

En el espectro politiquero abundan los segundones como Sinibaldi, peones que se dejan colocar en cargos para los que no tienen la menor experiencia, como cuando fue Director del Inguat; mediocres que transan con la corrupción sin poder alegar siquiera pobreza, como en el sonado porcentaje del 30% de comisiones que se cobraban en su gestión en el Ministerio de Comunicaciones; débiles mentales que colaboran en su propio estrellón político, como cuando pensó que a base de dinero podría ganarle a Arzú y fue superado incluso por el de los guacalazos.

Alguien debería decirle que el dinero o sentirse orgulloso de dos antepasados que fueron presidentes no bastan para incidir; también debieron aconsejarle que no se metiera a la cloaca o mínimo que saliera de ella pronto y no hasta el último momento. Quedará para siempre manchado por su paso en el gobierno más corrupto y nunca alcanzará sus objetivos. Esperemos que también esté en la lista de investigados por CICIG y que se demuestre si fue un funcionario honesto en un régimen que se precia de lo contrario.

Para ponerle la guinda al pastel, ayer declaró que tenía dos opciones, o eso cree él:
Encabezar un gran movimiento nacional –como si tuviese el liderazgo, o al menos el carisma–, o retirarse de la política porque ha descuidado a sus hijos. Más lastimero no pudo ser. Llegar al colmo de utilizar a sus vástagos cuando la canoa se hunde, lo retrata de cuerpo entero.

Adiós, Alejandro. Se le echará muy poco en falta. Las tres primeras letras de su apellido lo definen. Sin valentía para denunciar, sin coraje para hacer su propio camino, sin solvencia moral por haberse contaminado, sin discurso que convenza. Los fisiquines no trascienden.

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Elizabeth Rojas

Mujer, feminista, irreverente apasionada de la vida, comprometida con la salud mental. Escéptica e irónica, pero creyente en el poder de las redes sociales, la herramienta ignorada.

3 comentarios

  1. Daniel Perez on

    Claudia Lissette Escobar DENUNCIó y mire qué bien le ha ido “don” Alejandro. ¿O sea que si usted fuera presidente NUNCA denunciaría lo malo? Usted está “jodido” para presidente de CUALQUIER partido.

  2. Byron Quezada on

    Juicio por demás pobre el suyo, reaccion similar a los pocos y mas deshonestos directivoa del PP Sinibaldi actuó en esta instancia con cordura con razón o sin ella decidió a tiempo no relacionarse más con esa corrupcion. Es más no necesita su autorización para hacer lo que el desee en su vida política, por la razón que sea. Lo siento Elizabeth creo que esta vez le ladra al árbol equivocado la vice ya tiene quien la defienda.

  3. Muy buen artículo! El problema en nuestro país, es que los funcionarios se sienten descaradamente libres (y protegidos) para hacer y decir lo que quieran, aún sabiendo que son sólo depositarios del poder público. ¿Por qué se nos olvida siempre que esta gente está allí sólo para servir al pueblo? Pienso que Sinibaldi bien podría “ganarse” ser sindicado por omisión de denuncia, si, como afirmó, fue testigo de malos manejos al interior del gobierno y se “hizo el mudo” (o “el fisiquín”, en todo caso).
    Funcionarios delincuentes + pueblo indolente = Estado fallido

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